Las ballenas son fundamentales para frenar el cambio climático: este es el motivo

The fluke of a sperm whale sticks out of the sea as it dives in the sea near Rausu, Hokkaido, Japan, July 1, 2019. Picture taken July 1, 2019. REUTERS/Kim Kyung-Hoon - RC1128EC8ED0
The IMF values a single great whale at more than $2 million.Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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  • Las ballenas almacenan enormes cantidades de CO2

  • Favorecen el crecimiento del fitoplancton, que almacena el 40 % de todo el carbono producido

  • Un aumento del 1 % en la productividad del fitoplancton equivale a 2 000 millones de árboles adultos

Son majestuosas, enormes y misteriosas, y podrían guardar un secreto para combatir el cambio climático.

Ahora, los investigadores han puesto precio al valor que las ballenas aportan al mundo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estimado que el valor de una sola ballena grande supera los 2 millones de dólares, lo que equivale a más de 1 billón de dólares por el stock actual de grandes ballenas.

Image: GRID-Ardenal

El FMI basó sus cifras en la contribución de cada ballena a la captura de carbono, a la industria pesquera y al sector del avistamiento de ballenas, que vale más de 2 000 millones de dólares.

Si ayudáramos a que las ballenas regresaran a sus cifras anteriores a la caza comercial, de entre 4 y 5 millones (frente a los 1,3 millones actuales), los investigadores afirman que podrían capturar 1 700 millones de toneladas de CO2 al año, con un coste de protección de solo 13 dólares por persona y año.

Ballenas frente a árboles

A lo largo de una vida de unos 60 años, las ballenas, especialmente las grandes, como las ballenas francas y las ballenas grises, acumulan una media de 33 toneladas de CO2. Cuando mueren, se hunden hasta el fondo del océano, donde mantienen ese carbono encerrado durante cientos de años.

En comparación, un árbol absorbe hasta 48 libras de CO2 al año.

Parte del potencial de captura de carbono de las ballenas se debe a su papel en el aumento de la productividad del fitoplancton allá donde van, un fenómeno denominado «bomba de ballenas».

Al ascender por el océano para respirar y migrar por todo el planeta, el hierro y el nitrógeno de sus desechos proporcionan condiciones ideales de crecimiento para estos organismos microscópicos.

Image: OIEA

Y aunque sean pequeños, el fitoplancton desempeña un papel enorme en la regulación de nuestras condiciones atmosféricas: contribuye con al menos el 50 % de todo el oxígeno y captura unos 37 000 millones de toneladas (40 %) de todo el CO2 producido.

El FMI calcula que esa cantidad equivale a la captada por 1,7 billones de árboles, o cuatro veces la superficie de la selva amazónica.

Un aumento del 1 % en la productividad del fitoplancton vinculada a la actividad de las ballenas podría suponer la captura de cientos de millones de toneladas adicionales de CO2 al año, lo que equivale a 2 000 millones de árboles adultos, según el FMI.

Salvemos a las ballenas

Pero las ballenas del mundo están en peligro, lo que afecta a su capacidad para ayudarnos a combatir el cambio climático.

Aunque la caza comercial de ballenas está oficialmente prohibida desde 1986, más de 1000 ballenas al año siguen siendo cazadas con fines comerciales, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Las ballenas también corren peligro por los choques con embarcaciones, las redes de pesca y la contaminación por plástico.

Al mismo tiempo, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera aumenta rápidamente. En mayo de 2019, los niveles de CO2 superaron las 415 partes por millón, el nivel más alto de la historia de la humanidad.

El océano ayuda a regular el clima al retener 50 veces más CO2 que la atmósfera, según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Pero incluso un pequeño cambio en la forma en que el carbono entra en el océano podría afectar a su capacidad de almacenamiento.

Reconocer la contribución de las ballenas podría ser una alternativa valiosa a las soluciones tecnológicas propuestas, costosas y no probadas, como captar el carbono directamente del aire y enterrarlo en profundidad bajo tierra.

Es una nueva forma de contemplar la población de ballenas, y su impacto podría transformar la Tierra.

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