Los grandes arrecifes siguen amenazados. Pero hay motivos para la esperanza

Realistically, we can no longer expect to conserve, maintain, preserve or restore coral reefs as they used to be.Image: REUTERS/David Gray
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Sin duda, los arrecifes de coral del mundo atraviesan una situación muy grave. Pero, como sostenemos nosotros y nuestros colegas en una revisión publicada hoy en Nature, no deberíamos perder la esperanza en los arrecifes de coral, pese al pesimismo generalizado.

En cambio, tenemos que aceptar que los arrecifes de coral de todo el mundo se están transformando rápidamente en un ecosistema emergente, distinto de todo lo que los seres humanos han conocido hasta ahora. Siendo realistas, ya no podemos esperar conservar, mantener, preservar o restaurar los arrecifes de coral tal como eran.

Es un mensaje difícil de asumir. Pero también centra la atención en lo que debemos hacer para asegurar un futuro realista para los arrecifes y preservar la seguridad alimentaria y otros beneficios que aportan a la sociedad.

Los últimos tres años han sido los más cálidos jamás registrados, y muchos arrecifes de coral de las regiones tropicales han sufrido uno o varios episodios de blanqueamiento durante prolongadas olas de calor submarinas.

Un coral blanqueado no necesariamente muere. Sin embargo, en 2016, dos tercios de los corales de la parte norte de la Gran Barrera de Coral murieron en apenas seis meses a causa de un estrés térmico sin precedentes. Este año volvió a producirse el blanqueamiento, esta vez sobre todo en la sección central del arrecife.

Image: NOAA

En ambos años, el tercio sur del arrecife apenas sufrió blanqueamiento, o no lo sufrió en absoluto, porque allí hacía más fresco. Así, el blanqueamiento es irregular y su gravedad varía, en parte según dónde alcanza el agua su temperatura más alta cada verano y según las diferencias regionales en el ritmo del calentamiento. Por consiguiente, algunas regiones, arrecifes o incluso zonas concretas de los arrecifes pueden escapar a los daños, incluso durante una ola de calor mundial.

Los episodios moderados de blanqueamiento también son muy selectivos: afectan más a unas especies de coral y a unas colonias que a otras, y crean ganadores y perdedores. Las especies de coral también difieren en su capacidad para reproducirse, dispersarse en forma de larvas y recuperarse después.

Esta variabilidad natural ofrece esperanzas para el futuro y representa distintas fuentes de resiliencia. Los corales supervivientes seguirán produciendo miles de millones de larvas cada año, y su composición genética evolucionará bajo una intensa selección natural.

Como consecuencia de la pesca, el desarrollo costero, la contaminación y cuatro episodios de blanqueamiento ocurridos en 1998, 2002, 2016 y 2017, la Gran Barrera de Coral ya es un ecosistema muy transformado, y cambiará aún más en las próximas décadas. Aunque los arrecifes serán distintos en el futuro, todavía podrían seguir funcionando perfectamente dentro de siglos, sosteniendo procesos ecológicos y regenerándose por sí mismos. Pero esto solo será posible si actuamos con rapidez para frenar el cambio climático.

El Acuerdo de París sobre el climaproporciona el marco fundamental para evitar niveles muy peligrosos de calentamiento global. Sus objetivos de 1.5℃ y 2℃ se refieren al aumento de las temperaturas medias mundiales de la tierra y el mar respecto de la época preindustrial. En la mayoría de los océanos tropicales poco profundos, donde las temperaturas aumentan más lentamente que el promedio mundial, eso equivale a 0.5℃ de calentamiento adicional para finales de este siglo: algo menos que el calentamiento que los arrecifes de coral ya han experimentado desde el inicio de la industrialización.

Si mejoramos la gestión de los arrecifes para ayudarlos a superar esta prueba climática, deberían sobrevivir. Los arrecifes del futuro tendrán una combinación distinta de especies, pero aun así deberían conservar su valor estético y favorecer el turismo y la pesca. Sin embargo, este optimismo prudente depende por completo de que logremos apartar las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de su trayectoria actual, que podría provocar blanqueamientos anuales de corales en la mayoría de las zonas tropicales para 2050. No hay tiempo que perder antes de que se cierre esta ventana de oportunidad cada vez más estrecha.

Una crisis de gobernanza

La gobernanza de los arrecifes está fallando porque, en gran medida, está concebida para gestionar amenazas locales, como la sobrepesca y la contaminación. En Australia, cuando se creó en 1976 la Autoridad del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral , el objetivo de gestionar las amenazas a escala de casi toda la Gran Barrera de Coral fue revolucionario. Pero hoy las amenazas son globales: las presiones del mercado sobre los peces de arrecife australianos proceden ahora del extranjero; las exportaciones de combustibles fósiles a Asia impulsan el dragado de puertos y el tráfico marítimo a través del arrecife; una crisis de vivienda en Estados Unidos puede perjudicar el turismo en los arrecifes al otro lado del mundo; y las olas de calor marinas sin precedentes provocadas por el calentamiento global pueden matar incluso a los corales más protegidos y remotos.

Cada vez más, quienes investigan los arrecifes de coral recurren a las ciencias sociales, además de la biología, para buscar soluciones. Necesitamos una gobernanza mejor que aborde tanto las amenazas locales como las de mayor escala que degradan los arrecifes de coral, en lugar de medidas provisionales como sacrificar estrellas de mar que se alimentan de corales.

En muchos países tropicales, las causas profundas de la degradación de los arrecifes incluyen la pobreza, el aumento de las presiones del mercado derivadas de la globalización y, por supuesto, los efectos adicionales del calentamiento global. Sin embargo, estos problemas mundiales requieren urgentemente más atención justo cuando algunos gobiernos están reduciendo la ayuda exterior, sin abordar el cambio climático mundial y, en el caso de Australia y Estados Unidos, intentando resucitar la agonizante industria de los combustibles fósiles mediante subvenciones a proyectos económicamente inviables.

Una gobernanza eficaz de los arrecifes requerirá no solo una mayor cooperación entre países para abordar los problemas mundiales, como en el caso del acuerdo climático de París, sino también coordinación de las políticas a nivel nacional, a fin de garantizar que las medidas internas estén a la altura de estos objetivos de mayor escala y los respalden.

En pocas palabras, no podemos esperar que en el futuro prosperen los arrecifes de coral y, al mismo tiempo, abrir nuevas minas de carbón: las políticas que promueven ambas cosas son incompatibles.

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