Debemos empezar a recuperar los bosques del mundo. Así es cómo

A woman walks with her greyhound dogs along a path in the Durand forest near the French border to Switzerland, in Ferney Voltaire April 28, 2014. REUTERS/Denis Balibouse (FRANCE) - RTR3MXS6
Humankind must begin to rebuild the world's forests, says Justin Adams.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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La humanidad siempre ha mantenido una relación complicada con los bosques. Dependemos de ellos para regular el clima y las precipitaciones, limpiar el aire y el agua, sostener una gran variedad de especies de plantas y animales, y sustentar los medios de vida de más de mil millones de personas. Sin embargo, seguimos destruyéndolos, hasta el punto de que solo queda la mitad de la cubierta forestal original del mundo.

No se puede exagerar el coste de la deforestación. Los árboles absorben grandes cantidades de dióxido de carbono a medida que crecen, lo que los convierte en herramientas fundamentales para absorber las emisiones de gases de efecto invernadero —procedentes de automóviles, fábricas, centrales eléctricas y ganado— que provocan el cambio climático. Si seguimos perdiendo cubierta forestal, será imposible alcanzar para 2050 el objetivo del Acuerdo de París sobre el clima de limitar el calentamiento global a menos de dos grados Celsius (por encima de los niveles preindustriales). De hecho, para cumplir esa meta, tendremos que recuperar una parte significativa de la cubierta forestal que ya se ha perdido.

Hay dos maneras de abordar la reforestación. La primera consiste en dejar que las tierras agrícolas queden en desuso y esperar a que vuelvan a convertirse de forma natural en bosques. Esto no costaría mucho, pero llevaría décadas. La segunda opción es más proactiva: plantar miles de millones de árboles nuevos.

Como parte de la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, firmada en 2014, los gobiernos se comprometieron a restaurar cientos de millones de hectáreas de bosques. Sin embargo, dado que hoy en día la mayoría de los gobiernos carece de fondos, financiar ese compromiso ha resultado difícil. En este contexto, debemos tratar de involucrar al sector privado para conseguir la inversión necesaria.

Cuando los bosques tienen valor económico, es más probable que se cultiven en lugar de destruirse. Y, de hecho, los árboles se han cultivado con fines lucrativos durante milenios. Hoy, los bosques productivos ocupan más de mil millones de hectáreas, alrededor de una cuarta parte de las tierras forestales del mundo.

Estos bosques producen leña, que representa aproximadamente la mitad de la extracción de árboles. También producen materiales para prendas de vestir, aceites para jabones y lubricantes, frutas y otros alimentos, como el cacao. La demanda de estos productos está creciendo, aunque no tan rápido como cae la demanda de papel para periódicos debido a la informatización.

¿Cómo puede aumentar la demanda de productos forestales? La construcción ofrece una oportunidad prometedora.

La madera siempre ha sido un material de construcción importante y sigue siéndolo en la construcción residencial en lugares como Estados Unidos, Escandinavia y algunas partes del Sudeste Asiático. Sin embargo, hoy en día la mayoría de los edificios se construyen con ladrillos y mortero, hormigón y, en el caso de las estructuras más grandes, acero; todos ellos son materiales cuya fabricación genera importantes emisiones de carbono.

Aunque es poco probable que la madera pueda sustituir por completo a cualquiera de estos materiales, los nuevos tipos de madera de ingeniería la están haciendo más competitiva. Uno de ellos es la madera contralaminada (CLT, por sus siglas en inglés), que se fabrica pegando capas de madera para crear paneles tan resistentes como el acero o el hormigón y que, por tanto, pueden sustituir a esos materiales en los edificios.

Se necesitan más estudios para determinar los beneficios precisos del uso de la madera para reducir las emisiones de CO2. Una estimación procede del arquitecto Anthony Thistleton-Smith, uno de los principales expertos del Reino Unido en edificios de madera. Hace poco señaló que, mientras que la huella de carbono de una vivienda británica típica es de unas 20-21 toneladas, la de una vivienda de CLT es negativa, de 19-20 toneladas. En otras palabras, cada vivienda construida con CLT evita 40 toneladas de emisiones de CO2. Si las 300.000 viviendas nuevas cuya finalización está prevista este año en el Reino Unido se construyeran con CLT, sería como retirar 2,5 millones de automóviles de la circulación. Los beneficios climáticos podrían ser enormes.

Como ocurre con tantas medidas climáticas, el coste puede ser un obstáculo importante para su implementación. Y, según un informe, el CLT es más caro que el hormigón en Europa. Pero el CLT aún está en sus inicios y solo hay unas pocas fábricas en funcionamiento. A medida que se desarrolle la cadena de suministro del CLT, los costes inevitablemente bajarán, como ha ocurrido con las energías renovables.

Además, los constructores afirman que el coste total de construir con CLT acaba siendo similar al de construir con hormigón, porque requiere menos tiempo. Al fin y al cabo, a diferencia del hormigón, el CLT no necesita tiempo para fraguar.

Por supuesto, llevar a cabo una transformación así no será fácil. Habrá que superar los intereses creados —la presión de las industrias que producen materiales de construcción tradicionales—, entre otras cosas, garantizando condiciones equitativas en materia de subsidios. Además, habrá que atender las preocupaciones de la ciudadanía —por ejemplo, en relación con la seguridad contra incendios o la prevención de plagas— y los constructores tendrán que adquirir nuevas competencias. Lo más importante es que habrá que mejorar considerablemente el seguimiento para que el aumento de la demanda no provoque más deforestación.

Para muchos países, las oportunidades económicas deberían bastar para que valga la pena afrontar estos desafíos. Las nuevas plantaciones podrían revitalizar las zonas rurales, mientras que las nuevas fábricas crearían oportunidades para inversores y emprendedores. Los gobiernos y las grandes empresas podrían recurrir al mercado de bonos verdes, que crece rápidamente, para financiar la fase inicial de la transición, incluida la creación de sistemas que utilicen drones e imágenes satelitales para vigilar las prácticas forestales insostenibles.

Las oportunidades de armonizar el desarrollo económico con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero son escasas. Sin embargo, eso es lo que ofrece la reforestación. Debemos aprovechar esta oportunidad impulsando una transformación de la construcción basada en la recuperación de los árboles, la herramienta más eficaz del mundo para capturar carbono. En esta «nueva era de la madera», cultivaríamos madera, construiríamos con ella y permitiríamos que nuestros bosques prosperaran.

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