Es absolutamente urgente integrar la ciencia en la inversión sostenible

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  • ¿Cómo puede realmente el sector financiero lograr que el capital tenga un impacto positivo y sostenible desde el punto de vista ambiental y social en nuestro planeta y en la humanidad?

  • Las normas de divulgación y contabilidad deben ir más allá de la materialidad financiera e integrar todos los costes ambientales y sociales de la actividad empresarial.

  • Debemos incorporar a los científicos al debate sobre cómo integrar la ciencia y el impacto económico del capital en los estados financieros corporativos.

En diciembre, me encontraba casualmente en Montreal, Canadá, al mismo tiempo que se celebraba la conferencia de las Naciones Unidas (ONU) sobre biodiversidad, la COP15. Mientras daba un paseo, me topé literalmente con una protesta pacífica que tenía lugar en el centro de la ciudad. La protesta era contra la conferencia de la ONU.

En los días anteriores también se habían celebrado varias protestas. Los manifestantes argumentaban que un acuerdo para proteger la biodiversidad daría la impresión de que se estaba abordando el problema, pero esa impresión no se correspondía con la realidad. La ilusión de progreso podría empeorar las cosas.

Por esas mismas fechas, se publicó un artículo de investigación titulado «El fin de los criterios ESG». En el artículo, Alex Edmans, profesor de Finanzas en la London Business School, sostiene que: «Los criterios ESG son a la vez sumamente importantes y nada especiales. Son sumamente importantes porque resultan fundamentales para el valor a largo plazo… Por tanto, los criterios ESG no necesitan un término especializado… Se trata de invertir… Queremos empresas excelentes, no solo empresas que destaquen en ESG».

Si está confundido, no es el único. Y no es fácil entenderlo.

Impacto del capital

La claridad empieza por centrarse en el concepto de «capital». Como inversores, desempeñamos un papel importante en la asignación del capital. La dirección utiliza ese capital financiero para las operaciones cotidianas, que tienen un impacto en el medioambiente y la sociedad. Nuestro análisis indica que la vida económica de ese capital operativo en el sector no financiero es de 14 años, con una vida restante de 7 años. La vida del capital invertido puede variar mucho: desde cinco años en el caso de los equipos informáticos hasta 40 años en algunas inversiones en infraestructura.

Ese capital sí tiene un impacto en el medioambiente y la sociedad, desde la contaminación del agua hasta la esclavitud moderna y la crisis climática.

En la perspectiva de Alex Edman, veo el pensamiento de Adam Smith, quien, en su célebre libro «La riqueza de las naciones», describió cómo los mercados libres pueden incentivar a las personas, al actuar en interés propio, a producir lo que la sociedad necesita. Milton Friedman desarrolló más esta idea con su doctrina de que la mayor responsabilidad de una entidad consiste en satisfacer a sus accionistas.

El problema de esta perspectiva es que, como demuestra convincentemente el profesor sir Partha Dasgupta, autor del informe encargado por el Gobierno del Reino Unido «La economía de la biodiversidad», el interés propio y la rentabilidad individuales no producen resultados socialmente óptimos. Así que, sí: en un mundo centrado estrictamente en la rentabilidad financiera, incorporar los riesgos y oportunidades ESG al análisis competitivo de una acción en el mercado no debería considerarse algo especial. De hecho, la normativa de la UE exige a los inversores tener en cuenta los riesgos y oportunidades ESG al tomar decisiones. Los datos financieros «adicionales» deberían formar parte de las prácticas habituales de los inversores y ser ágiles y prospectivos, además de basarse en una comprensión clara del impacto del riesgo operativo en el precio de las acciones, y no del riesgo operativo en sí. Para quienes consideran los criterios ESG una herramienta de gestión de riesgos, deberían seguir siendo eso.

Sin embargo, es justo decir que hoy muchas personas y organizaciones interpretan los criterios ESG de maneras muy distintas. La línea entre los criterios ESG y la sostenibilidad se ha difuminado. Tomemos el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB), el grupo que busca desarrollar «una base global integral de divulgación de información sobre sostenibilidad centrada en las necesidades de los inversores y los mercados financieros». «Sostenibilidad» figura en el nombre del ISSB, pero su enfoque sigue principalmente la vía de Adam Smith, centrada en la rentabilidad financiera. La definición de sostenibilidad del ISSBse centra en la capacidad de una empresa para mantener los recursos y las relaciones que necesita para alcanzar sus objetivos.

Por eso, la pregunta que plantean los manifestantes es legítima: ¿cómo puede realmente el sector financiero lograr que el capital tenga un impacto positivo y sostenible desde el punto de vista ambiental y social en nuestro planeta y en la humanidad?

La respuesta sencilla es que no podemos utilizar los datos ESG disponibles comercialmente, porque se centran en gran medida en los riesgos financieramente materiales para servir a los inversores financieros. En cambio, la normativa sobre divulgación y contabilidad debe ir más allá de centrarse únicamente en la materialidad financiera e integrar científicamente todos los costes ambientales y sociales de las actividades empresariales. Esta es una prioridad que venimos tratando desde hace varios años en informes anteriores informes.

Sin embargo, los profesionales del sector financiero no tienen los conocimientos de biología, química o derechos humanos necesarios para comprender plenamente el impacto que el capital tiene en el medioambiente y la sociedad.

Que entren los científicos

Cuando estalló la COVID-19, los políticos acabaron reconociendo que sus conocimientos eran limitados y recurrieron a expertos para impulsar la acción. Intervinieron médicos y expertos en salud pública y, gracias a su orientación y experiencia, la humanidad pudo hacer frente a la crisis en gran medida. Cuando no se siguieron los consejos científicos o se aplicaron con retraso, murió demasiada gente o acabó sufriendo problemas de salud a largo plazo.

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El Centro para la Naturaleza y el Climaayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que fomenten la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.

Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a traducir una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.

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Llevo 24 años trabajando en los mercados financieros, y sigo en ello, pero no soy científico. Delegar mi responsabilidad en proveedores de datos cuya labor carece de fundamento científico no me ayudará a cumplir los objetivos de un inversor sostenible.

¿Cuál es la conclusión? Para responder a las expectativas sociales de que el sector financiero desempeñe un papel aún mayor y eficaz en la resolución de los retos de sostenibilidad, se necesitan con urgencia estados financieros corporativos gratuitos y auditados que incorporen la ciencia y el impacto económico del capital en el medioambiente y la sociedad. Para ello, cuanto antes incorporemos a los científicos al debate, mejor.

La contabilidad y la divulgación corporativas verdaderamente sostenibles llevarán tiempo. Sin embargo, ya hemos demostrado que es posible y esencial que el sector de la inversión refuerce su labor de administración con las empresas participadas, su diálogo con los responsables de formular políticas y el uso de capital privado y deuda para apoyar un cambio transformador.

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