Más del 50% de la población de México vive en zonas donde el agua es escasa.
La Ciudad de México se encuentra entre los tres estados con mayor riesgo.
En algunas alcaldías de la Ciudad de México, las mujeres pueden dedicar casi una semana laboral completa a actividades relacionadas con el agua.
Las evidencias sugieren que las soluciones basadas en la naturaleza, cuando se diseñan e implementan de forma inclusiva, podrían ayudar a que el agua sea más accesible.
Un programa en la Ciudad de México está fortaleciendo la resiliencia hídrica al reducir la vulnerabilidad social de las mujeres mediante sistemas de captación de agua de lluvia.
El proyecto ha reducido entre un 20% y un 30% el tiempo que las mujeres dedican a garantizar un suministro de agua adecuado para sus hogares.
El agua para consumo humano es cada vez más inaccesible, debido a la mala gestión y la degradación de las fuentes de agua, los efectos del cambio climático y más.
Los grupos marginados —como las minorías, las comunidades rurales y las mujeres— se ven afectados de manera desproporcionada por los problemas de seguridad hídrica, y las mujeres suelen desempeñar un papel clave en la recolección, el almacenamiento, la distribución y la gestión del agua. De hecho, la mayoría de las personas que acarrean agua en los países de ingreso bajo y medio son mujeres, y la carga recae en particular sobre las niñas.
En algunas alcaldías (municipios) de la Ciudad de México, que actualmente atraviesa una grave sequía —las mujeres pueden dedicar casi una semana laboral completa (4,4 días laborables) en actividades relacionadas con el agua. Cuando los hogares no cuentan con tanques de agua, las mujeres suelen encargarse de obtenerla, almacenarla y garantizar que se utilice y reutilice de forma adecuada. En un país donde más del 50% de la población vive en zonas donde el agua es escasa, la Ciudad de México se encuentra entre los tres estados con mayor riesgo.
Evidencia creciente sugiere que las soluciones basadas en la naturaleza, cuando se diseñan e implementan de forma participativa e inclusiva, podrían ayudar a que el acceso al agua sea más equitativo e incluso favorecer a los más desfavorecidos y vulnerables. Pero, lamentablemente, los grupos minoritarios con demasiada frecuencia quedan excluidos de los procesos de planificación y diseño.
Un programa de la Ciudad de México busca fortalecer la resiliencia hídrica al reducir la vulnerabilidad social de las mujeres mediante sistemas de captación de agua de lluvia, un ejemplo de infraestructura verde-gris. El programa podría ofrecer importantes lecciones para otras ciudades y países del mundo.
El impacto del suministro de agua en la brecha de género
Dado el papel desproporcionado que las mujeres ya asumen en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, la gestión del agua en lugares con poco acceso a este recurso supone un sacrificio injusto para su desarrollo personal, profesional y educativo. El tiempo que las mujeres invierten en trabajo no remunerado en el hogar se multiplica cuando el agua no llega con la calidad y cantidad necesarias, ya sea por un suministro insuficiente o por una infraestructura inadecuada.
La desigualdad de género en la gestión del agua no suele tenerse en cuenta en la toma de decisiones ni en el diseño de políticas públicas. Esto se debe, en parte, a que las mujeres están subrepresentadas en el sector del agua, el saneamiento y la higiene, ocupando solo el 17% de la fuerza laboral de este sector en los países de ingreso bajo y medio.
Esta situación podría remediarse si la escasez de agua fuera menos frecuente y grave, si la captación y la gestión del agua fueran más equitativas y si el desarrollo de los proyectos hídricos garantizara la plena participación de las mujeres.

La infraestructura verde puede ayudar a reducir la brecha de género
La infraestructura verde incluye medidas para proteger, restaurar o gestionar de forma sostenible los ecosistemas naturales con el fin de abordar desafíos sociales. Se trata de una solución que puede fortalecer la resiliencia hídrica urbana al mitigar los efectos del cambio climático, como las inundaciones y las olas de calor, y los riesgos de escasez de agua. La infraestructura verde, como los bosques restaurados o los sistemas de captación de agua de lluvia, puede complementar la infraestructura convencional construida, como presas y plantas de tratamiento de agua, aportándole flexibilidad y adaptabilidad, prolongando su vida útil, reduciendo los costos de mantenimiento e incluso generando otros beneficios adicionales.
Por ejemplo, la ciudad de Filadelfia estableció un plan en 2011 para reducir la escorrentía que entra en su sistema de alcantarillado combinado y desborda hacia los cuerpos de agua. Hasta la fecha, la ciudad ha implementado más de 2.800 intervenciones de infraestructura verde, como jardines de lluvia, techos verdes y cisternas de captación que retienen el agua, favorecen la infiltración y reducen la escorrentía. El proyecto ha evitado que alrededor de 10,2 millones de metros cúbicos de agua de lluvia fluyan hacia ríos y arroyos.
Además de prevenir la contaminación del agua de la ciudad, la infraestructura verde mejora la salud de los ecosistemas circundantes y aumenta la seguridad hídrica de la ciudad y de sus habitantes.

El caso de la Ciudad de México
Actualmente, el 85% del agua de la Ciudad de México proviene de fuentes comprometidas. La disponibilidad de agua subterránea en la Cuenca del Valle de México ha disminuido un 55% en los últimos 10 años debido a la sobreexplotación, mientras que la Cuenca del Cutzamala se encuentra al 50% de su capacidad de almacenamiento, principalmente debido a la sequía prolongada.

La escasez de agua en la Ciudad de México afecta sobre todo a las comunidades con mayor grado de marginación. Por ejemplo, Iztapalapa, la zona más poblada de la ciudad, tiene un déficit de suministro de agua del 35%. Como consecuencia, las mujeres dedican entre una y cuatro horas a la semana a acarrear agua hasta sus hogares.
Para ayudar a mitigar este problema, en 2019 el gobierno de la Ciudad de México puso en marcha el programa Cosecha de Lluvia para hogares en las zonas con mayor escasez de agua. El programa comenzó en Iztapalapa y Xochimilco y, debido a su éxito, se ha ampliado desde entonces a otras seis zonas.
El programa ayuda a instalar sistemas de captación de agua de lluvia, que recogen la lluvia que cae sobre los techos de las viviendas. El agua se almacena en una cisterna, que puede utilizarse para fines domésticos. También puede emplearse como agua potable si recibe un tratamiento adicional. Estos sistemas pueden proporcionar a una familia agua para entre cinco y ocho meses del año.
Al dar prioridad a los hogares encabezados por mujeres, madres solteras, personas indígenas, personas mayores y personas con discapacidad, el programa busca mejorar la equidad de forma general. Hasta la fecha, se han beneficiado más de 13.000 jefas de hogar, que representan alrededor del 65% de los sistemas de captación de agua de lluvia instalados.

Además, el proceso de formación para la operación y el mantenimiento de los sistemas promueve el reparto equitativo de tareas entre hombres y mujeres. Según el próximo informe de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, Cambio climático y trabajo de cuidados , el enfoque en la igualdad de género en la formación aumentó el número de hogares con un reparto equitativo de las tareas relacionadas con el agua del 34% al 55%.
El proyecto también ha reducido el tiempo que los habitantes dedican a garantizar un suministro de agua adecuado para sus hogares entre un 20% y un 30%, en los hogares donde las mujeres son las únicas responsables del suministro de agua.
Hacia una resiliencia hídrica equitativa
Los desafíos asociados al agua representan algunos de los problemas más importantes a los que se enfrenta la sociedad. Dado que la responsabilidad de la gestión y el uso del agua en el hogar recae a menudo en las mujeres, las soluciones que buscan fortalecer la resiliencia hídrica de las comunidades deben incorporar una perspectiva de género equitativa.
Los proyectos de infraestructura verde, como la iniciativa de la Ciudad de México, tienen el potencial de aumentar la resiliencia y servir como herramientas de desarrollo eficaces para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, para aprovechar plenamente este potencial, las ciudades deben garantizar la participación inclusiva en la planificación, el diseño y la implementación de los proyectos de infraestructura verde. Cuando se hace bien, las comunidades y los habitantes de las ciudades pueden esperar una menor vulnerabilidad al cambio climático y una mayor calidad de vida.
Cities4Forests es una iniciativa que busca ayudar a las ciudades a conservar, gestionar y restaurar mejor los bosques. Ciudad de México, Filadelfia, Semarang y Kochi son miembros participantes.
