La estabilidad social y el crecimiento económico de Vietnam se enfrentan a un riesgo creciente de trastornos debido a la escasez de agua, las inundaciones y la contaminación, según el nuevo informe del Banco Mundial, «Vietnam: Hacia un sistema hídrico seguro, limpio y resiliente».
Las abundantes reservas de agua, combinadas con políticas económicas de mercado abierto, transformaron a Vietnam de un país empobrecido en una nación de ingreso medio en ascenso en dos décadas. Ahora, los frutos del éxito empiezan a torcerse. Aunque el crecimiento ha abierto nuevos mercados para los productos pesqueros, agrícolas e industriales, también ha ejercido presiones implacables sobre los recursos hídricos, que ahora están poniendo a prueba la economía.
«Las presiones derivadas del crecimiento demográfico, el crecimiento económico y el aumento de la demanda de agua han puesto en riesgo de agotamiento los recursos hídricos», afirmó Tran Hong Ha, ministro de Recursos Naturales y Medio Ambiente, durante la presentación del informe el 30 de mayo de 2019. «Estas presiones darán lugar a un desarrollo insostenible a menos que los recursos hídricos se gestionen de manera uniforme y coordinada, y se compartan y utilicen de forma razonable y eficaz.

Vietnam es uno de los países más propensos a sufrir peligros de Asia Oriental y el Pacífico, señala el informe. Más del 70 % de la población está expuesta a sequías, inundaciones y otros peligros relacionados con el agua, que probablemente aumentarán debido al cambio climático.
Estas amenazas, que ahora se propagan por toda la economía, ya están causando daños. Las pérdidas económicas, actualmente estimadas en un 1,5 % anual, se prevé que aumenten drásticamente: al 3 % anual para 2050 y hasta un 7 % para 2100, entre las más altas del mundo.
A menos que se tomen medidas decisivas, el agua, que ha sido una fuerza impulsora del rápido crecimiento de Vietnam, se convertirá en un freno para el desarrollo.
El informe, de 190 páginas, destaca una serie de factores que convergen para generar tendencias preocupantes:
Vietnam enfrenta un desajuste emergente entre la oferta y la demanda de agua en la estación seca.
Si la demanda no se controla y no hay cambios en las políticas o las prácticas, se prevé que, para 2030, todas las cuencas fluviales, salvo cinco, enfrenten estrés hídrico en la estación seca. Esto incluye las cuatro principales cuencas fluviales que generan el 80 % del PIB de Vietnam.

Se deteriora la calidad del agua y aumentan las cargas de contaminación, lo que contamina las aguas superficiales y subterráneas y crea riesgos para la salud pública.
Gran parte de las aguas residuales de Vietnam no se trata antes de ser vertida. Solo el 46 % de los hogares urbanos está conectado a sistemas de drenaje y solo el 12,5 % de las aguas residuales municipales recibe tratamiento. Alrededor de dos tercios de las aguas residuales industriales procedentes de zonas industriales son tratadas, mientras que solo el 9,4 % de los conglomerados industriales cuenta con instalaciones centralizadas de tratamiento de aguas residuales. En otros ámbitos, el tratamiento se considera una cuestión secundaria. La mayor parte de las aguas residuales de 5.000 aldeas artesanales, algunas fábricas situadas fuera de las zonas industriales, y de hospitales locales y clínicas privadas se vierte sin tratar en ríos, lagos y océanos.
La contaminación del agua procedente de la agricultura y la acuicultura está aumentando.
La agricultura genera enormes cantidades de residuos procedentes de fertilizantes, plaguicidas, patógenos y productos farmacéuticos que se administran a los animales. Alrededor del 95 % de los residuos ganaderos que se generan cada año entra en el medio ambiente sin tratar, transportando nutrientes, patógenos y compuestos volátiles que contaminan el agua y el aire, y dañan los suelos. Solo cerca de la mitad del fertilizante se utiliza de forma eficaz; el resto se arrastra con la escorrentía. La mezcla actual de plaguicidas también es altamente tóxica: el 85 % de los plaguicidas utilizados por los agricultores del delta del Río Rojo se clasifica como «altamente peligroso» o «moderadamente peligroso» según las normas de la Organización Mundial de la Salud.
Los residuos sólidos municipales representan otra amenaza para las aguas superficiales. Los vertidos ilegales, los vertederos insalubres y mal gestionados cerca de las vías fluviales, y la falta de recogida de residuos sólidos permiten que una creciente marea de plásticos llegue a las vías fluviales.
Los riesgos de inundación están aumentando, especialmente en el delta del Mekong y en las regiones sur y centro del país. Se prevé que los caudales máximos de inundación que solían producirse cada 100 a 500 años ocurran ahora en la mitad del país cada 20 años o menos en las próximas dos décadas. Las zonas al sur de Da Nang, incluido el centro económico de Ciudad Ho Chi Minh, están especialmente en riesgo.

Si hay un rayo de esperanza, es que una acción concertada y decidida hoy puede prevenir los peores resultados. El informe predijo además que el aumento de las amenazas relacionadas con el agua podría reducir el PIB en un 6 % para 2035, en comparación con un escenario en el que se toman medidas (véase el gráfico a continuación).

Las soluciones propuestas por el informe del Banco Mundial se agrupan en torno a siete recomendaciones.
Mejorar las instituciones de gestión de los recursos hídricos. Gestionar el agua de Vietnam a escala de cuenca mediante mecanismos de gobernanza inclusivos. Aumentar el valor que genera el agua en la agricultura. Dar la máxima prioridad normativa a la reducción de los niveles devastadores de contaminación. Mejorar la gestión de riesgos y la respuesta ante desastres, y fortalecer la resiliencia. Desarrollar y ampliar la financiación y los incentivos basados en el mercado. Reforzar la seguridad hídrica de los asentamientos.
Afrontar estos desafíos exigirá centrarse más en las políticas y los incentivos, y aumentar la disciplina fiscal.
Vietnam cuenta con políticas hídricas sólidas, pero en la práctica no funcionan como se pretendía. La aplicación de las políticas es desigual, los incentivos necesarios para garantizar un mayor cumplimiento de las políticas son insuficientes, y los cimientos institucionales necesarios para abordar la nueva generación de desafíos están insuficientemente desarrollados. Asimismo, aunque existe una necesidad reconocida de adoptar enfoques integrados a escala de cuenca que gestionen el agua en todos los sectores y protejan el medio ambiente, su aplicación ha sido insuficiente. De cara al futuro, habrá que dar mayor énfasis a la aplicación de las políticas y a los incentivos necesarios para asegurar un mayor cumplimiento.





