Hace una década, nos propusimos desentrañar escenas de crímenes en las profundidades del océano cuya existencia ni siquiera teníamos certeza de que fuera real. ¿El crimen? Los leones marinos de Steller, en peligro de extinción, estaban desapareciendo rápidamente en algunas zonas de Alaska. Su número cayó un 80 % en tres décadas, y, sin embargo, casi nunca alguien veía ni tomaba muestras de leones marinos muertos. Los leones marinos vivos estudiados en verano, cuando salen a tierra para reproducirse, parecían sanos y tenían crías sanas.
Queríamos saber cuándo, dónde y por qué mueren los leones marinos. Para desentrañar el misterio, necesitábamos información de aquellos animales que no vemos, de los que quizá no se reproduzcan y de los que quizá nunca vuelvan a tierra. Así que desarrollamos una etiqueta de seguimiento especial que pudiera enviarnos datos sobre los leones marinos que no podemos observar directamente.
Esta llamada etiqueta transmisora de historia de vida, o etiqueta LHX, es un pequeño monitor electrónico implantado quirúrgicamente en la cavidad abdominal de leones marinos jóvenes bajo anestesia. No se preocupen: comprobamos que esto no altera el comportamiento ni la supervivencia de los animales. ¡Al fin y al cabo, no queremos influir en los datos que necesitamos!
Una etiqueta monitorea al animal huésped durante toda su vida. Cuando el huésped muere, las etiquetas se liberan del cadáver en descomposición, desmembrado o digerido. Flotan rápidamente hasta la superficie del océano y comienzan a transmitir los datos almacenados previamente a satélites en órbita. Vayan donde vayan estos leones marinos, tarde o temprano recibimos un triste correo electrónico que confirma que uno de nuestros animales de estudio ha muerto. Como los datos de las etiquetas se retransmiten vía satélite, llamamos a esto «autopsias desde el espacio».
Ubicaciones de tres hembras jóvenes de león marino de Steller vivas, con implantes LHX y actualmente rastreadas en Prince William Sound, Alaska. Se utilizan transmisores externos para rastrear a los animales durante un máximo de 6 meses después de liberarlos tras la cirugía de implantación. Pasado este tiempo, las etiquetas externas suelen desprenderse. Proporcionado por el autor
Desde 2005, hemos colocado etiquetas en 45 leones marinos jóvenes en la zona de Prince William Sound, en el golfo de Alaska. Hasta ahora, 17 de estos leones marinos han muerto. En realidad, esa cifra se aproxima a la cantidad de muertes que esperábamos. Los leones marinos jóvenes tienen una vida difícil y la mayoría ni siquiera llega a la edad reproductiva.
En dos casos, no recibimos datos suficientes para determinar cómo murieron esos leones marinos. Las etiquetas de los otros 15 sí nos proporcionaron conjuntos de datos completos. Resulta que estos 15 animales murieron en el mar. Para nuestra gran sorpresa, al parecer los 15 murieron en ataques de depredadores. ¿Cómo podemos saberlo?
Las etiquetas LHX registran la temperatura y los niveles de luz. También pueden distinguir si están rodeadas de tejido, agua salada o aire. Los datos que recibimos vía satélite de las primeras «escenas del crimen» siguieron todos el mismo patrón: las etiquetas se enfriaron muy rápidamente desde los 98 °F (37 °C), la temperatura corporal central normal de un animal sano de sangre caliente como un león marino, hasta la temperatura de la superficie oceánica en el momento y lugar del ataque. Al mismo tiempo, las etiquetas detectaron luz y aire y comenzaron a transmitir. Prácticamente, la única forma de que esto ocurriera es que un depredador desmembrara al león marino y la etiqueta saliera despedida.
Solo podíamos hacer conjeturas sobre quién podría haberlo hecho: se ha informado que las orcas, los tiburones blancos, los tiburones salmón y quizá los tiburones dormilones depredan a los leones marinos. Se considera que las orcas son el depredador más común, pero quizá esto se deba simplemente a que es más probable observar sus ataques —que ocurren cerca de la superficie del océano— que otros ataques, que pueden producirse a profundidades de hasta 500 m, la mayor profundidad conocida alcanzada por los leones marinos de Steller.
Sin embargo, más recientemente, tres de nuestras «autopsias desde el espacio» revelaron algunos patrones desconcertantes: las etiquetas seguían registrando descensos rápidos de temperatura, pero permanecían a oscuras y no detectaban aire. Más desconcertante aún, las temperaturas que registraron tras el ataque no coincidían con las de la superficie del océano. En cambio, correspondían a valores de aguas profundas. Estas etiquetas no detectaron luz ni aire ni temperaturas superficiales hasta entre cinco y 11 días después. Fue entonces cuando comenzaron a transmitir. ¿Qué estaba ocurriendo?
Datos de las escenas del crimen de tres de los leones marinos etiquetados. Obsérvese que las etiquetas permanecieron en el frío y la oscuridad durante días antes de transmitir entre 5 y 11 días después, como indican las flechas horizontales. Fish. Bull. 112:297–310 (2014), proporcionado por el autor
Creemos que estas etiquetas fueron tragadas por un depredador de sangre fría y expulsadas o regurgitadas unos días después. Esto descarta a las orcas de la lista de sospechosos de estos tres ataques, ya que también son de sangre caliente. Incluso los tiburones blancos y los tiburones salmón pueden elevar su temperatura corporal muy por encima de la temperatura ambiente. Esto deja al lento y torpe tiburón dormilón del Pacífico, poco conocido y verdaderamente de sangre fría, como nuestro principal sospechoso.
¿Por qué es importante esto? Para promover la recuperación de las poblaciones de leones marinos de Steller, se ha restringido la pesca en algunas regiones de Alaska. Estas regulaciones se basan en la suposición —sin respaldo de pruebas contundentes— de que los leones marinos padecen falta de alimento. Cuando las personas capturan menos peces, quedan más para los leones marinos. Sin embargo, los tiburones dormilones mueren como captura incidental en muchas pesquerías. Por lo tanto, una consecuencia no intencionada de las restricciones pesqueras podría ser que haya más tiburones dormilones en el mar. Paradójicamente, estas medidas, pensadas para ayudar a los leones marinos conservando más alimento para ellos, podrían estar perjudicándolos al dejar más depredadores que los devoren.
Al reunir todas las pistas de las escenas del crimen de nuestros leones marinos, estamos seguros de haber reducido la lista a uno de los sospechosos. Esta investigación no busca llevar a un asesino ante la justicia, pero nuestra nueva comprensión del crimen podría influir en futuras decisiones de gestión pesquera.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: Markus Horning es profesor asociado de Ecología de la Vida Silvestre en Oregon State University
Imagen: Un león marino nada cerca de las islas Palomino. REUTERS/Enrique Castro-Mendivil




