En 1969, la humanidad lanzó una cápsula a la Luna y rebotó de un lado a otro en gravedad cero, entre grandes aclamaciones. Dos cosas ocurrieron ese día que, para mí, son más significativas que el gran salto para la humanidad: 1. Miramos nuestro planeta desde lejos y vimos que era azul, y 2. Iniciamos una educación lunar que nos ha llevado a saber más sobre la Luna que sobre los océanos.
Los océanos cubren más del 70 % de la superficie del planeta, lo cual, por cierto, es el mismo porcentaje de agua que hay en tu cuerpo. Nos unen las aguas: nosotros, pequeños aquanautas que pasamos los primeros nueve meses de vida flotando, hasta nacer al aire, al sonido, a la gravedad, al desafío y a la belleza. Pero en cambio nos centramos en lo que nos divide, plantando nuestras banderas en planetas lejanos, tomando decisiones que buscan ganancias personales a corto plazo y desatendiendo aquello sin lo que no podemos vivir: el mar.
Los océanos proporcionan más de la mitad del oxígeno que respiramos, así como alimento y medios de vida para más de 2000 millones de personas. Son una enorme esponja de carbono.
Nos paramos en la orilla y lo contemplamos; nos convencemos de que algo tan vasto y poderoso no puede ser vulnerable. Mientras practico buceo en apnea, las ballenas, los tiburones y las mantarrayas me han empequeñecido; estas criaturas en un océano inmenso nos hacen sentir pequeños y alejados, y ciegos ante nuestro propio poder. Cansados de oír que somos el problema, decidimos no ver que somos la única solución.
Es el Día Mundial de los Océanos, y tú eres un aquanauta. Haz lo que puedas para proteger lo que tenemos, lo que amamos. Es fácil.
En primer lugar, es tu océano; camina con suavidad. La mayor parte del azul del planeta corresponde a alta mar (es decir, no pertenece a un país concreto ni está sujeta a la jurisdicción o protección nacional). Necesitamos reclamar la propiedad de nuestro gran pulmón planetario. Cuidar tu huella de carbono es crucial para la salud de los océanos: todo lo que conduces, todo lo que consumes y todo lo que haces es relevante.
Mantenlo limpio. Viviendo en una cultura desechable de la comodidad, bebemos agua de botellas de plástico y compramos artículos envueltos individualmente. La triste verdad es que, cuando lo tiramos, no existe un «fuera»! Del tamaño de continentes islas de plástico están obstruyendo los ecosistemas marinos. Debemos reutilizar, reducir y reciclar.
En tercer lugar, conoce tu pescado. Los ecosistemas marinos están amenazados por la alarmante disminución de las reservas pesqueras. Hemos desarrollado métodos de pesca tan innovadores y eficientes que hemos capturado más del 90 % de nuestras reservas pesqueras. Antes de comer un pescado, conoce su nombre. ¿Cómo se pescó y a qué familia pertenece? ¿Es una opción sostenible?
El panorama puede ser sombrío, pero ánimo: actualmente nos encontramos en el «punto ideal», expresión acuñada por la bióloga marina y exploradora oceánica Sylvia Earle. Sabemos lo suficiente para hacer los cambios necesarios. Solo tenemos que querer hacerlos.
Autora: Hanli Prinsloo es buceadora de apnea, conservacionista oceánica y fundadora de I AM WATER y Joven Líder Mundial del Foro Económico Mundial.
Imagen: Un hombre lanza su sedal a las olas mientras pesca a lo largo de la costa de Torrey Pines State Beach, en San Diego (California), el 24 de enero de 2011. REUTERS/Mike Blake

