La ciencia del clima puede ser sombría , pero al menos los gobiernos parecen estar haciendo algo al respecto. El número de leyes aprobadas para abordar el cambio climático aumenta de forma constante en todo el mundo. Por ejemplo, el año pasado 127 países contaban con políticas de apoyo a las energías renovables.
Pero esta es solo la mitad de la historia. El examen de los avances en materia de políticas públicas en Estados Unidos, la Unión Europea y China, con diferencia las tres mayores economías del mundo, ha demostrado que, junto a las iniciativas diseñadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, han surgido nuevas políticas con el efecto opuesto: aumentar las emisiones.
Esta es una categoría de políticas de la que no hablamos porque no tiene nombre. Llamémoslas «políticas contra el clima».
No nos referimos aquí a las numerosas políticas existentes que perpetúan las emisiones. Las políticas contra el clima son nuevas iniciativas que aumentan las emisiones: pasos atrás en la lucha contra el cambio climático. Su existencia significa que reforzar las políticas climáticas no bastará por sí solo para vencer el cambio climático; también habrá que combatir las políticas contra el clima.
Peor que no hacer nada
Hay muchas políticas contra el clima: subvenciones para las facturas de energía de los hogares, apoyo a las industrias manufactureras o químicas de gran consumo energético, o la construcción de nuevas carreteras y aeropuertos. Pero tres destacan por ser las más perjudiciales.
En primer lugar, está la autorización de nuevas centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles, especialmente en China. Las cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos indican que entre 2000 y 2011 la capacidad de generación de electricidad con combustibles fósiles aumentó un 34% en China, un 6% en Estados Unidos y un 15% en la UE-27.
Luego están las subvenciones nuevas y cada vez mayores a los combustibles fósiles. Por ejemplo, en Estados Unidos se han introducido numerosas nuevas exenciones fiscales para la exploración. En la UE, las nuevas exenciones fiscales se han centrado principalmente en el uso de combustibles fósiles en las industrias de gran consumo energético y el transporte, aunque en el Reino Unido las exenciones fiscales para la exploración se han ampliado rápidamente. La Agencia Internacional de la Energía informa de que en 2011 las subvenciones a los combustibles fósiles en todo el mundo ascendieron a 523.000 millones de dólares estadounidenses, seis veces el nivel de apoyo a las energías renovables.
La liberalización del comercio internacional es la otra gran política contra el clima. A pesar de que un mayor comercio aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero al ampliar la actividad económica y aumentar el uso de servicios de transporte transfronterizo, los gobiernos siguen firmando acuerdos comerciales.
El último acuerdo importante fue el que exigió a China eliminar las barreras comerciales para ingresar en la Organización Mundial del Comercio en 2001. Entre 2000 y 2010, la UE, Estados Unidos y China concluyeron nuevos acuerdos comerciales bilaterales entre sí y con otros países casi todos los años.
¿Qué se debe hacer?
Ya se han logrado algunos avances. Tanto Estados Unidos como el Reino Unido han tomado medidas para introducir límites de emisiones para las nuevas centrales eléctricas que las centrales convencionales de carbón no pueden cumplir, lo que en la práctica prohíbe la construcción de nuevas centrales de este tipo.
Aunque el aumento previsto de la demanda de electricidad en China es tan enorme que prohibir por completo las nuevas centrales de carbón paralizaría la economía, en 2013 el Gobierno chino prohibió autorizar nuevas centrales eléctricas de carbón en tres de las regiones industriales más importantes del país. Esto se suma a un programa que desde 2008 ha ido cerrando pequeñas centrales térmicas ineficientes.
Los esfuerzos por ampliar a otros países las restricciones a las nuevas centrales eléctricas de carbón podrían cobrar fuerza a medida que las energías renovables ganen credibilidad y aumenten su capacidad de presión.
Los comunicados del G20 que anuncian acuerdos para eliminar gradualmente las subvenciones a los combustibles fósiles no se han traducido en medidas. Los gobiernos parecen considerar las subvenciones a la exploración, por ejemplo, como inversiones que generarán más impuestos cuando los yacimientos de petróleo y gas estén en producción. La presión de los grupos de interés de la industria también es muy evidente, especialmente en Estados Unidos, a juzgar por las tendencias de las contribuciones políticas.
Lo que hace falta es poner de relieve la hipocresía de los gobiernos que amplían las subvenciones a los combustibles fósiles mientras afirman preocuparse por el cambio climático. También debemos abordar engaños como la afirmación de David Cameron de que la fracturación hidráulica reducirá las emisiones al sustituir el carbón por gas obtenido mediante fracking. ¿Qué cree que ocurrirá con el carbón desplazado? Lo usará otra persona.
La liberalización del comercio sigue promoviéndose con vigor. Las negociaciones mundiales iniciadas en 2001 en Doha buscan alcanzar un importante acuerdo multilateral de apertura comercial, mientras que Estados Unidos y la UE negocian actualmente una Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión bilateral. Dado que existe un amplio consenso en que la apertura comercial impulsa el crecimiento económico, es improbable que la oposición directa al comercio tenga éxito, aunque debe difundirse el hecho de que la apertura comercial aumenta las emisiones.
Una táctica más astuta sería apoyar los esfuerzos de los grupos que, por otros motivos, podrían salir perjudicados por los nuevos acuerdos comerciales, como los agricultores de Estados Unidos y la UE. Y el hecho de que hasta ahora la Ronda de Doha no haya llegado a un acuerdo sugiere que esos acuerdos pueden bloquearse.
Controlar las emisiones de gases de efecto invernadero será difícil. Para tener éxito, debemos tener en cuenta todos los factores pertinentes. Esto significa que hay que prestar más atención a las políticas contra el clima y a cómo contrarrestarlas.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Hugh Compston es profesor de Política Climática en la Universidad de Cardiff.
Imagen: Sale humo a borbotones de las chimeneas de la central eléctrica de Belchatow, la mayor central eléctrica de carbón de Europa. REUTERS/Peter Andrews.

