Los océanos se están convirtiendo en el nuevo Lejano Oeste. Esto es lo que debe cambiar

A surfer rides a wave during sunset in Vina del Mar city, about 75 miles (121 Km) northwest of Santiago, March 20, 2010. People slowly return the normal life in the coastal border after suffering an earthquake and tsunamis in much of southern Chile on February 27, 2010. REUTERS/Eliseo Fernandez (CHILE - Tags: SOCIETY IMAGES OF THE DAY) - RTR2BVIJ
Part of the problem, the authors say, is that marine conservation is relatively new.Image: REUTERS/Eliseo Fernandez
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Expertos en conservación marina piden adoptar un código de conducta para la conservación de los océanos que tenga en cuenta a las poblaciones locales y sus preocupaciones sobre la tierra, los alimentos y sus medios de vida.

La investigación, resumida en la revista Marine Policy, refleja los debates del Congreso Mundial de la Conservación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza del año pasado, el mayor evento periódico de conservación del mundo.

Un código de conducta para la conservación marina ayudaría a prevenir las violaciones de los derechos humanos que podrían producirse durante las actividades de conservación y promovería una toma de decisiones justa y socialmente responsable al planificar y llevar a cabo acciones para proteger el océano.

«La ventaja de elaborar un código de conducta es que tomamos los errores del pasado y aprendemos de ellos», afirma el autor principal Nathan Bennett, investigador de la Universidad de Washington, la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Stanford. «Intentamos proponer un camino a seguir y, en última instancia, aumentar el éxito de la conservación».

«Reunir a este amplio grupo de expertos es realmente el primer paso de un proceso más largo», explica Bennett. «Lo que pedimos aquí es que toda la comunidad de conservación marina elabore y aplique un código de conducta. Para ello, algunos de los actores clave de la conservación marina deberán dar un paso al frente y apoyar esta iniciativa».

Image: NOAA

El escenario del «Lejano Oeste»

En distintas partes del mundo se han producido varias violaciones de los derechos humanos como consecuencia de actividades de conservación. En Tanzania, por ejemplo, los pueblos indígenas de la costa han sido expulsados de sus tierras en el intento del Gobierno de proteger la zona.

En Sudáfrica, las zonas designadas para la protección marina sin consultar a las comunidades locales se citan como ejemplos de «acaparamiento de los océanos»: políticas o acciones que privan de recursos y derechos a las comunidades pesqueras de pequeña escala.

Según los autores, parte del problema es que la conservación marina es relativamente nueva y se está expandiendo con rapidez para cumplir los objetivos mundiales de proteger el 10 % de los océanos para 2020. Los plazos ajustados pueden dar lugar a errores o negligencia.

Además, los océanos tienen varias características singulares que dificultan el trabajo de conservación: los derechos de propiedad en el mar no están tan claramente definidos como en tierra; es difícil delimitar las jurisdicciones y hacer cumplir las normas; y hay profundas diferencias de opinión sobre si se deben explotar aún más los recursos naturales del océano o protegerlos.

Quizá sea el escenario más reciente de «Lejano Oeste» del mundo.

«Hoy en día, los océanos son lugares muy concurridos, y todo el mundo intenta reclamar su parte con distintos objetivos finales en mente», afirma Bennett. «Abordar cuestiones como la forma en que se toman las decisiones, quién participa y la claridad de sus justificaciones —y poner esa información sobre la mesa de manera transparente— son algunos de los desafíos fundamentales para lograr que la conservación marina se lleve a cabo de manera adecuada».

Esbozo del código

Los autores del artículo exponen varios principios de justicia social, rendición de cuentas y toma de decisiones que podrían servir de base para un código de conducta de conservación marina. Entre los temas figuran los derechos de los pueblos indígenas, la seguridad alimentaria y de los medios de vida, la inclusión y la transparencia. También enumeran objetivos preliminares que deberán desarrollarse más y citan ejemplos de resultados positivos y negativos de actividades de conservación.

En Columbia Británica, por ejemplo, el proceso de planificación marina ha incluido a todas las partes afectadas. En Hawái, un monumento marino nacional integra la cultura indígena y, al mismo tiempo, protege la salud y la diversidad del ecosistema. Según Bennett, las lecciones extraídas de estos ejemplos positivos y de otros también pueden servir para orientar la elaboración de un código de conducta internacional.

Los autores planean debatir sus recomendaciones en varias próximas reuniones internacionales sobre los océanos, entre ellas la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos en junio, el Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas en septiembre y la conferencia Our Ocean en octubre. Esperan que otros científicos, responsables de formular políticas y financiadores aporten sus opiniones sobre lo que debería incluirse en un documento de ese tipo y luego comiencen a redactar un código de conducta.

Esperan que el documento final se utilice como herramienta para educar y orientar las acciones de la próxima generación de profesionales y defensores de la conservación y, cuando sea necesario, como medio para exigir responsabilidades a los grupos por sus acciones.

«La práctica de la conservación marina siempre implica compensaciones. Este análisis deja claro que no se puede esperar que los sectores más vulnerables de la sociedad soporten la mayor parte de las cargas de la conservación», afirma el coautor principal Patrick Christie, profesor de la Escuela de Asuntos Marinos y Ambientales y de la Escuela Jackson de Estudios Internacionales de la universidad.

«Si no se tienen debidamente en cuenta los principios de este análisis, es probable que la conservación fracase a largo plazo y tenga efectos negativos no deseados en la sociedad y el medioambiente».

Los otros coautores principales del artículo pertenecen a la Universidad de Columbia Británica y la Universidad de Washington. La Nippon Foundation-Nereus Program y el Social Science and Humanities Research Council of Canada financiaron este trabajo. Los programas Banting y Liber Ero de becas posdoctorales financiaron a Bennett. El artículo es fruto de la OceanCanada Partnership, la Too Big to Ignore Global Partnership for Small-Scale Fisheries Research y la Community Conservation Research Network.

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