El impacto de un Oriente Medio más caluroso

El impacto de un Oriente Medio más caluroso
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Si cree que los veranos en la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) son calurosos, piénselo de nuevo. Es probable que los veranos sean mucho más cálidos. Las temperaturas globales están aumentando; la pregunta ahora es cuánto y cuál será su impacto. La población de la región ya afronta temperaturas estivales muy altas, y estas podrían empeorar. En comparación con el resto del mundo, la región MENA sufrirá de manera desproporcionada el calor extremo. La ciencia climática más reciente, expuesta en nuestro nuevo informe Turn Down the Heat –  plantea un par de posibles escenarios para MENA y examina el impacto probable del ritmo actual de calentamiento (0.8°C) en la región, así como de niveles más altos, de 2°C y 4°C.

En un mundo 2°C más cálido, se prevé que aumente el número anual de días con temperaturas excepcionalmente altas y gran estrés térmico en algunas capitales de la región: de 4 a 62 días en Amán (Jordania), de 8 a 90 días en Bagdad (Irak) y de 1 a 71 días en Damasco (Siria). Se esperan los mayores aumentos en Beirut (Líbano) y Riad (Arabia Saudita), donde se proyecta que los días calurosos alcancen, respectivamente, 126 y 132 al año. En un mundo 4°C más cálido, se proyecta que el promedio de días calurosos supere los 115 al año en todas estas ciudades. Eso supondría un verano muy largo y muy caluroso.

¿Qué significaría esto para la región?

MENA es la región con mayor escasez de agua del mundo. La disponibilidad de fuentes de agua renovables suele ser inferior a 1,000m3 por habitante al año (con excepción de unos pocos países), y llega a ser de apenas 16m3 por habitante en los Emiratos Árabes Unidos. Esto contrasta con unos 3,500m3 por habitante al año en México, 4,500m3 en los países de Asia Oriental y el Pacífico, y 9,000m3 en Estados Unidos. Sin embargo, la región ya ha hecho un trabajo admirable para hacer frente a su escasez de agua inherente; la agricultura climáticamente inteligente de Yemen y la adopción de técnicas de gestión resistentes a la sequía en Djibouti son ejemplos de ello. Por tanto, no hay motivos para dudar de que también puede adaptarse al nuevo entorno. Lo que ocurre es que lo que está en juego ahora es mucho más importante.

Con el tiempo, se prevé que las precipitaciones disminuyan en las regiones del Magreb y el Mashreq. La menor precipitación, junto con el aumento de la evaporación, hará que las condiciones locales sean aún más áridas. Partiendo de la situación actual de escasez crítica de agua y tierras cultivables, tanto los escenarios de calentamiento de 2°C como los de 4°C ejercerían más presión sobre los recursos hídricos y la agricultura. La menor precipitación y las temperaturas más altas acortarán el período de cultivo de algunos productos agrícolas. Se prevé que el rendimiento de algunos cultivos disminuya un 30 por ciento en un mundo 2°C más cálido y un 60 por ciento en uno 4°C más cálido. Para una región que depende de las importaciones de alimentos, esto podría tener consecuencias graves para sus precios.

Además, las zonas montañosas de Marruecos, Argelia, Líbano, Siria, Irak, Irán y Turquía desempeñan un papel importante en el abastecimiento de agua de la región, ya que almacenan como nieve una parte de las precipitaciones. La reducción proyectada de las nevadas y del almacenamiento de agua en forma de nieve disminuirá aún más la disponibilidad de agua.

Pero este no tiene por qué ser nuestro futuro

Juntos podemos tomar medidas para reducir el cambio climático: fijar un precio elevado al carbono; reducir los subsidios perjudiciales a los combustibles fósiles; aumentar la inversión en eficiencia energética y energías renovables; fomentar la agricultura climáticamente inteligente; y construir ciudades con bajas emisiones de carbono y resilientes al cambio climático. Yemen ya ha aumentado el rendimiento de sus cultivos mejorando las variedades locales de semillas, y Marruecos ha invertido masivamente en energía solar, dando un ejemplo regional —y mundial— al reducir la dependencia de los combustibles fósiles y recortar las emisiones de gases de efecto invernadero. Este es un comienzo, pero debemos hacer más antes de que los veranos sean aún más largos y calurosos.

Esta publicación apareció primero en el blog del Banco Mundial

Autora: Maria Sarraf es columnista sénior de medio ambiente del Banco Mundial.

Imagen: Vista de un estanque parcialmente seco REUTERS/Stringer

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