Lo que más me preocupa del riesgo es que dentro de 10 años miraremos atrás y diremos: «Lo sabíamos y no hicimos lo suficiente» o «no hicimos lo que podríamos haber hecho».
Afrontar la crisis económica y la del cambio climático ya no se considera, por desgracia, un continuo, sino opciones enfrentadas. Existe la idea de que de alguna manera no podemos tener ambas cosas. Debemos ir más allá de este pensamiento en compartimentos estancos. Dado que la gestión inteligente del riesgo consiste en adoptar un enfoque holístico ante las situaciones, deberíamos hacer lo mismo con los desafíos económicos y del cambio climático a los que nos enfrentamos.
Las medidas de adaptación deberían formar parte del plan de un país para el futuro si quiere recuperarse con rapidez tras un fenómeno meteorológico extremo. Esto es vital porque la asegurabilidad de todos los riesgos relacionados con el clima depende tanto de la planificación social, ambiental y urbana como de las defensas físicas y la preparación ante desastres.
Los desafíos de la adaptación climática son especialmente acuciantes en el mundo en desarrollo (aunque no solo allí, como ha demostrado el huracán Sandy). Especialmente en los países en desarrollo, las alianzas entre la industria global de seguros, las instituciones del sector público y la sociedad civil son vitales para desbloquear la innovación y crear nuevas oportunidades de inversión. La colaboración público-privada ayudaría a poner a disposición más financiación para la adaptación en un momento en que es más necesaria que nunca.
Volviendo a si podemos abordar al mismo tiempo los riesgos del cambio climático y la economía, creo que no solo podemos, sino que deberíamos. Ya podemos hacer mucho mediante una planificación adecuada del riesgo y medidas de adaptación: cosas que podrían ayudar a salvar vidas, impulsar la actividad económica y proteger los presupuestos gubernamentales.
Autor: David Cole es director de riesgos (Chief Risk Officer) de Swiss Re, socio del informe Global Risks 2013.
Imagen: Una montaña rusa reposa en el océano tras el colapso del paseo marítimo sobre el que fue construida durante el huracán Sandy. REUTERS/Andrew Burton

