4 gráficos que muestran el declive de la energía nuclear en EE. UU.

The Three Mile Island nuclear power plant, where the U.S. suffered its most serious nuclear accident in 1979, is seen across the Susquehanna River in Middletown, Pennsylvania in this night view taken March 15, 2011. U.S. regulators should press ahead with approving construction licenses for new nuclear power plants despite Japan's nuclear crisis, President Barack Obama's top energy official Energy Secretary Steven Chu said on Tuesday. REUTERS/Jonathan Ernst (UNITED STATES - Tags: ENERGY DISASTER ENVIRONMENT BUSINESS IMAGES OF THE DAY) - GM1E73G0V4I01
"Nuclear power’s hard times have come relatively quickly – and show no signs of reversing."Image: REUTERS/Jonathan Ernst
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En 2025, el segundo de los dos reactores nucleares de la central nuclear Diablo Canyon, en California, será clausurado. A nivel local, los críticos de esta tecnología celebrarán la consecución de su objetivo último: una California libre de energía nuclear.

Al mismo tiempo, con el cierre de sus cuatro reactores nucleares, el estado habrá perdido más electricidad anual de bajas emisiones de carbono que la generada en conjunto por sus plantas solares fotovoltaicas y eólicas en 2016.

Los reactores nucleares comerciales suministran aproximadamente una quinta parte de la electricidad producida en EE. UU. En todo el país, se enfrentan a graves amenazas para su rentabilidad y, por tanto, para su continuidad operativa. Los tiempos difíciles de la energía nuclear han llegado relativamente rápido y no dan señales de revertirse.

La energía nuclear flaquea

Hace apenas una década, los reactores nucleares eran vacas lecheras. Pero la combinación de precios bajos del gas natural y el auge de la energía solar y eólica los ha vuelto incapaces de competir en estados con competencia de precios en el mercado eléctrico. Cinco de las centrales nucleares del país han cerrado en la última década. De las 99 restantes, al menos una docena más podrían cerrar en el futuro cercano.

Ante esta situación, varios estados han optado por subvencionar sus centrales nucleares, la más reciente en Nueva Jersey. Sin embargo, estas medidas son posiblemente soluciones temporales, dado que la central nuclear estadounidense media tiene 37 años.

Mientras tanto, los esfuerzos por construir nuevos reactores nucleares en este país se han cancelado o se han visto afectados por retrasos considerables y sobrecostes. No parece haber, en el horizonte previsible, innovaciones ni cambios de política que puedan dar un respiro a esta tecnología.

Junto con mis colegas, llevo investigando las perspectivas actuales y probables futuras de las tecnologías nucleares durante la última década. El argumento habitual del sector muletilla habitual es que sus problemas se deben a realidades económicas desafortunadas, a una política energética federal mal gestionada, a una regulación estricta y a la oposición organizada. En mi opinión, esto minimiza algunos errores de cálculo catastróficos por su parte.

Por supuesto, cada uno de los factores que lamenta el sector influye. Si el coste del gas natural y de las energías renovables se hubiera mantenido alto, es probable que se hubiera producido un modesto renacimiento en la construcción de centrales nucleares.

Aun así, veo problemas profundamente arraigados en el sector: una incapacidad para convencer a los responsables políticos de que puede contribuir a una transición energética baja en carbono, lo que le obliga a recurrir a otros discursos; la dificultad y el coste inherentes a la innovación nuclear; y el fracaso en mejorar la percepción pública.

Intentos de reorientación

Ahora que el sector atraviesa una situación crítica, se debate intensamente una serie de ideas para revitalizarlo tanto en el propio sector como en el Congreso. En mi opinión, mientras que algunas de estas ideas se basan en argumentos moderados y bien fundamentados, informados por la historia y la experiencia, otras son espurias o inadecuadas.

Por ejemplo, algunos defensores de la energía nuclear invocan la seguridad nacional en sus esfuerzos por asegurar importantes asignaciones presupuestarias. Estos defensores temen un mundo en el que China y Rusia lideren la tecnología nuclear y la exportación de centrales nucleares. En respuesta, algunos analistas han recomendado que el Departamento de Defensa invierta en revitalizar la industria nuclear civil de EE. UU.

Mi grupo de investigación ha estudiado en profundidad los méritos de este argumento y lo considera poco convincente. Además de los desafíos regulatorios y económicos que plantea un reactor diseñado para cumplir una misión de defensa, encargar al Departamento de Defensa la tarea de salvar la industria nuclear estadounidense plantea interrogantes muy preocupantes sobre su misión y su papel en la vida pública estadounidense.

Los defensores de la energía nuclear también proponen comercializar una nueva generación de tecnologías nucleares. Estos sistemas previstos serían más pequeños, más baratos o más seguros que los reactores actuales. Pero la innovación en energía nuclear es diferente de la de la mayoría de otros sectores. Se requieren aproximadamente 10.000 millones de USD para comercializar un nuevo sistema de energía nuclear, y el proceso requerirá sin duda la intervención del gobierno debido a la compleja infraestructura de pruebas necesaria y a la naturaleza delicada de la tecnología nuclear.

Nuestra investigación sugiere que los esfuerzos gubernamentales por estimular la innovación en este ámbito han carecido hasta ahora de financiación y de enfoque. Incluso si el gobierno federal —o un inversor extremadamente generoso— extendiera un cheque por esa cantidad, he llegado a sospechar que la probabilidad de éxito sería reducida.

Percepción pública

Mientras tanto, un pequeño número de partidarios de la tecnología defiende cambiar la misión de la Comisión Reguladora Nuclear para centrarse no solo en regular la seguridad de los reactores, sino también en promover la construcción de nuevos reactores nucleares en todo el país.

En mi opinión, esta idea evidencia un profundo desconocimiento de la historia de la tecnología y del desafío que supone la percepción pública. La investigación muestra que la energía nuclear sufre preocupaciones por la seguridad de una forma que otras fuentes de energía no padecen. Ya hace décadas, los investigadores destacaron que la energía nuclear genera temor en las personas porque perciben sus riesgos como desconocidos, inmediatos, incontrolables y potencialmente catastróficos.

Una explicación de este temor es la falta de confianza en los comunicadores de riesgos asociados al sector nuclear, como los funcionarios públicos y los científicos del sector. También existe la relación entre la radiación de un posible accidente nuclear y el cáncer, en sí mismo una enfermedad que genera temor.

Resulta muy preocupante que el sector no haya logrado resolver este desafío de percepción pública negativa durante las últimas cinco décadas. ¿Podría una nueva generación de tecnologías nucleares superar realmente parte del temor del público? A pesar de la enorme bibliografía sobre percepción pública y comunicación de riesgos, no he encontrado una respuesta convincente a esta pregunta.

La pérdida de la energía nuclear en EE. UU. tendrá profundas implicaciones medioambientales, al retrasar los esfuerzos nacionales por reducir los gases de efecto invernadero peligrosos hasta niveles insignificantes. En 2017, el sector nuclear estadounidense evitó 547,5 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono, al proporcionar más electricidad de bajas emisiones de carbono que la energía solar y eólica juntas.

Además, necesitaremos cada vez más fuentes fiables de electricidad baja en carbono: es probable que el mundo presencie una mayor electrificación en las próximas décadas mientras busca reducir drásticamente las emisiones.

Quienes nos preocupamos por la mitigación de los gases de efecto invernadero, como yo, deberíamos estar profundamente preocupados por el hecho de que la energía nuclear parece estar al borde del colapso en EE. UU.

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