Según nuevas investigaciones, la agricultura es, con diferencia, la principal causa de la deforestación; sin embargo, a menudo las tierras despejadas no se utilizan para cultivar ni criar ganado.
Los hallazgos tienen importantes implicaciones para los responsables de formular políticas que buscan depurar las cadenas de suministro de materias primas como la soja, la carne de vacuno y el aceite de palma.
Reforzar la gobernanza forestal y del uso del suelo en los países productores debe ser el objetivo último de cualquier respuesta normativa.
Detener la deforestación es crucial para reducir las emisiones de carbono y los efectos del cambio climático. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático determinó que el 23 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero entre 2007 y 2016 procedió de la agricultura y del cambio de uso del suelo, y aproximadamente la mitad se debió a la deforestación. El principal logro de la conferencia sobre el clima COP26, celebrada en noviembre de 2021, fue la Declaración de los Líderes de Glasgow sobre los Bosques y el Uso del Suelo, en la que 145 países, incluidos Estados Unidos, China y los Estados miembros de la UE, se comprometieron a detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación del suelo para 2030.
Como parte de los esfuerzos para cumplir este compromiso, los gobiernos de las principales regiones consumidoras de materias primas están elaborando leyes para depurar sus cadenas de suministro. La UE lidera la iniciativa con una propuesta de reglamento para prohibir la importación de materias primas producidas en tierras deforestadas —entre ellas la soja, la carne de vacuno y el aceite de palma—, que podría aprobarse a finales de 2022. Estados Unidos y el Reino Unido tienen propuestas similares.
Sin embargo, desde hace tiempo existe una considerable incertidumbre sobre la cantidad exacta de deforestación que puede atribuirse directamente a la expansión de la agricultura para producir materias primas. Una cifra citada con frecuencia es que la producción agrícola causa el 80 % de la deforestación tropical, pero ese estudio tiene más de diez años y desde entonces ha mejorado considerablemente la comprensión de las causas de la deforestación.
Desentrañar las cifras de la deforestación
Como equipo de investigación dirigido por Florence Pendrill, de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, hemos revisado las pruebas disponibles para ofrecer a los responsables de formular políticas mayor certeza sobre la deforestación impulsada por la agricultura y sus mecanismos. El estudio, publicado este mes en la revista Science , concluye que la agricultura impulsa la deforestación aún más de lo que se pensaba. Pero también reveló una sorpresa.
Nuestra revisión deja claro que la agricultura impulsa directa o indirectamente entre el 90 % y el 99 % de toda la deforestación en los trópicos. Sin embargo, lo que nos llamó la atención fue que una proporción comparativamente menor de la deforestación —entre el 45 % y el 65 %— da lugar a la expansión de la producción agrícola propiamente dicha en las tierras deforestadas. Este hallazgo es de suma importancia para diseñar medidas eficaces que reduzcan la deforestación y promuevan el desarrollo rural sostenible.
Las estimaciones anteriores de la superficie forestal convertida en tierras agrícolas en los trópicos variaban mucho: de 4,3 a 9,6 millones de hectáreas al año entre 2011 y 2015. Los resultados del estudio acotan el rango a entre 6,4 y 8,8 millones de hectáreas al año y ayudan a explicar la incertidumbre de las cifras.
Despejar tierras para nada
Una parte importante del rompecabezas es saber cuánta deforestación se produce «para nada». Aunque la agricultura es el motor último, a menudo se talan bosques y otros ecosistemas por especulación de tierras que nunca se materializa, por proyectos abandonados o mal concebidos, porque el terreno resulta inadecuado para el cultivo o debido a incendios que se propagan a los bosques vecinos de las zonas despejadas.
Comprender la importancia de estos factores es crucial, tanto para los responsables de formular políticas en los mercados consumidores que elaboran leyes sobre productos libres de deforestación como para los gobiernos de los países productores, responsables del desarrollo rural, y las iniciativas del sector privado centradas en materias primas específicas.
El estudio deja claro que un pequeño grupo de materias primas es responsable de la mayor parte de la deforestación vinculada a tierras agrícolas en producción activa: bastante más de la mitad está relacionada únicamente con los pastizales, la soja y el aceite de palma. Sin embargo, las iniciativas sectoriales tienen una capacidad limitada para abordar efectos indirectos como la especulación de tierras.

Reforzar la gobernanza en los países productores
Las iniciativas sectoriales para combatir la deforestación pueden ser muy valiosas, y las nuevas medidas para prohibir en los mercados consumidores la importación de materias primas vinculadas a la deforestación —como las que se negocian en la UE, el Reino Unido y Estados Unidos— representan un gran avance respecto a los esfuerzos, en gran medida voluntarios, realizados hasta ahora para combatirla.
Sin embargo, como muestra nuestro estudio, reforzar la gobernanza forestal y del uso del suelo en los países productores debe ser el objetivo último de cualquier respuesta normativa. Las medidas relativas tanto a las cadenas de suministro como a la demanda deben diseñarse de modo que también aborden las formas subyacentes e indirectas en que la agricultura está vinculada a la deforestación. Deben impulsar mejoras en el desarrollo rural sostenible; de lo contrario, es probable que las tasas de deforestación sigan siendo persistentemente altas en muchos lugares.
El estudio señala la necesidad de políticas que vayan más allá de la gestión de riesgos para materias primas específicas, y avancen hacia asociaciones entre los mercados productores y consumidores y los gobiernos. Estas deberían incluir incentivos que hagan que la agricultura sostenible resulte económicamente atractiva, al tiempo que desincentiven nuevas conversiones de tierras y apoyen a los pequeños agricultores vulnerables. El sector privado tiene un papel importante que desempeñar en el apoyo a estas reformas. También hace falta centrarse más en los mercados nacionales, ya que suelen ser los principales motores de la demanda de muchas materias primas, mediante asociaciones entre empresas, gobiernos y la sociedad civil en las jurisdicciones productoras.
Cerrar las brechas de datos pendientes
El estudio destaca tres grandes lagunas en las que se necesitan más pruebas para orientar los esfuerzos de reducción de la deforestación. En primer lugar, faltan datos mundiales coherentes sobre la deforestación, por lo que no tenemos certeza sobre las tendencias generales de conversión. En segundo lugar, carecemos de datos sobre otras materias primas, como el cacao y el café. En tercer lugar, se sabe poco sobre los bosques tropicales secos y los bosques de África, una posible nueva frontera de la deforestación.
Lo más preocupante, dada la urgencia de la crisis, es que cada una de estas lagunas de información supone un obstáculo importante para nuestra capacidad de reducir la deforestación de la manera más eficaz, al conocer dónde se concentran los problemas y comprender el éxito de los esfuerzos realizados hasta la fecha. Dada la importancia crucial de frenar la deforestación para mitigar las crisis climática y de biodiversidad, y ayudar a mejorar los medios de vida de millones de personas en todo el mundo, es fundamental abordar estas lagunas de información.
La Declaración de Glasgow reconoció la importancia de abordar conjuntamente las crisis climática y de pérdida de biodiversidad, al establecer un nuevo nivel de ambición para combatir la deforestación y promover la agricultura sostenible. Es primordial que los responsables de formular políticas den prioridad al cumplimiento de esta ambición.




