Singapur ha puesto en marcha una campaña de reforestación tras perder enormes extensiones de hábitats de manglar durante el último siglo.
El país planea plantar 1 millón de árboles en 10 años para mejorar las condiciones de vida de la fauna silvestre y las personas.
El programa comenzó en marzo de 2020 y, para octubre de 2021, ya se habían plantado 51.819 árboles.
Uno de los objetivos del proyecto es que todos los hogares de Singapur estén aproximadamente a 10 minutos a pie de un parque.
Un experto señala que los proyectos de reforestación deben asegurarse de plantar las especies adecuadas en los lugares correctos.
Tumbado en el blando lodo limoso, el fósil viviente parecía no tener ninguna preocupación mientras se daba un festín con los peces que habían quedado varados en las pozas mareales de los manglares de los humedales de Sungei Buloh. Sin embargo, el cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus) quizá se habría sentido menos tranquilo si hubiera sabido que durante el último siglo se ha perdido casi el 90 % de su hábitat de manglar en Singapur.
Ahora Singapur busca revertir esta pérdida con una ambiciosa campaña de reforestación. En agosto de 2020, el Gobierno de Singapur anunció la creación de la nueva red de parques de Sungei Buloh, un parque de 990 acres en la zona norte de la isla que sirve de lugar de reabastecimiento para las aves migratorias y alberga cálaos orientales, nutrias, cocodrilos de agua salada y muchas otras especies.
Sungei Buloh forma parte de un proyecto más amplio que tiene como objetivo plantar 1 millón de árboles durante los próximos 10 años. El Gobierno busca mejorar la calidad del hábitat para la fauna silvestre de la ciudad-Estado y, al mismo tiempo, las condiciones de vida de sus habitantes.
Los manglares son un hábitat importante
La Reserva de Humedales de Sungei Buloh tiene una historia notable. Allí se descubrieron por primera vez, en la década de 1990, las nutrias lisas de Singapur (Lutrogale perspicillata), después de que se las considerara extintas en el país; allí también se encuentra el árbol Ojo del Cocodrilo (Bruguiera hainesii), en peligro crítico de extinción. La ciudad-Estado alberga 11 de los últimos 200 árboles que quedan en el mundo.
La Reserva de Humedales de Sungei Buloh también es una parada importante para las aves acuáticas migratorias que vuelan desde Rusia y Alaska hasta Australia y Nueva Zelanda por la ruta migratoria de Asia Oriental-Australasia. Al crear la red de parques de Sungei Buloh, Singapur prácticamente triplica la superficie del área protegida que incluye la reserva. Este nuevo parque busca proteger la biodiversidad de varias zonas, entre ellas los pantanos de Kranji, los manglares y la llanura de marea de Mandai, y el parque natural costero de Lim Chu Kang, que pertenece al Estado. En este mosaico de hábitats, los investigadores han registrado 279 especies de aves. Estas zonas abarcan muchos tipos de ecosistemas; el parque natural de Lim Chua Kang, por sí solo, cuenta con hábitats de manglar, bosque, matorral y pastizal, y su diversidad ha atraído aves costeras como el pigargo de cabeza gris (Ichthyophaga ichthyaetus) y el tejedor baya (Ploceus philippinus).
Dan Friess, profesor de Geografía de la Universidad Nacional de Singapur, lleva 11 años estudiando los manglares del país y dirige el Laboratorio de Manglares de la universidad, dedicado al estudio de los humedales costeros del Sudeste Asiático. Afirma que los manglares de Singapur tienen un impacto ecológico desproporcionado.
«Los manglares de Singapur tienen un impacto muy superior a lo que cabría esperar por su tamaño», dijo Friess a Mongabay. «Solo tenemos una pequeña superficie de manglares, pero allí hay una enorme biodiversidad. Por ejemplo, en Estados Unidos solo hay tres especies de plantas de manglar, mientras que en los manglares de Singapur se pueden encontrar 35 especies distintas de plantas».
Los manglares de Singapur son relativamente accesibles, lo que los convierte en un laboratorio vivo para los investigadores, que han descubierto muchos de sus secretos tras décadas de estudio.
«Solo en los manglares de Mandai, los investigadores han encontrado 20 especies nuevas para la ciencia», dijo Friess.
Los investigadores también han descubierto que los humedales de Sungei Buloh y la llanura de marea cercana de Mandai son interdependientes: las semillas viajan desde los manglares de Mandai hasta los humedales de Sungei Buloh, y ambos son partes importantes del hábitat de las aves limícolas migratorias. Los censos de aves y la tecnología de seguimiento por satélite muestran que las aves descansan en Sungei Buloh y se alimentan de moluscos, crustáceos y gusanos en Mandai cuando la extensa llanura de marea queda expuesta durante la marea baja.
Actualmente, los visitantes pueden contemplar los humedales de Sungei Buloh desde pasarelas y torres de observación; a partir de 2022, el público también podrá observar aves migratorias desde escondites situados cerca de la llanura de marea de Mandai. Quienes estén interesados también podrán recorrer el nuevo parque natural costero de Lim Chua Kang, donde está previsto que un edificio colonial histórico de 1910, situado al final de un embarcadero, se convierta en un centro educativo.
Ayudarnos ayudando al bosque
Como ciudad-Estado con recursos de suelo limitados, Singapur lleva mucho tiempo dividido entre el desarrollo urbano y la protección de la naturaleza. En el siglo XIX perdió gran parte de sus bosques primarios debido a la tala; un siglo después, el rápido crecimiento de la población y el acelerado desarrollo urbano hicieron que se talaran árboles para ganar terreno al mar y construir embalses que garantizaran el suministro de agua.
Esta expansión ha perjudicado enormemente a los manglares de la región. En 1953, los bosques de manglar de Singapur cubrían unos 63,4 kilómetros cuadrados (24,5 millas cuadradas); para 2018, los investigadores estiman que la cifra se había reducido a 8,1 km2 (3,1 mi2), una pérdida de más del 87 %. El país trabaja ahora para compensar esas pérdidas, transformando zonas industriales y de infraestructura en paisajes de aspecto natural. La Junta de Parques Nacionales (NParks) ya ha tenido cierto éxito en este ámbito: convirtió un canal de hormigón brutalista para aguas pluviales que atravesaba una zona residencial en una llanura aluvial natural cubierta de hierba para gestionar la escorrentía urbana, y restableció los manglares de Sungei Api Api y Pulau Semakau.
El proyecto Un millón de árboles, puesto en marcha el 4 de marzo de 2020, incluye la restauración de bosques tanto del interior como de manglar. A fecha de octubre, se habían plantado 51.819 árboles. NParks ha seleccionado cuatro variedades autóctonas de especies arbóreas costeras y de manglar negro para las labores de reforestación: Palaquium obovatum, Buchanania arborescens, Fagraea auriculata y Sindora wallichii. Las dos últimas especies se consideran en peligro crítico de extinción en Singapur.
Los árboles proceden de las reservas de árboles de Singapur, que incluyen viveros y ejemplares rescatados de obras de construcción. En los próximos 15 años podrían retirarse hasta 13.000 árboles para dar paso a proyectos de transporte y vivienda en Singapur, pero el Gobierno ha declarado que replantará un árbol por cada árbol que retire. Los árboles de estas reservas se destinarán a los parques de Singapur, los terrenos universitarios, los jardines en azoteas, los bordes de las carreteras y las islas periféricas. También se utilizarán para ayudar a crear 26 jardines terapéuticos en toda la ciudad, dirigidos a la población singapurense de edad avanzada. Para cuando el proyecto Un millón de árboles concluya oficialmente en 2030, se espera que todos los hogares de Singapur estén a solo 10 minutos a pie de un parque.
En los parques, los jardineros de la ciudad han estado plantando especies que enriquecen el suelo y fijan nitrógeno, como petai (Parkia speciosa) y el árbol saltamontes gigante (Archidendron clypearia); árboles frutales como la esterculia común (Sterculia parviflora) y el kumpang (Horsfieldia irya); y árboles que atraen a los polinizadores, como pulai penipu paya (Alstonia angustifolia). También han ayudado a regenerar la selva tropical eliminando especies de malezas invasoras.
El Gobierno espera que reverdecer la ciudad también ayude a mitigar el efecto de «isla de calor» generado por el pavimento y los rascacielos, que absorben y emiten radiación solar y elevan la temperatura del núcleo urbano de Singapur. Los investigadores han observado que puede haber una diferencia de temperatura de hasta 12,6 °F entre el centro de Singapur y sus zonas menos urbanizadas.
Los manglares proporcionan numerosos servicios ecosistémicos a las comunidades humanas. Pueden ayudar a detener la erosión del suelo al sujetarlo con sus raíces y reducir el impacto de las olas en la costa. Además, como los manglares pueden atrapar sedimentos entre sus raíces y crear su propio suelo, los investigadores afirman que podrían ayudar a mantener ciudades costeras como Singapur por encima del agua a medida que suba el nivel del mar debido al calentamiento global. (Sin embargo, los estudios muestran que los manglares quizá no puedan mantener el ritmo si las emisiones de gases de efecto invernadero se aceleran y hacen que el nivel del mar suba demasiado rápido).
Los árboles desempeñan un papel importante en la creación de un entorno habitable, afirma Adrian Loo, director del Grupo de Conservación de NParks. «Actúan como filtros naturales del aire, reflejan el calor radiante y enfrían las superficies, y [proporcionan] temperaturas ambientales agradables gracias a la sombra y la evapotranspiración; además, ayudan a mitigar el efecto de isla de calor urbana y el cambio climático», dijo. «Los bosques saludables también contribuyen a regular el ciclo del agua, ralentizan las crecidas y limpian el agua que fluye hacia los cursos de agua».
La ciudad también planea más que duplicar la extensión de sus «Vías Naturales», cuyo objetivo es refrescar las calles y hacerlas más atractivas, a la vez que reproducen parte del valor de los bosques como hábitat mediante la plantación de árboles, arbustos y cubresuelos a lo largo de las aceras.
«La plantación a lo largo de estas Vías Naturales [está] pensada no solo para refrescar el entorno (con un índice de área foliar más alto), sino también para atraer mariposas, aves de jardín y pequeños mamíferos, e incorporar biodiversidad y naturaleza al paisaje urbano», dijo Loo.
Campeones del almacenamiento de carbono
Restaurar los manglares tiene otro beneficio que trasciende el ámbito local: sanar el clima mundial. Extraer el exceso de carbono de la atmósfera mediante la reforestación es una estrategia clave de los esfuerzos multinacionales para frenar el cambio climático. Además, las investigaciones indican que, a igualdad de peso, los manglares pueden secuestrar mucho más carbono que las selvas tropicales.
«Los manglares pueden almacenar entre tres y cinco veces más carbono por hectárea que otros tipos de bosque», dijo Friess.
¿Por qué son tan buenos los manglares almacenando carbono? Friess explicó que se debe a que son especialmente eficaces para retener carbono en el suelo.
«En un bosque normal, las hojas y las ramas mueren, caen al suelo del bosque y las bacterias y los hongos las descomponen rápidamente, liberando el carbono de nuevo a la atmósfera», dijo Friess. «Los suelos de los manglares están anegados, por lo que albergan una comunidad microbiana distinta; así, la materia orgánica no se descompone y el carbono permanece retenido en el suelo».
Friess y sus colegas descubrieron que, incluso con su extensión reducida actual, los manglares de Singapur almacenaban 450.571 toneladas métricas de carbono. Sin embargo, esa cantidad no basta para compensar las emisiones de la ciudad-Estado. Un informe de la Agencia Nacional del Medio Ambiente señala que la ciudad-Estado emitió 48,6 millones de toneladas de CO2 en 2014, el último año del que se dispone de datos.
Friess afirma que el hecho de que estos manglares sigan existiendo en metrópolis modernas como Singapur le da esperanzas de que puedan perdurar y recuperarse también en otras ciudades costeras.
«Esto da una idea de lo resilientes que son y de su capacidad para adaptarse a estas condiciones urbanas modificadas», dijo.
El profesor Lian Pin Koh, científico especializado en conservación y director del nuevo Centro de Soluciones Climáticas Basadas en la Naturaleza de la Universidad Nacional de Singapur, afirma que las medidas naturales, como la reforestación, son sumamente importantes porque pueden aplicarse de inmediato.
«La naturaleza ya ha llevado a cabo la investigación y el desarrollo, ha demostrado la viabilidad del concepto e incluso ha implementado a gran escala la captura y el almacenamiento de carbono», dijo Koh. «A las soluciones artificiales aún les faltan muchos años, quizá incluso décadas, para ser comercialmente viables y operativas a gran escala».
A la hora de evaluar el éxito de proyectos de reforestación como Un millón de árboles, Jurgenne Primavera, ex copresidenta del Grupo de Especialistas en Manglares de la UICN, prefiere centrarse en la ciencia y la ecología en lugar de en los objetivos o las cuotas. Según dijo, los problemas de los proyectos de reforestación suelen surgir cuando se plantan las especies equivocadas en los lugares incorrectos. Sin embargo, añade que hay señales clave que indican que la reforestación se ha llevado a cabo de manera eficaz.
«Altas tasas de supervivencia y crecimiento, y bosques saludables con las especies arbóreas correctas», dijo Primavera a Mongabay. «En el caso de los manglares, por ejemplo, serían Avicennia marina y Sonneratia alba a lo largo de costas expuestas al mar abierto. Para las especies terrestres, serían especies autóctonas y no exóticas».
Para proteger los árboles, NParks realiza inspecciones periódicas y ofrece talleres sobre buenas prácticas a organizaciones de toda la isla. Sin embargo, Adrian Loo dijo que, para que el proyecto Un millón de árboles se considere eficaz, todos deben participar: «El éxito del proyecto también se mide por nuestra capacidad para inculcar en los singapurenses un sentido de responsabilidad hacia nuestros árboles y el medio ambiente».






