La mayoría de los buques dedicados al transporte marítimo utilizan combustibles fósiles y generan un nivel de emisiones equivalente al de toda Alemania.
Según los expertos, el transporte marítimo internacional debe reducir sus emisiones en un tercio esta década y encaminarse hacia las cero emisiones antes de 2050.
Es posible mejorar las operaciones y la eficiencia del transporte marítimo reduciendo la velocidad, usando cometas y velas y conectándose a la red eléctrica cuando los buques están en puerto.
También es fundamental acelerar el despliegue de combustibles sin emisiones, como el hidrógeno y el amoníaco.
El transporte marítimo internacional es una parte esencial de la economía mundial: el 90 % del comercio mundial se transporta por mar. Sin embargo, casi todos los buques utilizan combustibles fósiles, por lo que el sector también es un importante emisor de gases de efecto invernadero, con emisiones similares a las de toda la nación de Alemania.
Los avances en la reducción de emisiones del transporte marítimo han sido lentos. De hecho, las emisiones no son ahora menores que hace diez años. El historial del sector está bajo escrutinio en la COP26, la última cumbre climática de la ONU, celebrada en Glasgow. La Organización Marítima Internacional (OMI), el organismo de la ONU encargado de desarrollar la estrategia del transporte marítimo internacional para combatir el cambio climático, tiene el objetivo de reducir las emisiones un 50 % para 2050. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, criticó este objetivo y sostuvo que los compromisos de la OMI no están en consonancia con la meta del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, sino que son «más compatibles con un calentamiento superior a 3 °C».
Entonces, si esto no es lo bastante ambicioso, ¿qué lo sería? Nos propusimos responder a esta pregunta en un nuevo estudio. Descubrimos que el transporte marítimo internacional debe cambiar radicalmente de rumbo. Debe reducir sus emisiones en un tercio esta década y encaminarse hacia las cero emisiones antes de 2050.
El estudio se basa en el concepto de presupuestos de carbono. Un presupuesto de carbono establece el límite de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono (CO₂) necesario para mantener el calentamiento global dentro de un objetivo de temperatura determinado. Calculamos el presupuesto mundial de carbono para mantener el calentamiento global por debajo del objetivo de 1,5 °C acordado en París en 2015 y asignamos una parte justa de ese presupuesto al sector del transporte marítimo internacional. La investigación mostró posibles trayectorias futuras para el sector compatibles con este presupuesto, representadas por las líneas verde, amarilla y roja del gráfico siguiente.
Este gráfico muestra dos puntos principales.
En primer lugar, los objetivos actuales de la OMI permitirían más del doble de las emisiones que puede generar el transporte marítimo si ha de contribuir de manera justa al cumplimiento de los objetivos de París. Es urgente revisar estos objetivos.
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En segundo lugar, si se aplazan las reducciones de emisiones, las trayectorias posteriores hacia las cero emisiones deberán ser mucho más pronunciadas para mantenerse dentro del presupuesto de carbono. La trayectoria con un largo retraso, compatible con el objetivo actual de la OMI, aumentaría drásticamente el ritmo al que el sector tendría que reducir sus emisiones en la década de 2030: hasta un 15 % al año. Para ponerlo en contexto, los múltiples confinamientos impuestos en todo el mundo durante la pandemia solo redujeron las emisiones del transporte marítimo en alrededor de un 7 % en 2020.
Todos a una
Estas trayectorias pronunciadas suponen un problema particular para el sector del transporte marítimo. Los buques se utilizan durante un promedio de más de 25 años. La renovación de las flotas es lenta. Además, las inversiones necesarias en nuevos buques e infraestructura terrestre para los combustibles sin carbono son colosales.
Sería muy imprudente confiar en trayectorias de descarbonización del transporte marítimo que duraran menos de 25 años. La inacción de las décadas anteriores ha tenido un costo. Ya no es posible seguir demorando la acción. Actuar de inmediato es ahora la única opción compatible con mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C.
La OMI debe fijar nuevos objetivos y políticas lo antes posible, con reducciones importantes de las emisiones esta década. El sector tendrá que reducir sus emisiones alrededor de un 34 % para 2030 para encaminarse hacia las cero emisiones antes de 2050.
Todo esto resulta abrumador, pero hay motivos para el optimismo. Las tecnologías y prácticas necesarias ya existen para cumplir los objetivos. Podemos mejorar las operaciones y la eficiencia del transporte marítimo, por ejemplo, reduciendo la velocidad para ahorrar combustible, usando cometas y velas en el mar y conectándose a la red eléctrica cuando los buques están en puerto. El otro componente clave es acelerar, durante la década de 2030, el despliegue de combustibles sin emisiones, como el hidrógeno y el amoníaco, en buques nuevos y existentes.
También crece la presión política para adoptar medidas más ambiciosas. Los propietarios de carga muestran cada vez más interés en cadenas de suministro con bajas emisiones de carbono, y Amazon e Ikea han anunciado que solo utilizarán buques sin emisiones para 2040. Un grupo de 190 organizaciones del sector ha firmado un llamamiento a la acción antes de la COP26, instando a los gobiernos a fijar el objetivo de alcanzar las cero emisiones para 2050. Las Islas Marshall proponen un impuesto a la contaminación de 100 dólares estadounidenses por tonelada para que los combustibles más limpios puedan competir con el gasóleo no gravado y financiar la descarbonización del transporte marítimo en los países en desarrollo. Además, 14 países, entre ellos Estados Unidos y el Reino Unido, firmaron recientemente una declaración en la que se comprometen a trabajar con la OMI para lograr que el transporte marítimo internacional no genere emisiones para 2050, con «reducciones significativas» en la década de 2020.
Aunque existen soluciones y crece la voluntad política, los avances en la OMI son notoriamente lentos. La COP26 pondrá al sector del transporte marítimo bajo la atención que tanto necesita. En una reunión posterior en noviembre de 2021, la OMI debatirá planes para revisar su estrategia climática en 2023.
Ya no es aceptable seguir demorando la acción. La nueva estrategia de la OMI debe corregir el rumbo con urgencia para que las emisiones del transporte marítimo lleguen a cero antes de 2050.







