Este es el plan secreto de la ONU para salvar el mundo

Christian LaVallee prepares solutions for polymerase chain reaction (PCR) tests at the Health Protection Agency in north London March 9, 2011. For decades scientists have managed to develop new medicines to stay at least one step ahead of the ever-mutating enemy, bacteria. Now, though, we may be running out of road. Methicillin-resistant Staphylococcus aureus, commonly known as MRSA, alone is estimated to kill around 19,000 people every year in the United States -- far more than HIV and AIDS -- and a similar number in Europe, and other drug-resistant superbugs are spreading. Picture taken March 9, 2011. To match Special Report ANTIBIOTICS/ REUTERS/Suzanne Plunkett (BRITAIN - Tags: HEALTH SCI TECH) - RTR2KMWN
The 17 SDGs constitute an ambitious agenda to address everything from gender equity to sustainable cities and climate change.Image: REUTERS/Suzanne Plunkett
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En el ejemplo más reciente del apoyo popular a la ciencia, decenas de miles de personas de todo el mundo marcharon para defender una visión del mundo basada en hechos, no en ficción. Entienden que la ciencia podría salvar realmente el mundo, porque puede ayudarnos a resolver nuestros mayores problemas de salud y desarrollo.

Estos problemas están en el centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones UnidasObjetivos de Desarrollo Sostenible, que la comunidad internacional acordó en 2015 con el objetivo de crear un planeta más próspero, equitativo y saludable para 2030. Los 17 ODS, que incluyen 169 metas individuales, constituyen una agenda ambiciosa para abordar desde la equidad de género hasta las ciudades sostenibles y el cambio climático. En conjunto, ofrecen una visión inclusiva del desarrollo sostenible para el siglo XXI.

Pero la exhaustividad puede ir en detrimento de una acción eficaz. Pocas personas son capaces de nombrar todos los ODS, y menos aún de explicar cómo puede alcanzarlos cada país en los próximos 13 años. Expertos de todo el mundo —incluidos todos los que se han reunido esta semana en Nueva York para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos— están lidiando con metas u objetivos concretos. Sin embargo, integrar estos esfuerzos sigue siendo un desafío formidable. Para que nuestros líderes hagan realidad el mundo que los ODS imaginan, necesitarán una hoja de ruta que les permita recorrer el complejo terreno de la formulación de políticas.

Los científicos están bien posicionados para proporcionar esta hoja de ruta, porque saben formular las preguntas adecuadas, diseñar experimentos, extraer conclusiones basadas en pruebas y aplicar nueva información a los conocimientos existentes. Y, además, disfrutan compartiendo sus hallazgos con los demás.

El Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) reunió recientemente a 22 científicos de diversos campos —entre ellos, oceanografía, epidemiología, agronomía y economía de la energía— para elaborar recomendaciones específicas sobre los ODS que los líderes mundiales pudieran seguir. Al estudiar cómo se relacionan entre sí los distintos objetivos y metas, desarrollamos un marco analítico independiente para ayudar a los líderes a priorizar políticas en sus propios países.

Algunos ODS tienen relaciones de refuerzo mutuo, de modo que alcanzar uno facilita la consecución de otros. Al mismo tiempo, algunos ODS pueden entrar en conflicto si el progreso en un ámbito se produce a expensas de otros. Aunque desde hace mucho sabemos que los ODS interactúan entre sí, el estudio del ICSU es el primero en cuantificar sistemáticamente estas interacciones.

Por ejemplo, seleccionamos los cuatro ODS relacionados con el hambre, la salud, la energía y los océanos, y luego identificamos todas las interacciones posibles entre ellos y los demás objetivos y metas. Después elaboramos una escala de siete puntos, que va de +3, cuando un objetivo o una meta refuerza firmemente a otro, a -3, cuando alcanzar un objetivo hace prácticamente imposible lograr otro.

Image: Consejo Internacional para la Ciencia

Al aplicar esta escala a distintas relaciones entre los ODS, pudimos responder algunas preguntas importantes. Por ejemplo, pudimos determinar si proteger los océanos frenaría el crecimiento económico y el desarrollo urbano en un país o región determinados. También pudimos determinar si aumentar la producción agrícola dificultaría la gestión de los recursos naturales, o si ampliar las fuentes de energía renovable agotaría el suministro de agua en regiones ya áridas.

Un hallazgo alentador es que la mayoría de las metas de los ODS se refuerzan entre sí. Por ejemplo, ayudar a las personas más pobres del mundo a dejar de usar combustibles tradicionales, como la leña, el carbón vegetal y el estiércol animal, contribuiría en gran medida a reducir las muertes y enfermedades causadas por la contaminación del aire, sobre todo entre las mujeres y los niños.

Y cuando distintos objetivos no están alineados, los responsables de formular políticas pueden hacer los ajustes necesarios. Por ejemplo, descubrimos que el aumento de la producción agrícola puede dañar los océanos si incrementa la escorrentía de nutrientes y otras formas de contaminación; esto, a su vez, podría perjudicar la salud y la seguridad alimentaria a largo plazo.

Además, nuestro enfoque aportó beneficios que iban más allá de los hallazgos cuantitativos inmediatos, pues unió a científicos de distintas disciplinas en torno a un objetivo común. No fue una tarea fácil: los científicos analizan la información de manera crítica y no siempre están de acuerdo entre sí. Pero, dada la enorme amplitud de los ODS, los participantes tuvieron que resolver sus diferencias y desarrollar un lenguaje común para idear el mejor camino a seguir. Romper los compartimentos estancos entre disciplinas y reunir voces diversas constituye en sí mismo un logro significativo. Puede servir de ejemplo para los líderes de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil.

Entonces, ¿qué hacemos ahora? Nuestro marco analítico puede ayudar a los países a determinar qué ODS benefician a otros y cuáles no. Gracias a él, los responsables de formular políticas pueden priorizar objetivos e inversiones; cartografiar los recursos existentes e identificar déficits presupuestarios; y establecer mecanismos para compartir datos e información entre sectores.

En términos más generales, cada país tendrá que supervisar su avance hacia cada ODS y revisar su enfoque según sea necesario. Esto exigirá diligencia por parte de todos los responsables de formular políticas. Pero el posible rendimiento de la inversión —entre otras cosas, un planeta mejor para las generaciones venideras— es enorme.

Está por verse si la ciencia realmente salvará el mundo. Pero hay algo que sabemos: los científicos pueden señalarnos el camino correcto.

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