Desde los albores de la historia, las sociedades humanas han atribuido estatus sagrado a ciertos lugares. Áreas como los cementerios ancestrales, los templos y los cementerios parroquiales han recibido protección mediante el tabú y la creencia religiosa. Como muchos de estos lugares han sido gestionados cuidadosamente durante muchos años, se ha producido un efecto secundario interesante: los sitios suelen conservar más de su condición natural que las zonas circundantes utilizadas para la agricultura o el asentamiento humano. Por ello, a menudo se les denomina “sitios naturales sagrados” (SNS).
Hoy, dado que muchos otros hábitats naturales se han degradado, los investigadores de todo el mundo se interesan cada vez más por el papel de los SNS en la conservación de la biodiversidad. La mayoría de los sistemas de creencias del mundo, incluido el cristianismo, otorgan a determinados lugares un estatus sagrado. En la Europa mediterránea, por ejemplo, los terrenos de las iglesias, junto con sus antiguos árboles asociados, se han convertido en SNS importantes.
Uno de los mejores ejemplos se encuentra en la región montañosa de Epiro en el noroeste de Grecia. En los municipios de Zagori y Konitsa, casi todos los pueblos tienen uno o más bosquecillos sagrados. Estos lugares han estado protegidos durante cientos de años por sistemas de creencias religiosas.
Los bosquecillos son bosques protectores situados cuesta arriba desde el pueblo, o grupos de árboles maduros que rodean iglesias periféricas, monumentos u otras obras de arte religioso. Actividades como la tala de árboles o el pastoreo de ganado han estado prohibidas o estrictamente reguladas en estos lugares (y desobedecer estas prohibiciones en ocasiones conllevaba la excomunión).
Hemos estado estudiando recientemente estos SNS griegos como parte de nuestro proyecto SAGE (SAcred Groves of Epirus). Nuestro equipo quería averiguar, mediante un enfoque de investigación riguroso, si los SNS son más biodiversos que otras zonas forestales y, en caso afirmativo, qué lecciones podrían extraer de ello los conservacionistas.
Para ello, nuestro grupo internacional y multidisciplinar ha completado recientemente la primera investigación sistemática replicada del mundo sobre las afirmaciones de que las zonas conservadas como SNS son más biodiversas para distintos tipos de plantas y animales.
Para nuestro estudio publicado recientemente, seleccionamos ocho SNS en Epiro que abarcaban una amplia gama de condiciones ambientales. Cada uno se emparejó estrechamente con un bosque “de control” no sagrado cercano que había sido gestionado de forma convencional, a veces mediante regeneración natural. A continuación, realizamos un inventario detallado en cada lugar de ocho grupos diferentes de organismos. Estos abarcaban desde hongos y líquenes, pasando por plantas herbáceas y leñosas, hasta nematodos, insectos, murciélagos y aves paseriformes.
Descubrimos que los SNS presentan, efectivamente, una ventaja de biodiversidad pequeña pero persistente. Esta se manifiesta de varias formas, sobre todo mediante la existencia de comunidades de especies más diferenciadas entre los bosquecillos sagrados que en los lugares de control (este fenómeno se conoce como diversidad beta).
El grupo con una biodiversidad notablemente mayor en los SNS que en los lugares de control fueron los hongos. Estos suelen crecer en madera muerta o en árboles viejos, que normalmente se eliminan en los bosques gestionados de forma convencional. De las especies de aves paseriformes (grupo que incluye numerosas aves canoras) designadas como de especial importancia para la conservación a nivel europeo, encontramos el doble de especies presentes en los SNS que en los lugares de control.
Dado que estos lugares sagrados suelen ser bastante pequeños, a menudo se dice que sus beneficios para la conservación son marginales. Sin embargo, descubrimos que la influencia del tamaño es relativamente débil: incluso los SNS pequeños pueden desempeñar un papel significativo en la conservación de la biodiversidad.
Conservación de los lugares sagrados
Pero los lugares sagrados de Epiro están ahora en peligro. Las normas que vinculaban creencias y conservación, y que en su día protegían los SNS, se han vuelto difíciles de hacer cumplir debido a los cambios demográficos y en el uso del suelo. Ya no se reconoce el valor de los bosques que protegen de los deslizamientos de tierra e inundaciones.
El valor de los SNS no reside únicamente en el terreno sagrado en sí: estos lugares pueden actuar como núcleo alrededor del cual puede expandirse la biodiversidad. En Epiro, los bosques se han regenerado alrededor de muchos de los lugares que estudiamos durante los últimos 70 años, a pesar de que el ser humano cultiva la tierra. Cabe señalar que esto puede aumentar riesgos como los incendios, ya que los bosques mediterráneos jóvenes y densos son muy inflamables.
Es evidente que los SNS, ya bien conservados, son de gran importancia ambiental en todo el mundo. Por tanto, el siguiente paso es integrar estos lugares en los esquemas de conservación convencionales. Pero es fundamental que dichas estrategias estén estrechamente alineadas con el estatus cultural de los SNS. Las comunidades locales suelen estar muy motivadas para mantener sus lugares sagrados y los sistemas de creencias asociados, pero carecen de los recursos necesarios para hacerlo. Un enfoque plenamente colaborativo entre los profesionales de la conservación y las comunidades locales podría ofrecer una solución que conserve tanto la biodiversidad como los valores culturales locales.






