Por qué es hora de cambiar la forma en que hablamos del cambio climático

The sign for the town of Lytton, where a wildfire raged through and forced residents to evacuate, is seen in Lytton, British Columbia, Canada July 1, 2021. REUTERS/Jennifer Gauthier - RC2PBO9GJ2NE
Lytton, British Columbia, hit 49.5 C, breaking all-time temperature records.Image: REUTERS/Jennifer Gauthier
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  • El oeste de Canadá y Estados Unidos sufren actualmente una ola de calor impulsada por el clima.

  • En la Columbia Británica, las temperaturas alcanzaron los 49,5 °C, batiendo todos los récords históricos.

  • Los científicos llevan advirtiendo desde hace más de 40 años sobre la relación entre los episodios de calor más largos e intensos y el cambio climático.

  • La comunicación sobre estos temas es fundamental, pero deberíamos centrarnos más en las soluciones, especialmente en lo que pueden hacer las personas y las comunidades.

Nueva normalidad. Récord tras récord. Sin precedentes.

En los últimos días, mientras el oeste de Canadá y Estados Unidos se han visto azotados por una crisis de calor impulsada por el clima, se han empleado todo tipo de superlativos para describir temperaturas nunca vistas: la comunidad de Lytton, en la Columbia Británica, registró la asombrosa cifra de 49,5 °C el 29 de junio, batiendo los récords históricos de temperatura tres días seguidos.

Es comprensible que la gente se sienta conmocionada y asustada ante esas cifras. Pero ¿debería haber sorprendido? No. Los científicos llevan advirtiendo sobre la relación entre los episodios de calor más largos e intensos y el cambio climático desde hace más de 40 años. El lenguaje de «normales» y «nuevos récords» se está volviendo rápidamente carente de sentido.

Pero la idea de que la humanidad debería haberlo sabido, o debería haber hecho algo antes frente a la crisis —que deberíamos avergonzarnos por nuestra falta de acción— no ayuda a afrontar la crisis climática.

Hablar del clima

Entonces, ¿cuál es un enfoque mejor y más útil para comunicar el cambio climático?

Lo primero que hay que hacer es dedicar más tiempo a hablar del cambio climático. Hay muy poco debate en torno a este asunto en la esfera pública. El calentamiento global es la mayor emergencia a la que se ha enfrentado jamás el planeta, pero eso no se percibe al leer o escuchar las noticias.

El año pasado, las noticias sobre el cambio climático representaron apenas el 0,4 % de toda la cobertura informativa de las principales cadenas de televisión de Estados Unidos. En 2019, fue el 0,7 %. Incluso en plena ola de calor sin precedentes que se extiende desde California hasta el Yukón, las referencias al cambio climático son escasas.

Modelo del déficit de información

Irónicamente, uno de los mayores puntos ciegos tiene que ver con la forma en que se comunica al público la información sobre este asunto.

El enfoque convencional se basa en lo que se conoce como el «modelo de déficit de información». El modelo de déficit parte del supuesto de que las personas tomarán medidas frente al cambio climático si disponen de más información al respecto.

Este enfoque basado en la información ha dado forma a todo tipo de comunicaciones, desde los anuncios de seguridad pública sobre el consumo de alcohol y la conducción hasta la cobertura informativa sobre el clima y otras cuestiones importantes.

Por desgracia, la relación entre lo que la gente sabe y cómo actúa no siempre es lineal. Proporcionar más datos a alguien que está muy motivado políticamente para negar el cambio climático no lo convencerá de prestar más atención al problema.

El cambio climático es una historia difícil de asimilar. Puede parecer demasiado grande, demasiado aterrador y demasiado difícil de resolver para cualquier persona. La información, aunque importante, no siempre basta.

Para que haya implicación con este tema y, por extensión, acción política, la crisis climática debe resultar personal, cercana, comprensible y, lo más importante, solucionable.

Porcentaje estimado de adultos que creen que la Tierra se está calentando. Image: (Canadian Climate Opinion Maps 2018, YPCCC)

Los gráficos y diagramas —incluso los osos polares— rara vez logran ese objetivo. El 83 % de los canadienses coincide en que la Tierra se está calentando. Pero solo el 47 % cree que el cambio climático les perjudicará personalmente.

Para que la gente conecte con el clima, necesitamos mantener más conversaciones sobre cómo las personas trabajan para resolverlo y cómo esas soluciones mejoran su calidad de vida allí donde viven. Estas conversaciones trasladan un tema que de otro modo resultaría abstracto, intangible y temible al ámbito de lo cotidiano, y hacen que parezca solucionable.

Las soluciones importan

Los comunicadores ambientales llevan tiempo señalando que el uso excesivo de mensajes basados en el miedo sobre el cambio climático es uno de los principales problemas a la hora de implicar al público en este tema.

El reto consiste en combinar los mensajes basados en el miedo con información sobre la eficacia, es decir, qué pueden hacer realmente las personas para mitigar ese miedo. La combinación de miedo y eficacia da lugar a lo que se conoce como «control del peligro», acciones para mitigar el peligro, a diferencia del «control del miedo», acciones para acabar con el miedo.

En el caso de la COVID-19, la sensación de eficacia era clara: lavarse las manos, mantener la distancia social y usar mascarilla. En el caso del cambio climático, la información sobre eficacia es mucho menos evidente y más difícil de poner en práctica.

Con frecuencia se sostiene que los grandes emisores, en especial los productores de combustibles fósiles, son quienes tienen mayor responsabilidad y quienes deben encargarse de limpiar el desastre. The Guardian señala que 100 empresas son responsables del 71 % de las emisiones.

Sí, está claro que el mundo debe dejar de quemar combustibles fósiles —petróleo, gas y carbón—. Pero para lograrlo, las personas también pueden dar ejemplo de lo que es un comportamiento proambiental.

Puede ser tan sencillo como publicar en redes sociales fotos de jornadas comunitarias de limpieza, paseos por la naturaleza o publicaciones sobre cualquier tipo de comportamiento proambiental, como usar el transporte público. Esta forma de comunicación —en contraposición a las imágenes que promueven un estilo de vida de alto nivel de carbono— normaliza la urgencia, la importancia y la posibilidad de proteger la Tierra.

Algunos de los más eficaces comunicadores son los meteorólogos de los noticiarios televisivos, que a menudo tienen seguidores fieles. Cada vez más de ellos están debatiendo las formas en que se aborda la crisis climática allí donde vive la gente.

Ver para creer

La mayoría de la comunicación sobre riesgos se basa en el estándar de las exhortaciones morales: que uno debe o tiene que actuar para hacer algo, o si no. Por ejemplo, un cartel en un parque podría indicar a los visitantes que no den de comer a los patos, porque la comida humana les hace daño. Y, sin embargo, los visitantes siguen dándoles de comer.

En cambio, los comunicadores deberían basarse en las «normas sociales descriptivas», es decir, descripciones de comportamientos que otras personas como ellos ya están adoptando y que les benefician.

En el Reino Unido, una campaña de 2015 instaba a la gente a «Lleve su basura a casa, otras personas lo hacen». Era más probable que redujera el vertido ilegal de basura que los carteles que decían «Por favor, mantenga limpio el parque no tirando basura».

Las soluciones, especialmente en forma de historias sobre personas y comunidades que actúan para resolver la crisis climática, se encuentran entre las formas más eficaces de comunicar la emergencia.

El National Observer, con su serie «First Nations Forward» es un gran ejemplo de este tipo de reportaje. Historia tras historia detalla cómo las comunidades de las Primeras Naciones de la Columbia Británica están liderando la transición hacia un futuro de energías renovables.

Los medios de comunicación generalistas, como aquel para el que trabajo, Global News, también dedican más tiempo al clima y replantean la forma en que lo cubren. Un reciente reportaje nacional informó sobre la enorme transición energética que ya está en marcha en Alberta.

Este tipo de historias sobre un cambio que funciona transmite el mensaje de que la acción de la gente corriente para mitigar la crisis climática es factible, normal, empoderadora y deseable. Motivan y movilizan a los miembros del público dispuestos a actuar, al ofrecer ejemplos visuales de quiénes están marcando el camino.

También llevan la conversación más allá del énfasis convencional en los escépticos y negacionistas, y normalizan los valores y comportamientos proambientales para el creciente número de personas que ya están alarmadas o preocupadas ante la emergencia climática.

Lejos de alimentar la narrativa del miedo, las historias sobre soluciones climáticas despiertan en la gente el sentido de eficacia y de capacidad de acción frente a un peligro inminente. En otras palabras, involucran al público en el cambio climático haciendo lo que hace toda buena comunicación: llegar a las personas allí donde se encuentran, a través de una historia movilizadora.

Esta es la lección básica de la narración: involucrar al público, no alejarlo, como hacen la mayoría de los informes sobre el clima.

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