Políticos y científicos debaten si es posible retrasar el calentamiento atmosférico reduciendo los agentes de forzamiento climático de corta duración. Un equipo internacional de investigación ha confirmado ahora que reducir las emisiones de dióxido de carbono es el único remedio a largo plazo para el calentamiento global.
Al quemar combustibles fósiles, además del dióxido de carbono, que permanece mucho tiempo en la atmósfera, se producen otros gases que fuerzan el clima. La combustión de diésel en los vehículos o de carbón en las centrales eléctricas genera partículas de hollín, que también contribuyen al calentamiento global, aunque solo brevemente, pues desaparecen rápidamente de la atmósfera. Entre los contaminantes climáticos de vida corta (también conocidos como forzadores climáticos de vida corta o SLCF) causados por actividades humanas figuran el metano y el dióxido de azufre y, en menor medida, los fluorocarbonos. Todos tienen un impacto medible en el clima.
Políticos y sectores industriales han estado considerando la posibilidad de ralentizar el cambio climático eliminando estos SLCF sin necesidad de reducir de inmediato las emisiones de CO2. La idea es que, al eliminar los contaminantes climáticos de vida corta, la comunidad internacional gane tiempo antes de tener que introducir medidas para reducir el CO2.
¿Beneficio climático?
Un estudio recién publicado en la revista científica PNAS plantea un nuevo argumento contra la reducción unilateral de las emisiones de SLCF. Un equipo interdisciplinario de investigadores encabezado por el científico del clima de ETH Joeri Rogelj utilizó varios modelos para calcular cómo se desglosan los efectos climáticos del CO2 y los SLCF y cómo se relacionan entre sí.
En los escenarios en los que la temperatura media global aumenta menos de 2 grados por encima de los niveles preindustriales, las medidas a corto plazo para reducir los SLCF apenas influyeron en el aumento de la temperatura a largo plazo. Incluso a corto plazo, la reducción de los SLCF tuvo un efecto significativamente menor en los escenarios de 2 grados.
Los investigadores tampoco pudieron calcular un verdadero «beneficio climático» a largo plazo derivado de restringir pronto emisiones como las de metano o fluorocarbonos. Estas dos especies de SLCF pueden afectar a las temperaturas a corto plazo, pero los beneficios a largo plazo de las medidas de reducción a corto plazo para estos dos gases no son mayores que si las medidas se adoptaran más adelante.
El CO2 y los SLCF están relacionados
Incluso si se aplican medidas adicionales para reducir el carbono negro, o hollín, que se libera al quemar combustibles fósiles, estas contribuyen poco a ralentizar el calentamiento global en un escenario de 2 grados. Esto se debe a que, si se limita a 2 grados el aumento de la temperatura global, habría que adoptar medidas para reducir el CO2, lo que a su vez reduciría las emisiones más importantes de hollín.
En su estudio, los investigadores muestran que tanto la formación como la eliminación de los SLFC y el CO2 deben considerarse intrínsecamente vinculadas. No podemos analizar una parte de forma aislada porque ambas emisiones suelen proceder de la misma fuente, a saber, los combustibles fósiles, señalan los investigadores.
Por ejemplo, un motor diésel emite tanto hollín como CO2. Si se limitaran las emisiones de hollín, por ejemplo, instalando un filtro de partículas, se reduciría al menos una emisión que calienta la atmósfera (y mejoraría la calidad del aire). Pero la contaminación atmosférica causada por el hollín permanece poco tiempo en la atmósfera y, por tanto, solo produce efectos durante un período muy breve. A pesar del filtro, se seguiría emitiendo CO2, un gas de efecto invernadero extremadamente persistente. Una vez liberado por la combustión, permanece en la atmósfera durante cientos, incluso miles, de años y sigue impulsando el calentamiento global durante mucho tiempo.
No hay tiempo que perder
«Es una falacia creer que podemos ganar tiempo o estabilizar el calentamiento global eliminando los SLCF», afirma Rogelj. Las medidas para reducir los gases climáticos de vida corta deberían considerarse un complemento de las medidas para reducir el CO2, no un sustituto. Los SLCF tienen efecto solo mientras se generan; cuando dejan de emitirse, su efecto de calentamiento desaparece pronto. El principal contribuyente al calentamiento global es el dióxido de carbono y, como permanece mucho tiempo en la atmósfera, su efecto es acumulativo. «Si detuviéramos de inmediato todas las emisiones de origen humano, las concentraciones de SLCF en la atmósfera bajarían a cero con bastante rapidez, pero las concentraciones de CO2 no»
El estudio se basa en tres modelos: uno para proyectar las transformaciones del sistema energético mundial, un modelo de contaminación atmosférica y un modelo climático. Los investigadores llegaron a sus conclusiones combinando los tres.
Los científicos del clima calcularon varios escenarios con los modelos, incluido uno de calentamiento muy elevado en el que no se adoptaban medidas para reducir las emisiones de CO2, de modo que las concentraciones de CO2 en la atmósfera aumentaban sin freno hasta 2100. En otros escenarios, las emisiones de CO2 se reducían considerablemente, hasta alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento a menos de 2 grados para 2100.
Publicado en colaboración con ETH News
Autor: Peter Rüegg estudió Biología en ETH Zurich, con especialización en Ecología, Fitogeografía y Biosistemática.
Imagen: El sol se ve detrás del humo que sale de una chimenea de una planta de calefacción en Taiyuan, provincia de Shanxi, 9 de diciembre de 2013. REUTERS.

