Amplias investigaciones sugieren que, para frenar la deforestación y cumplir los objetivos climáticos, la prevención es la medida más eficaz que podemos adoptar.
Pero proteger los bosques a nivel local no basta: hay que hacerlo a gran escala y con financiación eficaz.
El enfoque jurisdiccional puede alcanzar esta escala tan necesaria y ya ha dado buenos resultados en Brasil, Indonesia y Costa Rica.
En lo que respecta a los bosques tropicales y el cambio climático, hay dos cosas claras: debemos proteger nuestros bosques y hacerlo a gran escala.
The Nature Conservancy, Conservation International y World Wildlife Fund publicaron un estudio a finales del año pasado en Nature Climate Change, en el que explicaban por qué es tan crucial dar prioridad a la protección de paisajes amenazados que almacenan carbono, como las selvas tropicales. También describían y respaldaban el orden de prioridades que debemos seguir: proteger los ecosistemas, mejorar después su gestión y, por último, empezar a restaurarlos.
Este enfoque es el más rentable, oportuno y eficaz para eliminar o evitar las emisiones de carbono.

Debemos dar prioridad a la protección de los bosques en pie. Acabar con la pérdida de bosques tropicales y subtropicales durante esta década es fundamental para alcanzar los objetivos mundiales de clima, biodiversidad y desarrollo sostenible y, de hecho, ofrece una de las mayores y más rápidas oportunidades para la acción climática en la próxima década.
También debemos encontrar nuevas formas de actuar a gran escala. Un enfoque basado en proyectos, en el que las iniciativas de conservación forestal se limitan a una zona relativamente pequeña, aporta importantes beneficios locales. Sin embargo, no es una solución completa al problema. Debemos encontrar formas de impulsar acciones a una escala mucho mayor.
Ampliar la protección de los bosques requiere un enfoque jurisdiccional
Un estudio de 2021 realizado por The Environmental Defense Fund mostró que las políticas y los programas de reducción de emisiones que alcanzan una escala suficientemente amplia —incluidos los programas de protección de bosques tropicales a gran escala— pueden lograr reducciones duraderas del dióxido de carbono, incluso si los gobiernos y los mercados cambian en el futuro.
El enfoque jurisdiccional para proteger los bosques tropicales, o JREDD, aborda la protección y la escala movilizando acciones en todo un país o estado. Busca crear un nuevo modelo de negocio para los bosques que incentive a los gobiernos a tomar decisiones y emprender acciones que solo ellos tienen autoridad para implementar, como reformar políticas y hacer cumplir estrictamente la ley. Un enfoque que abarque todo el paisaje también ofrece la oportunidad de tener en cuenta los servicios ecosistémicos de la región, la protección y restauración de la biodiversidad, y el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales, así como su participación plena y efectiva.
Durante las últimas dos décadas, el apoyo a la protección de los bosques a escala jurisdiccional ha dependido en gran medida de los donantes públicos, mientras que la mayor parte del apoyo empresarial se ha canalizado a través de mercados voluntarios de carbono hacia proyectos de carbono independientes. Pero esto está empezando a cambiar, y hay un nuevo impulso considerable ímpetu para movilizar financiación pública y privada en apoyo de JREDD. Esto, a su vez, está impulsando una importante respuesta por parte de los países con bosques tropicales.
Además, las organizaciones medioambientales más grandes y respetadas del mundo han alcanzado un consenso sin precedentes sobre la necesidad de que las empresas respalden un rápido cambio de la demanda hacia créditos de programas a escala jurisdiccional, incluidos los proyectos plenamente integrados, mediante la Guía de integridad de los créditos forestales tropicales (TFCI). Esta se suma a orientaciones similares del World Resources Institute y de la Science-based Targets Initiative.
Casos de éxito en la lucha contra la deforestación
Pero ¿de dónde viene toda esta confianza en el enfoque jurisdiccional? El concepto no es nuevo y hay varios ejemplos convincentes que muestran con qué eficacia un país puede revertir la deforestación si combina adecuadamente políticas, medidas de cumplimiento e incentivos.
1. Brasil
Brasil logró reducir la deforestación en la Amazonía un 84% entre 2004-2012 mediante intervenciones públicas que incluyeron la aplicación de la ley, el monitoreo, moratorias sobre la soja y la ganadería, restricciones al crédito y áreas protegidas. Estos avances se han mantenido en gran medida, incluso mientras el país atraviesa turbulencias económicas y una recesión. También han resistido períodos de presión política para revertir la agenda ambiental.
Aunque algunas tendencias en Brasil siguen siendo motivo de preocupación, en 2021 la deforestación se mantenía en apenas el 30% del máximo registrado en 2005. Muchos creen que esto se debe a un enfoque jurisdiccional a gran escala.
2. Indonesia
En los últimos años, Indonesia ha logrado reducir la pérdida de cobertura forestal, en gran medida mediante la aplicación de medidas para prevenir los incendios forestales y el desmonte, una moratoria sobre nuevas talas para plantaciones de palma aceitera y una Estrategia nacional REDD+ bien estructurada.
La pérdida de bosques primarios disminuyó más de un 50% entre 2017-2020 en comparación con el período entre 2013-2016. Indonesia redujo la pérdida de bosques primarios por quinto año consecutivo en 2021, tras las medidas gubernamentales sobre el aceite de palma y la gestión de incendios, así como la actualización del plan climático nacional, que comprometió al país a convertirse en sumidero de carbono para 2030.
3. Costa Rica
Costa Rica revirtió una tendencia de deforestación que duraba décadas mediante políticas tempranas de conservación y restauración, incluida la eliminación de subsidios a la ganadería y la puesta en marcha de un sistema de pago por servicios ecosistémicos. Entre 1986-2013, la deforestación anual disminuyó mientras que la regeneración forestal aumentó considerablemente. El país se convirtió en pionero en revertir la deforestación tropical.
En ninguno de estos países se ha resuelto el problema de la deforestación. Brasil e Indonesia, por ejemplo, siguen estando entre los cinco principales países con mayor pérdida de cobertura forestal tropical. Pero estos ejemplos sí muestran que los enfoques jurisdiccionales pueden generar un impacto al ritmo y a la escala necesarios para proteger los bosques intactos de todo el mundo.
La Coalición LEAF
La pregunta ahora es cómo apoyar y acelerar estas iniciativas. La respuesta, en gran medida, es la financiación.
Iniciativas como la Coalición LEAF, que ya ha movilizado 1.000 millones de dólares en demanda pública y privada de créditos JREDD, marcan un nuevo capítulo alentador en los esfuerzos por cambiar radicalmente la economía de los bosques tropicales intactos, para que resulte más valioso mantenerlos vivos que destruirlos.
Hemos empezado bien, pero cambiar los incentivos económicos a la escala necesaria exigirá mucho más en los próximos meses y años: al mundo se le acaba el tiempo rápidamente.
