Los primates son extraordinarios. Todos conocemos a los chimpancés, los monos y los lémures de cola anillada, pero ¿has oído hablar de los tarseros, con sus grandes ojos? ¿O del lémur lanudo de Cleese, llamado así por John Cleese? ¿O del fabuloso douc de patas rojas? ¿Y qué hay del aterrador uakari calvo de cabeza roja? ¿O sabías que los primates pueden ser tan pequeños como los ratones?
En total hay 504 especies, lo que convierte a los primates en uno de los grupos más numerosos de mamíferos. Algunos —los que conocemos mejor— están activos durante el día, pero otros solo salen de noche. Algunos comen fruta, otros hojas, otros insectos, y algunos cazan carne. Una especie se alimenta principalmente de hongos, y algunos incluso comen otros primates.
Los primates viven sobre todo en selvas tropicales, y dos tercios de todas las especies se encuentran en Brasil, Madagascar, Indonesia o la República Democrática del Congo. Pero también pueden encontrarse en pastizales, montañas nevadas y desiertos, y algunos incluso prosperan en nuestras ciudades.
Los primates pueden vivir en soledad, en sociedades enormes y complejas o en cualquier situación intermedia. Algunos se balancean entre los árboles con tanta gracia que parecen volar; otros apenas parecen moverse. Algunos cantan a dúo. Muchos tienen colores extraordinariamente vivos. Algunos son hermosos; otros, feos. Todos son fascinantes.
Llevo 20 años estudiando primates y todavía me sorprenden y me entusiasman los nuevos descubrimientos. Como el día en que vi a unas monas atacar a un macho que triplicaba su tamaño. O cuando supe que algunos primates se entierran para hibernar. Y que los capuchinos machacan milpiés y los usan como repelente de insectos.
Los primates también son esenciales para las selvas tropicales: polinizan árboles y dispersan semillas por estos vitales reservorios de carbono. Son nuestros parientes biológicos más cercanos, y los estudiamos para comprender nuestra propia evolución.
Malas noticias para los primates
Durante los últimos dos años, he formado parte de un grupo mundial de primatólogos que ha evaluado el estado de conservación de las 504 especies. Nuestros resultados ya se han publicado en la revista Science Advances.
Las noticias son malas: los primates atraviesan una situación desesperada. Alrededor del 60 % de las especies está en peligro de extinción y el número de individuos del 75 % está disminuyendo. Si no actuamos, estas cifras aumentarán y más especies desaparecerán para siempre.
Esta sombría situación es culpa nuestra. La principal amenaza para los primates es la pérdida de su hábitat, cuando se tala o se convierte en tierras de cultivo o de pastoreo. También se los caza para obtener carne o abastecer el comercio ilegal de mascotas y partes de sus cuerpos. La construcción de carreteras, la extracción de petróleo y gas, la minería, la contaminación, las enfermedades y el cambio climático se suman a la lista de amenazas, a menudo en combinación.
He sobrevolado tierras agrícolas que han reemplazado a las selvas tropicales y he estado entre los restos carbonizados de lo que fue el hábitat de los primates. He conducido por carreteras recién construidas y he visto primates muertos a la venta, y he comprado en mercados que venden carne de animales silvestres. He visto crías de mono recién capturadas, condenadas a morir lentamente pese a los mejores esfuerzos de quienes las cuidan. He trabajado con animales rescatados y me he preguntado qué será de ellos. He viajado por ríos de la selva tropical muy contaminados, aunque la contaminación no se ve, por la minería ilegal. He encontrado campamentos de cazadores en lo más profundo de áreas protegidas y he caminado por bosques silenciosos, vacíos de animales.
Quienes viven en estas zonas no se proponen exterminar especies de primates. He hablado con personas desesperadas porque la fauna silvestre, incluidos los primates, arrasa sus cultivos de subsistencia; con cazadores que cazan para alimentar a sus familias y ganar dinero para la educación de sus hijos y los gastos médicos; y con pescadores que cazan primates para alimentar a sus familias cuando no hay peces disponibles.
La amenaza para los primates es consecuencia de la incertidumbre política, la inestabilidad socioeconómica, el crimen organizado, la corrupción y las políticas que favorecen los beneficios a corto plazo frente a la sostenibilidad a largo plazo.
Es difícil ser optimista ante la extinción de nuestros parientes más cercanos causada por los seres humanos. La situación es crítica, pero quienes firmamos el nuevo informe —31 autores, encabezados por Alejandro Estrada de la Universidad Nacional Autónoma de México y Paul A. Garber de la Universidad de Illinois— creemos que aún puede revertirse. Para evitar la extinción de los primates, hay que atender las necesidades humanas de manera sostenible, ya sea a escala local (buscando formas de que los agricultores convivan con los primates que se alimentan de sus cultivos) o mundial (deteniendo la deforestación).
No hay una única respuesta. Las políticas de conservación deben adaptarse a cada país, hábitat o especie, según la naturaleza específica de cada problema. Es una tarea formidable. Pero nuestra esperanza nace de proyectos excepcionales y de personas extraordinarias de todo el mundo, como los guardaparques de Virunga que arriesgan la vida —y la pierden— para proteger a los gorilas y otros primates en la República Democrática del Congo, o Fundacion Pro-Conservation Primates Panamenos, una organización dedicada a conservar los monos de Panamá.
Las soluciones pasan por la equidad mundial y por asumir la responsabilidad de las consecuencias de nuestros actos. No podemos ignorar las catástrofes políticas y humanas de otros países. Debemos incorporar las necesidades tanto de los primates como de las personas en las políticas de uso del suelo, vigilar las poblaciones de primates y combatir el comercio ilegal. Las poblaciones en cautividad pueden servir para rescatar especies al borde de la extinción, pero si su hábitat natural ha desaparecido, no hay esperanza.
Para reducir la presión sobre los primates y sus hábitats, debemos disminuir la demanda de madera tropical, carne de vacuno, aceite de palma, soja, caucho, minerales y combustibles fósiles, y promover recursos sostenibles. Esto no es ninguna novedad, pero debemos hacer que resulte inaceptable anteponer el consumo excesivo e innecesario a la supervivencia de otras especies. Cada decisión de consumo que tomamos tiene repercusiones mundiales. Además, debemos entender que los animales silvestres no son mascotas adecuadas (la clave está en la palabra «silvestres»).
Desde el punto de vista biológico, la extinción es un fenómeno normal. Las especies evolucionan y se extinguen. A lo largo de la historia de la Tierra, de vez en cuando, las extinciones masivas han acabado con un gran número de especies en todo el mundo. Sin embargo, no podemos aceptar que, como una especie de primates, llevemos a otras a la extinción cuando todavía podemos evitarlo.





