La crisis mundial de contaminación por plásticos es un problema grave que debe abordarse.
Solo un pequeño porcentaje de los residuos plásticos se recicla realmente, y la mayor parte acaba en los océanos y los vertederos, donde puede dañar la fauna silvestre y contaminar el medio ambiente.
Existen varias medidas para reducir la contaminación por plásticos, entre ellas reducir la cantidad de plástico que utilizamos, mejorar la infraestructura de reciclaje y diseñar los plásticos para que sean reciclables.
Todos debemos hacer nuestra parte para ayudar a resolver este problema.
En su día, el reciclaje se consideró la solución evidente al excesivo volumen de plástico nuevo (o virgen) que se produce cada año. Esto ya no es realista. La capacidad mundial de reciclaje simplemente no puede seguir el ritmo de la extracción, la fabricación y el desperdicio de recursos naturales.
Montañas cada vez mayores de residuos plásticos se acumulan en los países más pobres, mientras que naciones ricas como el Reino Unido envían al extranjero sus residuos para reciclar. Pero algunas naciones importan mucho más residuo plástico del que pueden reciclar.
El propio proceso de reciclaje también genera problemas. Un nuevo informe de Greenpeace y la Red Internacional para la Eliminación de Contaminantes revela cómo los plásticos fabricados con sustancias químicas tóxicas, o que entran en contacto con ellas, como los retardantes de llama, pueden contaminar el proceso de reciclaje al propagar estas toxinas a los lotes posteriores de residuos plásticos. Otro estudio reciente demostró que las instalaciones de reciclaje pueden liberar cientos de toneladas de microplásticos al medio ambiente cada año.
Solo el 6-9% de todo el plástico jamás producido se ha enviado a reciclar. Aunque en la mayoría de los países se recogen plásticos y otros residuos para reciclar, la cantidad de material que se transforma en los mismos productos u otros similares (lo que se denomina reciclaje en circuito cerrado) es extremadamente baja. Solo el 2% de los residuos plásticos se recicla en circuito cerrado sin convertirse en algo de menor calidad, lo que se denomina reciclaje de menor calidad (downcycling). El reciclaje no puede sustituir por completo al material virgen, ya que solo puede reciclarse dos veces antes de perder las propiedades necesarias, por lo que la mayor parte del reciclaje da lugar a un material degradado que no puede utilizarse con el mismo fin.

Un enfoque más sostenible daría prioridad a la prevención de los residuos plásticos actuando en las primeras etapas del ciclo de vida de un producto de plástico: reduciendo la cantidad de plástico que finalmente se fabrica, reutilizando lo que ya existe y sustituyendo el plástico por materiales alternativos cuando sea oportuno.
Reducir
Los fabricantes deben dejar de producir tanto plástico innecesario para reducir la cantidad que entra en la economía. No hay justificación para fabricar plásticos que sea imposible recoger, reutilizar o reciclar, o que sean tóxicos. Sin embargo, abundan: pensemos en los sobres multicapa, las películas finas y los envoltorios. Estos deberían eliminarse gradualmente con carácter prioritario.
Límites globales a la producción de plástico podrían restringir su uso a productos y envases reutilizables, reduciendo la presión sobre los sistemas de reciclaje.
Puede rechazar los envases de un solo uso al hacer la compra cuando existan alternativas disponibles y asequibles. Elija verduras a granel o productos envasados en envases rellenables.

Reutilizar
Utilizar durante el mayor tiempo posible el plástico que ya se tiene reduce la cantidad de productos y envases nuevos que deben fabricarse, así como la cantidad de residuos que finalmente se envían a reciclar.
Unos 250 000 millones de vasos de café de un solo uso se utilizan en todo el mundo cada año –una cifra que podría reducirse drásticamente si los gobiernos establecen mandatos nacionales para vasos y botellas reutilizables. Esto podría implicar que tiendas, cafeterías y otros establecimientos ofrezcan envases reutilizables para cualquier producto que vendan, y garanticen que cada uno se utilice, se controle, se lave, se devuelva y se reponga para el siguiente ciclo de consumo.
Sustituir
Los metales, el vidrio o el papel pueden utilizarse en lugar del plástico, pero no existe una alternativa sostenible universal. El material más adecuado depende del uso del artículo.
Las consecuencias ambientales de cualquier material deben evaluarse rigurosamente a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la producción hasta el uso y la eliminación, para garantizar que genera más beneficios que perjuicios. Y dichas evaluaciones deben tener en cuenta todos los costes sociales, ambientales y económicos.
Se estima que el coste real de fabricar, distribuir y eliminar el plástico es más de diez veces superior a lo que paga el cliente por el producto. Incluir en el precio del plástico virgen los costes ocultos de los daños ambientales y del sufrimiento humano derivados de la contaminación, por ejemplo mediante impuestos a los fabricantes o minoristas, podría reforzar la justificación económica de las alternativas.
El reciclaje puede seguir siendo útil
No todos los plásticos pueden reutilizarse, especialmente los dispositivos médicos. Cuando se han agotado todas las alternativas, el reciclaje mantiene el material en la economía y retrasa temporalmente la necesidad de más plástico virgen. Pero la existencia del reciclaje no debe justificar la fabricación de más plástico.
El reciclaje no debe contaminar. Los fabricantes solo deberían producir plásticos que puedan reciclarse mediante métodos demostrados como seguros y limpios, y prohibir los aditivos tóxicos. El etiquetado sencillo puede ayudar a los consumidores a tomar decisiones informadas sobre cómo, dónde y qué reutilizar o reciclar, lo que contribuiría a evitar que los lotes de reciclaje se contaminen con residuos no reciclables y toxinas.
Los plásticos enviados a reciclaje deben tratarse de la forma más responsable desde el punto de vista social y ambiental. Los países de ingresos altos que exportan residuos a países más pobres para un reciclaje barato lo hacen sin garantías de que exista infraestructura para gestionar esos residuos en el destino. El resultado es que los residuos se filtran al medio ambiente y que el plástico tóxico obstruye los canales de drenaje y provoca inundaciones. Parte de estos residuos se quema al aire libre, lo que entraña sus propios riesgos para la salud y el medio ambiente. La prohibición o restricción de las exportaciones contribuiría a solucionarlo.

Los trabajadores precarios del sector informal de residuos recogen, clasifican y venden materiales reciclables, y realizan 60% del reciclaje mundial. Los recuperadores de residuos padecen mala salud y bajos salarios, pero sus amplios conocimientos son de un valor incalculable y deben reconocerse. Se necesitan políticas que protejan sus derechos y mejoren sus medios de vida.
Los países reunidos en París para la segunda de cinco rondas de negociaciones sobre un tratado internacional para poner fin a la contaminación por plásticos abordarán todos los ámbitos del ciclo de vida del plástico, desde la extracción de materiales hasta la fabricación, el uso y la eliminación. La prohibición de plásticos innecesarios, de aditivos tóxicos y de las exportaciones de residuos debería ocupar un lugar destacado en la agenda, junto con los programas para fomentar la reutilización y la reparación.
