Es hora de decir adiós a la pajita de plástico. ¿Pero cuál es la mejor alternativa?

Drinking straws protrude from a glass in a illustration picture in Loughborough, Britain April 19, 2018. REUTERS/Darren Staples
Starbucks plans to phase out the 1 billion plastic straws it uses per year by 2020.Image: REUTERS/Darren Staples
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Considere la pajita de plástico.

El otrora omnipresente y popular objeto se ha convertido en un símbolo de nuestra cultura desechable y de la proliferación de materiales no reciclables. Solo en Estados Unidos y el Reino Unido se tiran 550 millones de pajitas de plástico cada día, según Plastic Oceans Foundation.

Image: Plastic Oceans Foundation

Junto con las bolsas de un solo uso y los vasos desechables, la caída en desgracia de la pajita de plástico ha ido de la mano de una creciente conciencia sobre el daño que causan, en particular a la vida marina. Alrededor de 8 millones de toneladas de residuos plásticos llegan a los océanos del mundo cada año, según la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Tras el programa de televisión de la BBC Blue Planet 2 que puso de relieve los devastadores efectos que el plástico puede tener sobre las criaturas marinas, y millones de personas vieron un video de investigadores extrayendo una pajita de la fosa nasal de una tortuga marina, las empresas y los gobiernos han empezado a tomar medidas.

Image: Marine Conservation Society

Starbucks es un ejemplo. La cadena global de cafeterías afirmó que planea eliminar gradualmente las 1.000 millones de pajitas de plástico que utiliza cada año para 2020. La demanda de pajitas había aumentado junto con la popularidad de las bebidas frías, según explicó, y las bebidas frías representaron la mitad de todas las ventas en 2017, frente al 37% de hace cinco años. Pronto, cuando visite Starbucks para tomar una bebida fría, se le ofrecerá una tapa reciclable a través de la que podrá beber.

La empresa se une a otras marcas de renombre que están dejando atrás las pajitas. McDonald’s está sustituyendo las pajitas de plástico por otras de papel en todos sus restaurantes del Reino Unido e Irlanda y planea comenzar a probar alternativas en Estados Unidos, Francia, Suecia, Noruega y Australia.

IKEA prohibirá las pajitas de plástico en el Reino Unido e Irlanda a finales de este año y planea eliminar los plásticos de un solo uso de su gama de productos a nivel mundial antes de que termine la década. Y Hyatt Hotels Corporation afirmó que, a partir de septiembre, las pajitas de plástico y los palillos para bebidas se ofrecerán “solo previa solicitud y se proporcionarán alternativas ecológicas cuando estén disponibles”. Incluso la reina de Inglaterra se ha vuelto contraria a las pajitas.

Image: Marine Conservation Society

Pero no todos están contentos con la desaparición de la pajita, ya que son útiles para las personas que no pueden levantar una taza hasta la boca para beber. Y aunque Starbucks ha respondido a estas preocupaciones, afirmando que cualquiera que necesite una pajita puede solicitar una fabricada con “materiales alternativos”, los beneficios podrían resultar difíciles de igualar.

Otros han cuestionado hasta qué punto la prohibición de las pajitas de plástico realmente ayudará. Adam Minter, autor de Junkyard Planet: Travels in the Billion-Dollar Trash Trade y columnista de opinión de Bloomberg, calcula que las pajitas representan una proporción relativamente pequeña de todos los residuos plásticos de los océanos y sostiene que actuar con mayor firmeza en otras áreas, por ejemplo reduciendo la cantidad de viejos aparejos de pesca que se vierten y disminuyendo los residuos de las empresas, sería más eficaz que prohibir las pajitas.

Para las personas con discapacidad y las personas mayores, las pajitas de plástico son flexibles y pueden soportar la temperatura del café, el té o la sopa calientes, lo que las hace útiles para comer y beber. Y los activistas afirman que las alternativas —entre las que se incluyen el papel, el vidrio o el acero inoxidable— no son adecuadas para su uso porque se desintegran o conducen el calor.

La Organización Mundial de la Salud calcula que hay más de 600 millones de personas con discapacidad en el mundo y, aunque no todas necesitarán usar pajitas para comer y beber, esto da una idea de la magnitud del problema.

En Seattle, donde la prohibición entró en vigor el 1 de julio, la ley establece que las empresas pueden hacer excepciones para las personas que requieran pajitas de plástico. Aun así, los grupos de defensa de los derechos de las personas con discapacidad afirmaron que las empresas no entienden plenamente que todavía pueden ofrecer pajitas a quienes las necesitan, y que las alternativas ofrecidas no son sustitutos adecuados.

Algunos activistas se quejan de que las empresas y los gobiernos actúan en respuesta a sus preocupaciones —cambiando las políticas después de haberlas implementado— en lugar de tener en cuenta de forma proactiva las necesidades de las personas con discapacidad al redactar la legislación. El gobierno escocés quiere prohibir las pajitas de plástico para finales de 2019 y ha designado a un asesor en discapacidad para su panel de expertos, con el fin de ayudar a garantizar que “las medidas adoptadas no afecten de forma desproporcionada a las personas con discapacidad”.

Hacer recaer en las personas con discapacidad la responsabilidad de recordar llevar sus propias pajitas o lavar una alternativa reutilizable no es una solución viable ni justa, afirman los activistas, ya que en muchos casos es posible que no puedan hacerlo y, si olvidan llevar una pajita consigo, las consecuencias de la deshidratación podrían ser graves.

En una entrada de blog en el sitio web de Greenpeace, Jamie Szymkowiak, cofundador del grupo de defensa de los derechos de las personas con discapacidad One in Five, pidió a los fabricantes que produzcan una pajita flexible, respetuosa con el medioambiente y sin plástico, apta para bebidas frías y calientes.

Según él, el papel no es adecuado porque se empapa y supone un riesgo de atragantamiento. Las alternativas de silicona no son lo suficientemente flexibles y el metal, el vidrio y el bambú representan peligros para las personas que tienen dificultades para controlar la mordida.

Aunque, en su forma actual, las pajitas de plástico pueden tardar entre 100 y 1.000 años en descomponerse, los plásticos biodegradables pueden ofrecer una alternativa viable, ya que pueden descomponerse en tan solo 12 semanas en las condiciones adecuadas. Hasta ahora se han descartado porque cuestan más del doble que el plástico tradicional y porque no pueden distinguirse fácilmente de sus primos no biodegradables, pero podrían acabar formando parte del camino a seguir.

“Todos debemos trabajar juntos para exigir una solución respetuosa con el medioambiente que satisfaga todas nuestras necesidades, incluidas las de las personas con discapacidad”, afirma Szymkowiak. “Mientras avanzamos hacia la eliminación de los plásticos de un solo uso innecesarios de nuestros océanos, playas y parques, las grandes corporaciones o los gobiernos, que no están dispuestos a presionar a los proveedores y fabricantes para que produzcan una solución mejor, no deberían utilizar a las personas con discapacidad como chivo expiatorio.”

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