Las señales de que estamos dañando el planeta están por todas partes. Los bosques despojados de vegetación y vacíos de animales, la contaminación por plásticos que obstruye los océanos y la disminución de las abejas que polinizan nuestros cultivos dan testimonio del fracaso de nuestro modelo de producción y consumo para construir una sociedad en equilibrio con la naturaleza. Si sumamos los efectos del cambio climático desbocado, todo parece muy sombrío.
Debemos actuar ahora para detener la pérdida de biodiversidad antes de que la situación se descontrole. El mundo ha acordado tomar medidas para lograrlo. En 2010, los gobiernos de todo el mundo adoptaron el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020. Este plan y sus 20 Metas de Aichi para la Diversidad Biológica representan una hoja de ruta hacia un futuro sostenible y están en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Ocho años después, muchos países han traducido estas metas en medidas que marcarán una diferencia para la naturaleza y la biodiversidad a nivel nacional. Pero ahora sabemos que esto no basta para garantizar que se alcancen las metas: hacen falta medidas adicionales.
El mundo debe cumplir las promesas que ya ha hecho. Hay una brecha entre la ambición y la implementación. Las medidas que se han tomado para salvar la biodiversidad no bastan frente a la enorme presión que observamos, una presión que aumentará en los próximos años.
Además, las respuestas a la crisis de la biodiversidad todavía no han vinculado esta cuestión con aspectos fundamentales de las economías nacionales. Las medidas adoptadas por los gobiernos no reducen los impactos de los sectores que son los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad.
Es necesario trabajar más para involucrar a estos sectores, concienciarlos sobre la importancia de la biodiversidad para sus actividades y movilizarlos para que cumplan su papel en la construcción de un futuro sostenible.
La comunidad dedicada a la conservación y al desarrollo sostenible debe colaborar más con el sector empresarial para demostrar la importancia de contar con ecosistemas saludables y preservar la naturaleza para las ganancias y la productividad. La pérdida de biodiversidad y de ecosistemas puede alterar las cadenas de suministro.
Al mismo tiempo, el riesgo para la reputación derivado de prácticas perjudiciales para la biodiversidad puede impulsar mejores prácticas empresariales. A medida que aumenta la demanda de cadenas de suministro sostenibles y los consumidores optan por productos más sostenibles, el riesgo de destruir la biodiversidad puede afectar los resultados de una empresa.
Aunque muchos de los primeros en adoptar estas medidas y líderes empresariales conocen estas conexiones, debemos dar mayor visibilidad a la biodiversidad en el conjunto de la comunidad empresarial de todos los países del mundo.
Aunque el mundo avanza hacia la Cuarta Revolución Industrial y su atención a las tecnologías disruptivas, existen oportunidades para invertir en soluciones innovadoras basadas en la naturaleza, como infraestructura natural para nuestras ciudades en expansión; y para que los sectores financiero y de seguros apoyen ecosistemas saludables y reduzcan el costo de los desastres naturales.
Como dijo Marco Lambertini, de WWF International: «No existe tecnología humana que pueda reemplazar por completo la “tecnología de la naturaleza”, perfeccionada durante cientos de millones de años para prestar servicios clave que sustentan la vida en la Tierra».
Hay caminos que pueden conducirnos hacia un futuro sostenible. Pero requieren una transformación profunda, incluidos cambios de comportamiento entre productores y consumidores, gobiernos y empresas.
Los cambios sociales y los avances tecnológicos disruptivos que presenciamos ahora como parte de la Cuarta Revolución Industrial pueden contribuir a la sostenibilidad o alejarnos de ella. Todos tendremos que esforzarnos más por comprender las motivaciones y los cambios de comportamiento que pueden facilitar una transición hacia la sostenibilidad.
Sin embargo, alcanzar estos objetivos comunes requiere cambios en la sociedad, las instituciones, las organizaciones y las personas; el uso eficiente de la tierra, el agua, la energía y los materiales; y replantear los hábitos de consumo.
La transformación de los sistemas alimentarios puede ser un primer paso para replantearnos las cosas. Los factores vinculados a la agricultura representan el 70% de la pérdida prevista de biodiversidad terrestre. Ya existen soluciones para lograr una agricultura y unos sistemas alimentarios sostenibles, pero hay que ponerlas en práctica. Debemos restablecer los servicios ecosistémicos en los paisajes agrícolas, reducir los residuos y las pérdidas en nuestros sistemas de producción y distribución de alimentos, e intentar orientar los patrones de consumo hacia una menor ingesta de carne.
Las soluciones aplicables a la agricultura son solo un ejemplo de la necesidad de políticas coherentes que tengan en cuenta la política, la cultura y las normas sociales, así como los incentivos económicos. También debemos ser flexibles y estar preparados para afrontar resultados inesperados.
Se necesitarán soluciones tecnológicas, pero habrá que elegirlas con cuidado. Las tecnologías disruptivas que vemos en la Cuarta Revolución Industrial —la secuenciación genética, la cadena de bloques y otras— pueden contribuir a impulsar cambios transformadores, pero depender únicamente de soluciones tecnológicas entraña riesgos. Recordemos que la propia biodiversidad ofrece soluciones. La infraestructura verde para el abastecimiento de agua, el control biológico de plagas, la restauración ecológica y otras soluciones no solo son rentables, sino que también aportan beneficios adicionales.
Sobre todo, necesitamos la participación y el apoyo amplios de todos los sectores de la sociedad, así como que actores públicos y privados trabajen para lograr patrones de producción y consumo más sostenibles. Por eso es alentador que el Foro Económico Mundial cuente ahora con una iniciativa sobre sistemas ambientales y que la biodiversidad sea una parte fundamental de ella.
Los líderes y las personas influyentes del sistema ambiental mundial deben colaborar para crear una agenda estratégica y orientada a la acción para el período 2018-2020. Debemos corregir el rumbo antes de 2020, así que esta agenda debe ser más que la suma de iniciativas individuales de distintos sectores.
Las próximas dos décadas definirán el destino de nuestro mundo, por lo que las decisiones que tomemos respecto al camino hacia 2020 y 2030 serán sumamente importantes. De aquí a 2020, tenemos hitos claros para actuar en materia de clima, océanos y biodiversidad. Debemos coordinar mejor estas agendas y empezar a desarrollar la hoja de ruta para avanzar hacia 2025 y 2030.






