Se están produciendo cambios disruptivos en todo el mundo. Esto se manifiesta en aumentos notables del impacto y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos que, unidos al aumento significativo de la vulnerabilidad derivado de procesos de urbanización caóticos, conducen a un incremento exponencial del impacto y la frecuencia de los desastres naturales.
Estos extremos climáticos están afectando a la demanda y la oferta de sistemas de recursos como el agua, los alimentos y la energía. En algunos lugares, estos recursos se enfrentan a limitaciones regionales y locales, lo que genera una mayor incertidumbre sobre cómo gestionar mejor las disyuntivas y los riesgos entre las distintas clases de recursos. En este contexto, las capacidades de apoyo a la toma de decisiones en materia de gestión de riesgos y recursos asociadas a sistemas críticos de energía, agua y alimentos son una necesidad crucial tanto para las autoridades públicas como para las empresas y las comunidades.
El mundo dispone de la mayor parte, si no de la totalidad, de los datos que necesita para gestionar esta complejidad y los riesgos asociados, pero no están fácilmente disponibles, no son utilizables ni, en realidad, accionables. Los petabytes de datos que se acumulan cada mes y, en ocasiones, a diario son en su mayoría «cerrados» y se almacenan en compartimentos estancos en una multitud de instituciones públicas, privadas y académicas de todo el mundo. A la dificultad se suma el hecho de que estas fuentes de datos deben analizarse y modelizarse en múltiples disciplinas (ciencias naturales y sociales e ingeniería) que normalmente no interoperan entre sí en múltiples niveles para una acción informada (p. ej., el nivel espacial adecuado para la asignación de recursos hídricos, la formulación de políticas y/o la gestión de riesgos es el de la cuenca hidrográfica).
Es fundamental que quienes toman decisiones tengan acceso a datos adecuados y, más importante aún, un acceso abierto y transparente a conocimientos e información de buena calidad, verificables, fácilmente disponibles y específicos del contexto para poder actuar. Esta es la verdadera clave para gestionar mejor los problemas ambientales, del ámbito global al local, y para mantener la productividad y el crecimiento frente a los riesgos ambientales. Hacer posible una toma de decisiones informada requiere un nivel de análisis integrado entre múltiples disciplinas y una colaboración fiable que supere las barreras institucionales y entre países, sin precedentes en la escala y la velocidad necesarias.
Afortunadamente, tras una experimentación considerable en los últimos años, podemos contar con una serie de vehículos de innovación abierta, movimientos de código abierto, tecnologías innovadoras de la información y la comunicación y alianzas público-privadas para posibilitar el desarrollo de dicha información, diseñada y gestionada como bienes públicos globales de carácter informativo.
Una mejor comprensión de cómo abordar los fallos de mercado en juego para proveer estos bienes públicos informativos conducirá al desarrollo de nuevas estructuras de incentivos para la provisión de bienes públicos tanto por parte de las empresas como de las instituciones públicas. Recompensar a las empresas y los ecosistemas privados en red para que ofrezcan estos bienes públicos globales a gran escala será un requisito esencial de un ecosistema de crecimiento sostenible.
Juan Carlos Castilla-Rubio es director ejecutivo del Planetary Skin Institute (www.planetaryskin.org). Actualmente es miembro del Consejo de la Agenda Global sobre el Cambio Climático del Foro Económico Mundial.
Imagen: técnicos supervisan el consumo de electricidad en la red eléctrica francesa. REUTERS/Jean-Paul Pelissier

