Los científicos saben más sobre los confines más lejanos del espacio profundo que sobre las partes más profundas de los océanos de nuestro planeta.
En el corazón del océano Pacífico, a unas 125 millas al norte de Guam, bajo casi 11 000 metros (aproximadamente 7 millas) de océano, se encuentra la Fosa de las Marianas, conocida como Abismo Challenger.
La parte más profunda de la célebre fosa de las Marianas —un cañón en forma de media luna de 43 millas de ancho que atraviesa 1500 millas de océano en el borde de dos placas tectónicas— el Abismo Challenger alberga un ecosistema único de criaturas y microorganismos. (También es el lugar de descanso final de miles de contaminantes de microplásticos producidos por el ser humano.)
Según un nuevo estudio publicado en la revista Microbiome, un grupo de bacterias extraídas de las profundidades del Abismo Challenger no solo puede sobrevivir a sus condiciones extremas, sino también devorar las moléculas de hidrocarburos presentes en el petróleo crudo y el gas natural de uso cotidiano.
Las bacterias que se alimentan de petróleo, como estas, también se encuentran en la superficie del océano y ayudaron a degradar gran parte de los residuos petrolíferos que se derramaron en el golfo de México tras el desastre de 2010 de la plataforma Deepwater Horizon. Los científicos consideran que estos microbios de las profundidades oceánicas que se alimentan de petróleo también pueden utilizarse para limpiar los derrames de petróleo en la superficie.

El Abismo Challenger es "inhóspito para casi todos los organismos del planeta. Frío y completamente oscuro. Lo más extremo es la intensa presión del agua, que aplastaría a la mayoría de los organismos en una fracción de segundo", afirmó Jonathan Todd, biólogo de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, y coautor del estudio, en declaraciones a Business Insider.
"Cómo sobreviven los microorganismos en este entorno sigue siendo un misterio, y esta es otra de nuestras principales preguntas de investigación futuras", añadió.
Recolección de muestras a 7 millas bajo la superficie
Recolectar muestras de las profundidades aplastantes del Abismo Challenger no es tarea fácil. Hasta la fecha, solo unas pocas expediciones han investigado a los habitantes que viven a 7 millas bajo la superficie del océano (lo siento, aficionados de Jason Statham, hasta ahora no se ha descubierto ningún megalodón vivo).

Para obtener muestras, los investigadores lanzaron botellas y tomamuestras al océano y recogieron agua y sedimentos a distintas profundidades de la fosa de las Marianas.
"Piense en el tamaño y el peso del cable necesario para realizar mediciones a profundidades de más de 10 kilómetros [o 6 millas]", dijo Todd.
Tras examinar sus muestras, el equipo identificó un nuevo grupo de bacterias que se alimentan de petróleo y determinó que la proporción de bacterias que devoran hidrocarburos en la fosa de las Marianas es mayor que en cualquier otro lugar de la Tierra. (Estas bacterias se encuentran en casi todos los entornos del planeta.)
Todd y su equipo todavía no están seguros de por qué ocurre esto. "Puede ser que haya una mayor proporción de hidrocarburos en comparación con otras fuentes de nutrientes en la fosa de las Marianas, lo que sustenta esta población particularmente grande", dijo Todd. Según añadió, estos hidrocarburos podrían acumularse dentro de la fosa debido a su topografía única.
Los autores del estudio consideran que los nutrientes de hidrocarburos podrían ser el secreto del éxito de estas bacterias en el entorno extremo del Abismo Challenger, donde las presiones alcanzan unas 15 000 libras por pulgada cuadrada, más de 1000 veces la presión al nivel del mar.
Estos microbios que devoran petróleo podrían combatir los derrames causados por el ser humano
Los organismos que se alimentan de hidrocarburos ya se han utilizado para ayudar a degradar los derrames de petróleo causados por el ser humano.
En 2010, el derrame de la plataforma Deepwater Horizon frente a la costa de Luisiana vertió unos 200 millones de galones de petróleo en el golfo de México. Un área del tamaño de Rhode Island quedó cerrada a la pesca y las economías locales se hundieron.
Varias especies de bacterias que se alimentan de hidrocarburos, como Alcanivorax borkumensis, se dieron un festín con el petróleo derramado, y contribuyeron a los esfuerzos de limpieza del desastre.
Alcanivorax fue uno de los tipos de bacterias que Todd y su grupo encontraron en el Abismo Challenger.
Todd considera posible que las bacterias extraídas de la fosa de las Marianas puedan contribuir de forma similar a las labores de limpieza de derrames de petróleo. Al ser probados en laboratorio, estos microorganismos de las profundidades oceánicas "consumieron de manera muy eficiente" los tipos de hidrocarburos que las bacterias de superficie como Alcanivorax borkumensis degradaron tras el derrame de petróleo del golfo de 2010.
Aunque Todd afirmó que se requiere más trabajo "para probar el potencial de estas nuevas bacterias", el equipo cree que las bacterias que se alimentan de hidrocarburos del fondo del océano podrían consumir cualquier petróleo que se encuentre en la superficie.





