Los sensores oceanográficos instalados en plataformas, barcos, satélites y otros dispositivos pueden recopilar ahora en un año tantos datos sobre el océano como en los últimos 100 años, explican los científicos.
Ampliar el ecosistema de conocimiento oceánico ayudará a aumentar nuestra capacidad para tomar decisiones basadas en datos y proteger el planeta.
Desde optimizar la seguridad de las ballenas hasta cartografiar el fondo marino, así descubren los innovadores nuevos conocimientos e impulsan la investigación oceánica.
La mayoría imaginamos el océano como su superficie: una extensión de olas azules que llega hasta el horizonte. Pero, al igual que nuestras vidas en tierra, la vida oceánica transcurre en tres dimensiones: se sumerge a mayor profundidad que nuestras montañas más altas y recorre miles de millas a lo largo de un año.
El océano es el gran conector en todos los sentidos, grandes y pequeños: las corrientes transportan nutrientes y oxígeno desde los polos hasta las costas; absorbe el 30 por ciento del dióxido de carbono que se libera a la atmósfera; los barcos transportan el 90 por ciento de los bienes mundiales; y los cables de fibra óptica del fondo marino conectan la red mundial. Muchas de estas conexiones permanecieron invisibles hasta que las innovaciones tecnológicas del siglo pasado hicieron más fácil y económico explorar y medir el mar.
Con sensores oceanográficos instalados en plataformas, boyas, barcos, satélites, drones y vehículos submarinos autónomos, podemos recopilar en un año tantos datos sobre el océano como en los últimos 100 años.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) define la Nueva Economía Azul como «una economía basada en el conocimiento que mira al mar no solo para extraer bienes materiales, sino también para obtener datos e información con los que afrontar los desafíos sociales e inspirar soluciones». No se trata solo de generar más datos: se trata de obtener los datos adecuados en el momento oportuno, ponerlos a disposición de quienes los necesitan y recurrir a fuentes de datos de gobiernos, universidades, empresas y comunidades oceánicas, incluidos los conocimientos indígenas.
La próxima ola de transformación en nuestra comprensión del océano no provendrá solo de aumentar el volumen de datos oceánicos, sino también de mejorar nuestra capacidad para descubrirlos y conectarlos, obtener una imagen más clara de lo que sucede bajo las olas e imaginar nuevas soluciones oceánicas.
Optimizar la seguridad de las ballenas
El WhaleSafe del Benioff Ocean Science Laboratory, por ejemplo, integra datos acústicos y visuales con predicciones de modelos para ofrecer a los navegantes información casi en tiempo real sobre la ubicación de las ballenas y ayudar a prevenir colisiones mortales de barcos con ballenas en peligro de extinción. Las colisiones entre ballenas y barcos son una de las principales causas de muerte de las grandes ballenas. No es fácil avistar ballenas desde el puente de mando de un buque de carga, que necesita el mayor tiempo de aviso posible para cambiar de rumbo y entrar en puerto.
WhaleSafe se nutre de una amplia variedad de fuentes de datos, cada una con distintos niveles de calidad, interoperabilidad y reglas de acceso. Su equipo científico y de ingeniería transforma estos datos en un producto disponible mediante una interfaz de programación de aplicaciones (API), que permite a los usuarios adaptarlo a un panel de control u otros productos de datos destinados a apoyar la conservación y la gestión oceánica. Aunque hoy WhaleSafe solo opera en algunos lugares, podrían implementarse soluciones de datos integradas como WhaleSafe en puertos concurridos de todo el mundo.
Cartografiar todo el fondo marino
A mayor escala, proyectos como el Gemelo Digital de la UE o el Allen Coral Atlas combinan datos de innumerables fuentes para visualizar las condiciones oceánicas. Seabed 2030 de Nippon Foundation-GEBCO busca poner fin al viejo dicho de que «sabemos más de la superficie de la Luna que del fondo del océano». Seabed 2030, una iniciativa respaldada oficialmente por el Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible, está uniendo a una amplia variedad de gobiernos, instituciones oceanográficas, universidades de investigación, organizaciones filantrópicas dedicadas al océano y empresas privadas con el objetivo de cartografiar el 100 por ciento del fondo marino para 2030.
Mediante numerosas fuentes y tecnologías de levantamiento, entre ellas la batimetría colaborativa y las donaciones de datos de empresas privadas, la iniciativa trabaja para integrar una representación gratuita y de acceso público de todo el fondo marino a través de la cuadrícula GEBCO. A la fecha de redacción, el proyecto ha aumentado la cobertura batimétrica mundial del 6 por ciento al 23,4 por ciento, y faltan ocho años para la fecha límite.
Proyectos como estos destinan recursos considerables a la gestión y la gobernanza de datos, garantizando su integridad, conectando los flujos de datos, gestionando las licencias de intercambio y creando productos de datos accesibles. Sin embargo, no todos los proyectos oceánicos cuentan con este nivel de personal cualificado, capacidad informática o financiación. Las comunidades y quienes poseen conocimientos indígenas también aportan ideas fundamentales que no encajan fácilmente en las estructuras tradicionales de datos científicos occidentales y que exigen prestar especial atención a la soberanía de los datos y respetarla.
Necesitamos innovaciones para recopilar, sintetizar, acceder y comunicar datos oceánicos que reduzcan las barreras al intercambio de estos datos y generen conocimientos útiles para la acción. Las innovaciones exitosas suelen codiseñarse con quienes tomarán las decisiones y las utilizarán, ya sean modeladores climáticos o pescadores locales. Cambios que parecen pequeños pueden tener un gran impacto.
Llamamientos a la acción por el océano
La Agenda de Acción Oceánica del WEF lanzó recientemente el Uplink Ocean Data Challenge para destacar las mejores innovaciones en datos oceánicos. Junto con nuestros socios de HUB Ocean, Fugro, Planet, Tidal-X, EMODnet, Ocean Supercluster de Canadá y World Ocean Initiative de Economist Impact, buscamos conectar y apoyar.
No somos los únicos que destacan la importancia de los datos oceánicos. La última Convocatoria de acciones del Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas y la Sostenibilidad se centra en actividades que mejoran la infraestructura digital para el océano y desarrollan la capacidad de gestión de datos en todo el mundo.
Ha llegado el momento de ampliar nuestro ecosistema de conocimiento oceánico, aumentar nuestra capacidad para tomar decisiones basadas en datos a todas las escalas y fortalecer la resiliencia de nuestro planeta.

