Nadie sabe cuándo dejará de fluir la lava de Hawái. Estas son las razones

Lava advances along a street near a fissure in Leilani Estates, on Kilauea Volcano's lower East Rift Zone, Hawaii, the U.S., May 5, 2018. U.S. Geological Survey/Handout via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS TPX IMAGES OF THE DAY - RC1C24B41D60
The lava flows from Kilauea are remorseless and unstoppable - and no one knows how long they will continueImage: REUTERS
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La mayoría de nosotros hemos visto las impresionantes imágenes de la Isla Grande de Hawái en las últimas semanas: ríos de roca fundida que avanzan lenta e implacablemente por las laderas y atraviesan barrios residenciales, y fuentes de lava incandescente que brotan de las grietas de la tierra.

Para los residentes de las dos comunidades afectadas hasta ahora, Leilani Estates y Lanipuna Gardens, la situación es desoladora. Los expertos afirman que podrían pasar semanas o incluso meses antes de que la lava deje de fluir, y parece que quienes se ven obligados a presenciar la lenta destrucción de sus propiedades podrían quedarse sin nada. La rareza e imprevisibilidad de las erupciones volcánicas hace que el seguro contra coladas de lava no esté disponible o sea prohibitivamente caro. Como uno de los residentes de la Isla Grande declaró a CNN: "La gente de Hawái, la Isla Grande, tiene que lidiar con la lava…. Sabía que eso ocurriría cuando me mudé aquí. Esta fue una apuesta que todo el mundo asume. Simplemente, quizá, lo he perdido."

Además del desgarro que sufren las personas y las familias, el coste económico será sin duda elevado. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, los flujos de lava del Kilauea, el volcán que actualmente causa problemas en la Isla Grande, han sido casi constantes desde una erupción en 1983, por lo que es imposible predecir cuándo terminará la actual emisión de lava. A finales de 2016, unos 4,4 km³ de lava habían brotado de la cumbre del Kilauea, cubriendo 144 km² de terreno y destruyendo más de 200 edificios.

Sin embargo, la perturbación volcánica no se limita al nivel del suelo. La erupción del Eyjafjallajökull en 2010, un volcán de Islandia, lanzó columnas de ceniza a la corriente en chorro, provocando una perturbación a gran escala en el transporte aéreo en toda Europa. Esas dos semanas de trastornos costaron a la economía mundial unos 5000 millones de dólares, según un informe elaborado para Airbus por Oxford Economics.

Pero quizá la erupción más costosa de la historia reciente, en términos de vidas perdidas y también económicamente, fue la del Tambora, en Indonesia, en 1815. Fue la única erupción desde el año 1400 en alcanzar un 7 en el índice de explosividad volcánica (VEI); para ponerlo en contexto, una erupción de categoría 7 solo se espera una vez cada pocos miles de años y es 10 veces más violenta que una de categoría 6.

La erupción del Tambora lanzó tanta ceniza a la atmósfera que provocó lo que se conoce como el año sin verano. Las nubes de ceniza oscurecieron los cielos hasta tan lejos como el norte de Europa. Las temperaturas globales descendieron tres grados. Los rendimientos de los cultivos y los suministros de alimentos quedaron devastados en todo el mundo, y se calcula que unas 92 000 personas murieron de hambre como consecuencia.

El VEI nos indica que no deberíamos esperar otra erupción de categoría 7 durante al menos otros cuantos cientos, si no miles, de años. Pero ¿qué pasa con una categoría 8? Hay varios supervolcanes acechando bajo la corteza terrestre, cada uno de los cuales tiene el potencial de ser miles de veces más devastador que el Tambora. Uno de los más grandes se encuentra bajo el Parque Nacional de Yellowstone, en el oeste de Estados Unidos. Los científicos calculan que debería entrar en erupción aproximadamente una vez cada 600 000 años, y ya lleva 40 000 años de retraso. Si lo hiciera, la devastación causada en Estados Unidos y en todo el mundo sería inmensa.

Los sucesos del Kilauea, junto con algunos extraños movimientos sísmicos registrados recientemente en Yellowstone, han suscitado temores de que el supervolcán, cuyo cráter es tan grande que podría contener la ciudad de Tokio, pueda estar a punto de estallar.

No se preocupe, afirma el Servicio Geológico de los Estados Unidos: las probabilidades de que eso ocurra en un año cualquiera son de una entre 730 000, y no hay actividad que indique una erupción inminente.

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