Si los 1 millón de municipios del mundo fueran positivos para la naturaleza, podríamos combatir el cambio climático

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  • Diseñar, construir y gestionar ciudades para que sean positivas para la naturaleza es un componente clave de la lucha contra el cambio climático.

  • Un enfoque positivo para la naturaleza implica abordar la infraestructura financiera de los municipios, además de la física.

  • El ingenio de los asentamientos informales podría ser una fuente de soluciones para esta transición.

Desde los numerosos compromisos innovadores anunciados en la cumbre climática COP26 hasta los resultados de la primera parte de la COP15 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, celebrada en octubre pasado, crece el reconocimiento de que la mayoría de los desafíos mundiales que nos afectan, como las crisis interrelacionadas del clima y la naturaleza, pueden abordarse a través de sus vínculos con las ciudades.

En realidad, gran parte del desarrollo urbano actual sigue perjudicando a la naturaleza. Sin embargo, diseñar, planificar, construir, renovar y gestionar ciudades con intervenciones positivas para la naturaleza es, posiblemente, uno de los enfoques más viables para combatir el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Esto puede lograrse tanto integrando la naturaleza en la infraestructura urbana como reorientando su huella en todo el mundo. En la actualidad, el problema de los incentivos perjudiciales —programas de inversión pública y mixta destinados al crecimiento económico en sectores estratégicos, pero que también causan una degradación ambiental irreparable— supone un obstáculo importante para avanzar en este ámbito.

Más de dos tercios de las metas del borrador de la ONU del marco mundial de biodiversidad posterior a 2020se ven directamente afectadas por la creciente huella de los asentamientos humanos. La expansión urbana planificada afectará al 16% de las Áreas Clave para la Biodiversidad durante el periodo de vigencia del marco y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. También preocupa que, para 2030, los parques nacionales estén, en promedio, a menos de 50 kilómetros de las ciudades.

Cada vez más, la huella de la producción y el consumo urbanos tendrá un enorme impacto tanto en la naturaleza que nos rodea como en el logro de las metas del marco posterior a 2020. Por ejemplo, el desarrollo de infraestructura urbana para la vivienda, el transporte, el aire y el agua afecta a la meta 11 sobre la calidad del aire y el agua, mientras que la protección frente a fenómenos extremos y el desarrollo energético afectan a las metas 7 y 8 sobre el cambio climático y la contaminación. La forma en que se abastece a las ciudades de alimentos, madera y textiles, objeto de la meta 10, afecta claramente a los ecosistemas de todo el mundo.

Podría decirse que la meta más importante del borrador del marco posterior a 2020 para las ciudades es la número 12, en la que las partes se comprometen a «aumentar la superficie, el acceso y los beneficios de los espacios verdes y azules para la salud y el bienestar de las personas en las zonas urbanas y otras áreas densamente pobladas».

Es imperativo tomar medidas reales y sustanciales para garantizar un futuro sostenible. Por eso, urge especialmente incorporar la naturaleza al diseño y la construcción de espacios urbanos y periurbanos con un enfoque integrado, utilizando soluciones y estrategias capaces de responder plenamente a varios problemas a la vez. Estas pueden incluir la protección de humedales para el esparcimiento, el control de inundaciones y la regulación de la temperatura, como en el caso de Curitiba, Brasil. Situada en el ecosistema de la selva atlántica, la ciudad es líder en diseño ecológico desde la década de 1960. Con más de 50 metros cuadrados de espacio verde por habitante, muchos de los parques pequeños están dedicados a los grupos étnicos de la ciudad. Gran parte de los 400 kilómetros cuadrados de zonas verdes también funciona como una instalación descentralizada y naturalizada para la gestión de aguas pluviales.

Ir más allá de lo visible

Aun así, debemos recordar que no se trata solo de la forma física de las ciudades. La manera en que se diseñan para funcionar y quién las financia desempeñan un papel fundamental. Movilizar los vínculos urbanos con el clima y la naturaleza exige remontarse al inicio del «ciclo de vida» de la ciudad y examinar cómo las decisiones sobre financiación e inversión afectan no solo a la naturaleza, sino también a la creación de empleos verdes y azules y de oportunidades empresariales.

Por fortuna, una parte significativa de las inversiones en infraestructura y extracción de recursos puede controlarse y supervisarse a nivel urbano. Como se señala en el marco mundial de biodiversidad posterior a 2020, debemos integrar los valores de la biodiversidad en los planes y políticas de desarrollo y regulación urbanos, tal como establece la meta 14 del marco: «cuentas y evaluaciones de los impactos ambientales en todos los niveles de gobierno y en todos los sectores de la economía». Las autoridades locales desempeñarán un papel central para garantizar que «todas las empresas evalúen e informen sobre sus dependencias e impactos en la biodiversidad, desde el ámbito local hasta el mundial, y reduzcan progresivamente los impactos negativos, [y garanticen] la plena sostenibilidad de las prácticas de extracción y producción, el abastecimiento y las cadenas de suministro, así como el uso y la eliminación», tal como establece la meta 15.

Mapa de transformación sobre BiodiverCitiesImage: Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt

La huella del consumo humano puede «reorientarse» hacia enfoques positivos para la naturaleza, y hacerlo resulta más eficaz a nivel local. Los beneficios serán enormes. Pensemos en las posibilidades si los 36 millones de habitantes del área metropolitana de São Paulo, o los millones de personas que conforman las áreas metropolitanas de Londres o París, tal como plantea la meta 16 del marco posterior a 2020, «toman decisiones responsables y tienen acceso a información y alternativas pertinentes, teniendo en cuenta las preferencias culturales, para reducir al menos a la mitad el desperdicio y, cuando corresponda, el consumo excesivo de alimentos y otros materiales».

Los 1 millón de municipios del mundo, como motores del cambio, también pueden contribuir de manera significativa a reorientar los incentivos perjudiciales para la biodiversidad. Si reorientamos sus compras públicas hacia productos y servicios positivos para la naturaleza y de comercio justo, el importe total puede marcar una gran diferencia para la meta 19: «Aumentar al menos 10.000 millones de dólares al año los flujos financieros internacionales hacia los países en desarrollo, movilizar financiación privada e incrementar la movilización de recursos nacionales». Y, lo que es fundamental, muchos ya lo hacen.

Una hoja de ruta hacia ciudades positivas para la naturaleza

Para llevar a cabo esta transformación, necesitamos un liderazgo firme y eficaz de las ciudades y las autoridades metropolitanas, respaldado e integrado con los esfuerzos de los gobiernos subnacionales, las autoridades nacionales, la comunidad internacional, las empresas, el sector financiero y la sociedad en general. La Comisión Global sobre BiodiverCities para 2030 hace posible este liderazgo y asesora sobre medidas prácticas para el marco posterior a 2020.

También debemos tener en cuenta que la mayoría de las ciudades del futuro serán pobres o estarán en transición desde distritos de bajos ingresos. Ciudades como Bombay, Río de Janeiro o Nairobi albergan una biodiversidad significativa, pero también grandes asentamientos informales. Las personas que viven en ellos, alrededor de una séptima parte de la población mundial, cuentan con sus propios sistemas de saneamiento, agua, servicios urbanos, empleo y seguridad. Ante el despilfarro de materiales y espacio en la planificación urbana actual, es posible, si no probable, que las soluciones para las ciudades futuras positivas para la naturaleza surjan tanto de esos suburbios desfavorecidos, donde a menudo florecen la creatividad en el uso de materiales y el diseño y el intercambio entre culturas, como de las ciudades tradicionales del Viejo Mundo, bien establecidas y acomodadas, con una gran huella ecológica.

El Mapa de transformación sobre BiodiverCities, elaborado por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt de Colombia y que se muestra arriba, ilustra cómo los distintos aspectos de la urbanización afectan e interactúan con muchos de los elementos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial con respecto al futuro de las ciudades?

El Centro para la Transformación Urbana conecta a líderes urbanos, empresas y gobiernos para comprender los desafíos y las oportunidades que configuran el futuro de las ciudades.

Mediante el aprendizaje entre pares y la colaboración, el Centro permite que las ciudades intercambien conocimientos y traduzcan una comprensión compartida en soluciones urbanas prácticas y resilientes.

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Es importante recordar que no existe una solución mágica. No hay una solución única. El marco mundial de biodiversidad posterior a 2020 y la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible pueden servir de guía para lograr un cambio transformador, pero corresponde a cada ciudad reinventarse para convertirse en un motor de cambio eficaz. La Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica está preparada para ayudar a los 195 gobiernos nacionales que lo firmaron, así como a sus socios para el desarrollo, a liberar el enorme potencial de unas ciudades verdaderamente positivas para la naturaleza.

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