Según un nuevo estudio, las bacterias presentes en los estómagos de las vacas pueden utilizarse para digerir poliésteres empleados en textiles, envases y bolsas compostables.
El plástico es notoriamente difícil de descomponer, pero las bacterias del rumen de una vaca, uno de los cuatro compartimentos de su estómago, pueden digerirlo.
Los nuevos hallazgos presentan una opción sostenible para reducir los residuos plásticos y la basura.
El estudio solo se ha llevado a cabo a escala de laboratorio, pero sus autores consideran que el proceso sería fácil de escalar, lo que tendría importantes beneficios ambientales.
Las bacterias presentes en los estómagos de las vacas pueden utilizarse para digerir poliésteres empleados en textiles, envases y bolsas compostables, según un nuevo estudio de la editorial de acceso abierto Frontiers. El plástico es notoriamente difícil de descomponer, pero las comunidades microbianas que viven en el sistema digestivo de los animales son una fuente prometedora, aunque poco investigada, de nuevas enzimas que podrían lograrlo. Los nuevos hallazgos presentan una opción sostenible para reducir los residuos plásticos y la basura, aprovechando la gran diversidad metabólica de los microbios.
El plástico es notoriamente difícil de descomponer, pero investigadores de Austria han descubierto que las bacterias del rumen de una vaca –uno de los cuatro compartimentos de su estómago– pueden digerir ciertos tipos de este material omnipresente, lo que representa una forma sostenible de reducir la basura plástica. El descubrimiento se publica hoy en la revista de acceso abierto Frontiers in Bioengineering and Biotechnology.
Los científicos sospechaban que estas bacterias podrían ser útiles, ya que la dieta de las vacas ya contiene poliésteres vegetales naturales. “Una enorme comunidad microbiana vive en el retículo del rumen y es responsable de la digestión de los alimentos en los animales”, afirmó la doctora Doris Ribitsch, de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena, “por lo que sospechamos que algunas actividades biológicas también podrían utilizarse para la hidrólisis de poliésteres”, un tipo de reacción química que da lugar a la descomposición. En otras palabras, estos microorganismos ya pueden descomponer materiales similares, por lo que los autores del estudio pensaron que también podrían descomponer los plásticos.
Ribitsch y sus colegas estudiaron tres tipos de poliésteres. Uno de ellos, el tereftalato de polietileno, comúnmente conocido como PET, es un polímero sintético de uso habitual en textiles y envases. Los otros dos eran un plástico biodegradable que se utiliza a menudo en bolsas de plástico compostables (adipato tereftalato de polibutileno, PBAT), y un material de base biológica (furanoato de polietileno, PEF) fabricado a partir de recursos renovables.
Obtuvieron líquido del rumen de un matadero en Austria para conseguir los microorganismos que estaban analizando. Después incubaron ese líquido con los tres tipos de plásticos que estaban probando (que se analizaron tanto en forma de polvo como de película) para comprender con qué eficacia se descompondría el plástico.
Según sus resultados, los tres plásticos podían descomponerse por los microorganismos de los estómagos de las vacas, y los polvos plásticos se descomponían más rápido que la película plástica. En comparación con investigaciones similares que se han realizado sobre microorganismos individuales, Ribitsch y sus colegas descubrieron que el líquido del rumen era más eficaz, lo que podría indicar que su comunidad microbiana podría tener una ventaja sinérgica: que la combinación de enzimas, más que cualquier enzima en particular, es lo que marca la diferencia.
Aunque su trabajo solo se ha realizado a escala de laboratorio, Ribitsch afirmó: “Debido a la gran cantidad de rumen que se acumula cada día en los mataderos, sería fácil imaginar un aumento de escala”. Sin embargo, advierte de que este tipo de investigación puede resultar prohibitivo en cuanto a costes, ya que el equipo de laboratorio es caro y estos estudios requieren estudios previos para examinar los microorganismos.
No obstante, Ribitsch espera con interés nuevas investigaciones sobre el tema, y afirma que las comunidades microbianas han sido poco exploradas como recurso ecológico potencial.





