Los científicos han observado aumentos anuales récord del metano atmosférico por segundo año consecutivo.
Durante un período de 20 años, el potencial de calentamiento global del metano es 80 veces mayor que el del dióxido de carbono.
Según los expertos, reparar las fugas de petróleo y gas, replantear la gestión de residuos y activar los mercados puede ayudar a reducir las emisiones de metano.
Mientras el mundo trabaja para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar los peores impactos del cambio climático, un supercontaminante avanza en la dirección equivocada. Por segundo año consecutivo, los científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) observaron aumentos anuales récord del metano atmosférico. Y el aumento de este año es el mayor registrado desde que comenzaron las mediciones hace cuatro décadas.
El potencial de calentamiento global del metano es 80 veces mayor que el del dióxido de carbono durante un período de 20 años. Los científicos del clima, los líderes políticos y los actores de la sociedad civil han empezado a comprender que reducir las emisiones de metano ofrece la mayor oportunidad individual para abordar el calentamiento a corto plazo. Por fortuna, existen muchas formas de reducir las emisiones de metano, entre ellas reparar las fugas de petróleo y gas, replantear la gestión de residuos y activar los mercados. Pero primero tenemos que saber de dónde provienen esas emisiones. Al hacer visible lo invisible, es posible revertir el aumento de las emisiones mundiales de metano.
Eliminar las fugas de metano en los sistemas de petróleo y gas
El sector del petróleo y el gas es la segunda fuente mundial de metano y representa, según las estimaciones, el 23 por ciento de las emisiones mundiales. Evitar las fugas en las operaciones es una prioridad y ya tenemos muchas herramientas a nuestro alcance.
Cada vez más satélites detectan fugas de metano. Algunas son enormes e incluyen emisiones durante las operaciones de mantenimiento de petróleo y gas o por fallos de equipos, que no se contabilizan en los inventarios actuales de emisiones. Un estudio reciente identificó superemisores que, según las estimaciones, representan entre el 8 y el 12 por ciento del total mundial de emisiones de metano del petróleo y el gas, y que hasta ahora habían pasado inadvertidos. Además, los datos recopilados por Carbon Mapper y EDF en la cuenca del Pérmico, que abarca Texas y Nuevo México, muestran que reparar las fugas persistentes en oleoductos y gasoductos, plataformas de pozos, estaciones de compresión e instalaciones de procesamiento podría reducir de inmediato 100.000 toneladas de metano al año.
Además de la detección por satélite, RMI y sus colaboradores académicos de la Universidad de Stanford y la Universidad de Calgary desarrollaron modelos de código abierto para estimar las emisiones de metano a lo largo del ciclo de vida de las cadenas de suministro de petróleo y gas. Esta inteligencia climática puede ayudar a orientar las políticas y diseñar estrategias de mercado para reducir las emisiones de metano. Por ejemplo, las iniciativas de la UE para sustituir el gas ruso con fugas por suministros menos intensivos en emisiones podrían reducir las emisiones de metano casi un 40 por ciento a corto plazo, mientras Alemania acelera su transición a la electricidad 100 por ciento renovable.
Una combinación de vigilancia continua, una supervisión más eficaz y mayor atención por parte de los operadores puede «apretar las tuercas» de la infraestructura con fugas y reducir la huella de metano de este importante sector.
Replantear la gestión del metano procedente de los residuos
El sector de los residuos, que incluye los vertederos y las aguas residuales, es otra fuente importante de metano y representa aproximadamente una de cada cinco toneladas de metano emitidas cada año. Sin embargo, se conoce menos el metano de los sistemas de residuos de todo el mundo que el de los sistemas de petróleo y gas. Los gobiernos han pasado por alto durante mucho tiempo el sector de los residuos, y las emisiones podrían ser aún mayores de lo que suponen actualmente los organismos reguladores.
Validar las estimaciones de los modelos con mediciones directas, como la teledetección, puede mejorar los inventarios de metano procedente de los residuos. Por ejemplo, los dos nuevos satélites de Carbon Mapper, cuyo lanzamiento está previsto para 2023, mejorarán la detección del metano de los residuos. Mientras tanto, esta organización sin fines de lucro sigue realizando campañas de sobrevuelos en aeronaves para detectar y analizar las emisiones de metano de los residuos, comenzando por Norteamérica.
¿Cómo facilita el Foro Económico Mundial la transición a la energía limpia?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se entrecruzan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a sus socios a coordinarse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.
Existen muchas soluciones para el metano procedente de los residuos, tanto técnicas como conductuales. Entre ellas figuran evitar el desperdicio de alimentos, desviar los residuos orgánicos para su procesamiento, transformar los vertederos a cielo abierto en rellenos sanitarios modernos, bien gestionados y diseñados técnicamente, y diseñar y gestionar rellenos sanitarios para optimizar la recuperación de metano. El Banco Mundial estima que los residuos orgánicos representan entre el 64 y el 68 por ciento de los flujos de residuos sólidos municipales del mundo. Reducir el desperdicio de alimentos y otros residuos orgánicos permite reducir considerablemente las emisiones de metano. Además, transformar los vertederos a cielo abierto —frecuentes en países en desarrollo— en rellenos sanitarios modernos y diseñados técnicamente no solo aporta beneficios climáticos, sino que también contribuye a proteger la salud y la seguridad públicas. Por ejemplo, en 2005, el vertedero a cielo abierto de Leuwigajah, en Bandung (Indonesia), registró el segundo deslizamiento de residuos más mortífero de la historia: sepultó 71 viviendas y causó la muerte de 143 personas.
Para frenar las emisiones de metano de los residuos, se necesita una estrategia integrada de gestión de residuos que combine varias soluciones de mitigación aguas arriba (antes de que los residuos lleguen a los rellenos sanitarios) y aguas abajo (en los propios rellenos). También se deberían adoptar medidas similares para abordar las emisiones de metano de las operaciones de tratamiento de aguas residuales. Un nuevo informe de RMI, Carbon Mapper e IG3IS, cuya publicación está prevista para el verano de 2022, examinará con más detalle la mitigación de las emisiones de metano de los residuos sólidos.
Activar los mercados
No podemos gestionar lo que no medimos. En conjunto, los satélites y los modelos pueden localizar y cuantificar las distintas emisiones de metano del petróleo y el gas, los residuos y otros sectores. Con esta inteligencia climática, las empresas y los países pueden mejorar sus operaciones, regular el metano y poner precio a las emisiones.
Ya están en marcha medidas y nuevas propuestas. El Compromiso Mundial sobre el Metano se firmó en la COP26 con el apoyo financiero del Methane Hub. Más de 100 países se comprometieron a reducir más de ocho gigatoneladas de emisiones equivalentes de CO2 al año para 2030. Esa cantidad equivale a las emisiones de todo el transporte mundial.
Las empresas de petróleo y gas están certificando voluntariamente sus emisiones de metano mediante métodos de código abierto y verificación independiente. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó en 2021 la Ley Build Back Better (H.R. 5376), que cobraría a la industria del petróleo y el gas 900 dólares por tonelada por sus emisiones de metano. (Al cabo de dos años, la tasa sobre el metano aumentaría a 1.500 dólares por tonelada). Además, como mayor importadora de gas comercializado a escala mundial, la UE está aprovechando su poder de mercado para impulsar la reducción de las emisiones de metano. Se estima que el gas de la UE (procedente en su mayor parte de Noruega) es mucho menos intensivo en metano que los suministros mundiales de gas. Las regulaciones de la Estrategia sobre el metano de la Comisión Europea, junto con un impuesto fronterizo sobre el carbono, podrían reducir significativamente las emisiones de metano.
Mientras que el CO2 representa una amenaza climática a largo plazo, reducir el metano ofrece beneficios climáticos durante la próxima década. Una vez detectado, existen soluciones. Los mercados responden a los precios y las regulaciones. Estas son las mejores herramientas disponibles para reducir rápidamente las emisiones de metano y proteger el clima de inmediato. Pronto habrá pruebas cuando la NOAA publique sus próximas mediciones anuales del metano atmosférico. El objetivo es revertir las tendencias actuales del metano para que el próximo año y todos los años siguientes este supercontaminante sea menos abundante en nuestra atmósfera.








