Ha recorrido miles de kilómetros para concienciar sobre la contaminación marina.
Los residuos plásticos de su hogar, Bali, lo inspiraron a pasar a la acción.
Cada año, 8 millones de toneladas de residuos plásticos acaban en el mar.
Hay unos 4.800 kilómetros desde Nueva York hasta Los Ángeles: de costa a costa, del noreste al suroeste, atravesando las montañas, llanuras y praderas de 13 estados diferentes. Es un viaje que requeriría 41 horas de conducción ininterrumpida o un vuelo de seis horas.
También podrías correrlo. Sí, correrlo. Si pudieras recorrer 32 kilómetros cada día, tardarías aproximadamente 160 días en completar el trayecto. ¿Tendrías que estar loco, verdad? O quizá estarías tan decidido a marcar la diferencia que crees que “ninguna idea es lo bastante loca”.
Da un paso al frente Sam Bencheghib, que acaba de completar esa hazaña. Partió de Battery Park, en Nueva York, hasta Santa Mónica, para concienciar sobre el daño que la contaminación por plásticos inflige a los océanos de nuestro planeta. Incluso llevó zapatillas para correr fabricadas con plástico reutilizado.
Su travesía terminó el 1 de febrero de 2020, cuando lo acompañó un grupo de 70 corredores en su última milla, antes de lanzarse al océano Pacífico para celebrarlo.
“No fue nada fácil llegar hasta allí, pero a pesar de todos los obstáculos del camino, física, mental y emocionalmente, fue una experiencia que cambió mi vida y que llevaré conmigo el resto de mi vida”, dijo.
Hora de actuar
Su hermano Gary habló en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos este año. Junto con su hermana Kelly, Sam y Gary dirigen la Make a Change Foundation, organización que lucha contra la contaminación marina por plásticos. “Hay 500 veces más piezas de plástico en nuestro océano que estrellas en nuestra galaxia”, dijo Gary a la audiencia de Davos. "La verdad es que nunca ha habido un momento más importante para actuar que ahora."
Los hermanos Bencheghib crecieron en la isla indonesia de Bali. En 2017, los dos hermanos remaron por el río Citarum, muy contaminado, en un kayak hecho con botellas de plástico para concienciar sobre la basura que obstruye la vía fluvial. En Davos, Gary presentó su última iniciativa: Sungai Watch, una plataforma en línea que utiliza inteligencia artificial y barreras fluviales para detectar y atrapar plásticos y otros residuos. 'Sungai' significa río en indonesio.
Alrededor de 300 millones de toneladas de residuos plásticos se generan cada año, de las cuales unos ocho millones de toneladas acaban en el mar.
Caído, pero no derrotado
El viaje de Sam tuvo dificultades en el último tramo. Con solo 720 kilómetros por recorrer de su monumental travesía, se lesionó el tendón de Aquiles. “A veces, por mucho que intentes hacer todo bien, tienes mala suerte”, escribió Sam en el blog de Make a Change. Sin desanimarse, tomó unos bastones de senderismo y empezó a caminar en lugar de correr.
A lo largo del camino, Sam se reunió con residentes de zonas del interior de Estados Unidos sin salida al mar para hablar de sus experiencias con la contaminación por plásticos costera y fluvial. Visitó escuelas y universidades, impartió talleres de cero residuos y eventos de plogging para limpiar los barrios locales.
“Estoy llevando el océano a ciudadanos de todo Estados Unidos que no necesariamente comprenden el problema”, afirmó Sam en una entrevista el año pasado. “Una gran parte del problema es que, independientemente de dónde vivas, en el interior o en la costa, todos contribuyen a este problema porque usan plástico. Y el 80% del plástico del océano procede de ríos y arroyos.”








