La demanda de gas se dispara a medida que los productores de electricidad abandonan el carbón.
La cadena de suministro energética mundial está casi al límite y cada nueva perturbación genera problemas.
Esto se debe en parte a la descarbonización de la producción de electricidad y demuestra lo importante que es gestionar bien la transición energética en curso.
Al entrar en el último trimestre de 2021, una crisis energética mundial está provocando una onda de choque en las economías y los sectores industriales de todo el mundo. Además de las escaseces y subidas de precios inmediatas, esta crisis también podría anticipar las consecuencias de una transición energética mal gestionada.
La energía es fundamental para casi todos los aspectos de la vida moderna. Desde mantener en funcionamiento la industria hasta alimentar internet, calentar e iluminar los hogares de las personas o garantizar el transporte, gran parte de lo que necesitamos depende de la energía. Por ello, es probable que las crisis energéticas repercutan en toda la economía y las sienta casi todo el mundo. Cuando sube el precio del gas y la electricidad, también suben los precios de muchas otras cosas.
Reservas agotadas
Al hablar con Bloomberg TV, Jeff Currie, director global de investigación de materias primas de Goldman Sachs, explicó cómo la demanda de gas ha aumentado a medida que se han desmantelado numerosas centrales eléctricas de carbón en todo el mundo. Ello ha tenido el doble efecto de elevar los precios y agotar las reservas mundiales de gas.
“Las cadenas de suministro están tan gravemente agotadas que el sistema no puede absorber ningún tipo de perturbación”, declaró.
Currie prevé que los precios de la energía sigan siendo altos e incluso aumenten aún más a medida que se acerque el invierno en el hemisferio norte. En opinión de Currie, el aumento de los precios de la energía podría contribuir a acelerar la transición energética, y señala que los precios más altos hacen que todas las formas de energía renovable resulten más atractivas desde el punto de vista comercial.
Un sistema energético tensionado
Roberto Bocca, jefe de Shaping the Future of Energy and Materials del Foro Económico Mundial, considera que todos tienen un papel que desempeñar para evitar que la transición energética se convierta en una serie de crisis energéticas.
“La complejidad de la transición energética es una cuestión fundamental para la sociedad, con implicaciones para todos los sectores y dimensiones de la vida”, afirma. “Es más que ‘hagamos las cosas mejor, seamos más eficientes’, lo cual es importante, por supuesto. Pero es necesario repensar todo el paradigma de cómo consumimos (demanda) y producimos energía (oferta).”
“El sistema energético está interconectado y tensionado”, afirma. “Por eso, cualquier anomalía que surja puede causar perturbaciones con repercusiones en todo el mundo.”
Bocca sugiere que las personas deberían pensar de otra manera sobre su relación con la energía, pasando de una mentalidad de abundancia energética a otra que subraye que se trata de un recurso valioso y limitado.
Aumentar la eficiencia energética
En los hogares, las oficinas y las empresas de todo el mundo, la energía se considera un servicio público. Basta con pulsar un botón o accionar un interruptor para que esté disponible y lista para usarse. Pero la compleja infraestructura que conecta el humilde interruptor de la luz, o incluso un aerogenerador no tan humilde, con el resto de la red eléctrica pasa desapercibida.
Para los consumidores, tanto domésticos como industriales, esto puede generar complacencia en el uso de la energía, sobre todo cuando los costosos efectos externos de la producción y el consumo de energía no se incluyen en el coste.
“Es complejo”, coincide Bocca. “Pero no es misterioso. Hay cosas que se pueden hacer... lo fundamental es que nuestro comportamiento tiene que cambiar.”
Las eficiencias pueden surgir de actos sencillos, como utilizar bombillas domésticas de bajo consumo. Puede parecer poco, pero cuando millones de personas realizan un cambio de este tipo, puede producirse un poderoso efecto multiplicador.
Y las eficiencias también pueden surgir de cambios más profundos en la forma en que abordamos el consumo de energía en las ciudades y los grupos industriales. “La eficiencia que se puede obtener con este tipo de enfoque sistémico es bastante notable”, afirma Bocca.
De hecho, el Foro Económico Mundial, junto con Accenture, ha lanzado recientemente una Caja de herramientas de soluciones para acelerar la descarbonización en las ciudades. La plataforma digital, parte del programa Net-Zero Carbon Cities, se centra en soluciones prácticas que abordan la electrificación limpia, la eficiencia y la infraestructura inteligente.
Nuevos modelos de negocio energéticos
Desde el desarrollo de productos energéticamente eficientes hasta la creación de sistemas de combustible completamente nuevos, como el hidrógeno y la infraestructura que lo acompaña, la reconfiguración del sector energético mundial requerirá una cooperación de gran alcance. Esa cooperación será, en ocasiones, entre empresas que normalmente se considerarían competidoras. La celosa protección de la propiedad intelectual y el sentido de propiedad sobre los clientes puede que tengan que dar paso a una perspectiva más holística, basada en la idea de formar parte de un ecosistema energético.
“Hablamos mucho de tecnología e innovación, lo cual es importante. Pero esto también tiene que ver con la innovación en los modelos de negocio”, afirma Bocca. Las empresas deben ser capaces de seguir siendo comercialmente viables y cumplir la normativa, al tiempo que se adaptan al cambio.
Según él, los reguladores y los responsables políticos deben actuar para reducir el riesgo del nuevo panorama comercial, con el fin de fomentar la inversión en nuevas alianzas, nuevas tecnologías y nuevos servicios.
Impulsar la alfabetización energética
El Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial (ETI) lleva 10 años siguiendo los avances en la lucha contra las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía. Según el índice, los 10 primeros países del ETI representan alrededor del 2 % de la población mundial y aproximadamente el 3 % de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía.
Los países más grandes, más poblados y también más contaminantes deberán avanzar más si se quiere mejorar el panorama general. Pero los intentos de cambiar demasiado bruscamente pueden provocar malestar y resistencia al cambio.
Si todas las partes interesadas, desde los consumidores y los reguladores hasta el mundo académico, las organizaciones no gubernamentales y los líderes empresariales, adquieren más alfabetización energética, podrían llegar a apreciar cómo pueden impulsar cambios beneficiosos a través de las decisiones que toman.
La transición energética de los próximos 20 años va a ser compleja, costosa y, en ocasiones, muy difícil de implementar. No nos escondamos tras el desafío, trabajemos juntos para resolverlo, afirma Bocca.



