Más de un tercio de las poblaciones de peces del mundo está siendo objeto de sobrepesca.
Cada año se destinan 22.000 millones de dólares a subvencionar la sobrepesca, que sobreexplota los recursos oceánicos y pone en riesgo la seguridad alimentaria y laboral.
Esta cuestión de justicia ambiental y social puede resolverse eliminando las subvenciones perjudiciales a la pesca.
Los peces del océano pueden parecer muy lejanos de las dificultades cotidianas de las personas en tierra. Sin embargo, cada año se destinan 22.000 millones de dólares de fondos públicos a subvencionar la sobrepesca, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria y laboral en todo el mundo.
Como la gran mayoría de estas subvenciones va a parar a las flotas pesqueras industriales, peligra la propia supervivencia de innumerables comunidades costeras que dependen de la pesca artesanal a pequeña escala.
Hoy es el Día Mundial de la Pesca, un importante recordatorio de la necesidad de poner fin a la práctica perversa de subvencionar las flotas pesqueras industriales que sobreexplotan los recursos oceánicos.
Hace cinco años, en las Naciones Unidas, los líderes mundiales acordaron por consenso los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que incluyen la eliminación de las subvenciones perjudiciales a la pesca para 2020. La meta busca explícitamente poner fin a la sobrepesca, la pesca ilegal y el exceso de capacidad de las flotas pesqueras.

Según el informe bienal de este año bienalde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más de un tercio de las poblaciones de peces del mundo está siendo objeto de sobrepesca. El problema es especialmente grave en muchos países en desarrollo, donde las flotas pesqueras industriales subvencionadas capturan los peces y se los llevan.
Estas flotas industriales pueden recorrer largas distancias y llegar a caladeros donde agotan poblaciones de peces que tradicionalmente eran capturadas de manera sostenible por pescadores artesanales locales a pequeña escala. Algunos gobiernos utilizan fondos públicos para pagar parte del combustible necesario para estas largas travesías marítimas, una actividad que sus críticos describen como «subvenciones perjudiciales que aumentan la capacidad».
La mayoría de los ODS tienen como horizonte 2030, pero algunos aspectos del objetivo de conservar y utilizar de manera sostenible los recursos oceánicos (ODS 14) se consideraron tan urgentes que los líderes mundiales acordaron acelerar la aplicación de cuatro de sus metas para 2020. Son las siguientes:
gestionar y proteger de manera sostenible los ecosistemas marinos y costeros para evitar impactos adversos importantes, entre otras cosas, reforzando su resiliencia y adoptando medidas para restaurarlos (ODS 14.2);
regular eficazmente las capturas y poner fin a la sobrepesca, a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, y a las prácticas pesqueras destructivas, así como aplicar planes de gestión basados en la ciencia (ODS 14.4);
conservar al menos el 10 % de las zonas costeras y marinas (ODS 14.5); y
prohibir determinadas formas de subvenciones a la pesca que contribuyen al exceso de capacidad y a la sobrepesca, eliminar las subvenciones que contribuyen a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, y abstenerse de introducir nuevas subvenciones de ese tipo (ODS 14.6).
¿Cuánto se ha avanzado para poner fin a la sobrepesca?
¿En qué punto estamos con estas metas? Es justo decir que desde 2015 se ha avanzado mucho, pero, al acercarnos al final de 2020, todavía queda mucho por hacer para alcanzarlas. La semana pasada, la declaración de la mayor área marina totalmente protegida del Atlántico, que abarca casi 700.000 km2 de las aguas que rodean Tristan da Cunha, supuso un gran paso adelante. Sin embargo, el mes anterior, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) no logró declarar las tres grandes áreas marinas protegidas de la Antártida que se esperaban desde hacía mucho tiempo y que habrían permitido cumplir el ODS 14.5.
En cuanto al ODS 14.4, el número de países que forman parte del Acuerdo sobre medidas del Estado rector del puerto de la FAO, un instrumento jurídicopara combatir la pesca ilegal, ha aumentado a 67. Pero, dado que se capturan más de un tercio de las poblaciones de peces del mundo por encima de niveles biológicamente sostenibles, es evidente que se necesita una mejor gestión.
Hay mucho en juego. Según las cifras del Banco Mundial, 120 millones de trabajadores a tiempo completo y parcial dependen directamente de las cadenas de valor de la pesca comercial, y el 91 % de todos los pescadores y trabajadores pesqueros se dedica a la pesca a pequeña escala. Además, más del 90 % de los pescadores a pequeña escala vive en países en desarrollo y entre el 90 y el 95 % de las capturas de la pesca a pequeña escala se destina al consumo humano local. Se estima que las mujeres representan el 47 % de la fuerza laboral total de la pesca a pequeña escala, lo que equivale a 56 millones de empleos en los países en desarrollo, principalmente en actividades posteriores a la captura y en el comercio.
La FAO afirma que la gestión es la mejor forma de conservación; por tanto, el éxito del ODS 14.4 dependerá en última instancia de hasta qué punto mejoremos la gestión de las poblaciones de peces del mundo para mantenerlas dentro de niveles biológicamente sostenibles.
En cuanto al fin de las subvenciones perjudiciales a la pesca (ODS 14.6), aún está por verse. El cumplimiento del ODS 14.6 está, en la práctica, en manos de los países que negocian actualmente en la Organización Mundial del Comercio (OMC), en Ginebra. Llevan cuatro años negociando de manera diligente y trabajando para acordar medidas que prohíban las subvenciones perjudiciales a la pesca. Con la fecha límite de 2020 para el ODS 14.6 cada vez más cerca, las negociaciones están llegando ahora a un punto decisivo.
La OMC tiene este mandato porque la disciplina de las subvenciones es una de las funciones esenciales de la organización. La experiencia demuestra que las subvenciones crean dependencia y que, una vez incorporadas a un sistema, es difícil prescindir de ellas. Sin duda, por eso algunos miembros de la OMC llevan tanto tiempo teniendo dificultades para eliminar las subvenciones perjudiciales.
Tras el aplazamiento de la conferencia ministerial bienal de la OMC a causa de la pandemia de coronavirus, ahora corresponde al Consejo General de la OMC cumplir el ODS 14.6. Se prevé que el Consejo se reúna a mediados de diciembre y, mientras tanto, los miembros de la OMC continúan las negociaciones bajo la presidencia del embajador de Colombia, Santiago Wills.
Como participé en las negociaciones internacionales que condujeron a la adopción del ODS 14.6, puedo afirmar que este se impulsó por un amplio reconocimiento y una profunda preocupación ante el hecho de que las subvenciones perjudiciales a la pesca son uno de los principales factores que impulsan los colapsos de los ecosistemas que están ocurriendo actualmente en los océanos. Por ello, todas las delegaciones de la OMC que participan en las negociaciones sobre subvenciones tienen una inmensa responsabilidad, en nombre de las personas y del planeta, de mantenerse fieles a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y alcanzar el acuerdo necesario para poner fin a las subvenciones perjudiciales a la pesca.
