Los medios internacionales y la comunidad dedicada a la conservación de la vida silvestre acogieron en gran medida el anuncio que China hizo a finales del año pasado de que cerraría su mercado interno de marfil.
Algunos lo describieron como un cambio radical y un duro golpe para los cazadores furtivos de elefantes y los traficantes de marfil.
Seis meses después, el debate sobre el comercio interno de marfil sigue vigente en algunos países; mientras que, en ciertos países africanos y asiáticos, todavía se pueden encontrar tallas de marfil a la venta abiertamente a turistas extranjeros.
En los lugares donde se proponen prohibiciones nacionales, como Hong Kong, el calendario de aplicación sigue siendo motivo de debate.
En otros lugares, como la Unión Europea, se están adoptando controles estrictos sobre el comercio interno en lugar de una prohibición.
Además, en todos los casos, el debate incluye qué tipo de excepciones deberían permitirse, ya que todos los países admiten alguna forma de excepción para las antigüedades.
La audaz decisión de China
Durante mi séptima visita oficial a China como secretario general de la CITES, en marzo de este año, presencié el cierre de la primera tanda de fábricas y mercados de tallas de marfil.
Dos años antes, me había reunido con el vice primer ministro Wang Yang para hablar de la CITES y del comercio de marfil, después de inaugurar el primer taller dedicado a reducir la demanda de marfil ilegal, organizado por la Secretaría de la CITES junto con el Gobierno chino.
La audaz decisión que China tomó desde entonces tendrá un impacto significativo en la industria y los mercados de tallas de marfil.

Afecta al procesamiento, el comercio y el movimiento del marfil y de las tallas de marfil, tanto dentro de las provincias como entre ellas, y tiene así un alcance extraordinario en todo el país.
La decisión de China siguió al compromiso conjunto asumido con Estados Unidos en 2015 de cerrar los mercados nacionales y a un llamamiento de la CITES —el acuerdo internacional entre 183 Partes que regula el comercio internacional de animales y plantas silvestres— en su conferencia trienal celebrada en Johannesburgo en octubre pasado.
En esa conferencia, los gobiernos del mundo decidieron que los países «en cuya jurisdicción exista un mercado interno legal de marfil que contribuya a la caza furtiva o al comercio ilegal» deben «adoptar con urgencia todas las medidas legislativas, regulatorias y de aplicación necesarias para cerrar sus mercados internos al comercio de marfil en bruto y trabajado con fines comerciales», reconociendo que puede haber algunas excepciones.
Preocupación mundial
Este llamamiento de la CITES reflejó el nivel de preocupación mundial por la gravedad de la caza furtiva de elefantes y el contrabando de marfil.
En los 44 años de historia de la CITES, solo en contadas ocasiones ha recomendado cerrar los mercados internos de especies incluidas en sus listas en países afectados por la caza furtiva y el comercio ilegal. El mensaje es claro.
Los países decidieron adoptar medidas tan excepcionales por buenas razones.
Aunque en 1990 la CITES prohibió el comercio internacional legal de marfil de elefante con fines comerciales, la caza furtiva de elefantes africanos se ha intensificado en los últimos años: se estima que entre 2010 y 2012 mataron ilegalmente a 100.000 elefantes por su marfil (según el programa de la CITES de seguimiento de la matanza ilegal de elefantes, MIKE).
Disminuye la población de elefantes
Los datos más recientes de MIKE muestran que, aunque empezamos a cambiar el rumbo, los niveles de caza furtiva siguen representando una amenaza inmediata para la supervivencia de los elefantes africanos.
En 2016, las tendencias de la caza furtiva siguieron por encima del umbral de sostenibilidad, lo que significa que es probable que las poblaciones de elefantes estén disminuyendo en general.
El tráfico ilícito de marfil a escala industrial está impulsado por grupos delictivos organizados transnacionales y, a veces, por milicias rebeldes que tienen como objetivo especies silvestres de alto valor.
Esto exige una respuesta firme que aborde tanto la demanda como la oferta.
Los grupos delictivos cazan elefantes por su marfil, sin importarles la vida silvestre ni la vida de las personas.
Corrompen a funcionarios locales, reclutan y arman a cazadores furtivos locales, generan inseguridad y empujan a las comunidades locales a una espiral de pobreza.
El objetivo último de cerrar cualquier mercado interno legal de marfil es detener su comercio ilegal, impidiendo que el marfil ilegal se blanquee en los mercados legales.
Baja el precio
Es poco probable que prohibir el comercio interno legal acabe por sí solo con la demanda, pero podría influir en el precio del marfil en los mercados negros.
Una investigación de Save the Elephants muestra que el precio mayorista del marfil legal en bruto ha caído casi dos tercios desde que China anunció su plan de cerrar su mercado interno.
Sin embargo, la prohibición no elimina la necesidad de mantener la aplicación de la ley y la cooperación internacional a lo largo de toda la cadena del comercio ilegal, así como de realizar campañas bien orientadas para reducir la demanda de marfil ilegal.
La CITES ha solicitado a los principales países implicados de origen, tránsito y destino que elaboren y pongan en práctica Planes de Acción Nacionales para el Marfil con medidas específicas y sujetas a plazos para mejorar la legislación, la aplicación de la ley y la sensibilización pública.
Esta es una herramienta innovadora para abordar los altos niveles de caza furtiva de elefantes y tráfico ilícito de marfil. Ofrece un enfoque muy eficaz para afrontar un problema complejo y multifacético, y se han logrado avances alentadores.
China ha tomado decisiones audaces y está actuando en consecuencia, al igual que otros países, como Kenia, Tailandia y Estados Unidos.
Aun así, todos tenemos que hacer más.
Con un esfuerzo colectivo que involucre a los gobiernos, la sociedad civil, las comunidades locales y el sector privado, ganaremos esta lucha.





