En todo el mundo, las mujeres se ven afectadas de forma desproporcionada por el cambio climático, ya sea porque se agravan las desigualdades existentes o porque quedan expuestas a la amenaza de la violencia de género.
La interseccionalidad puede ayudarnos a comprender mejor cómo y por qué algunos grupos de mujeres se ven más afectados que otros.
Al comprender la interseccionalidad, podemos dar a las mujeres un lugar en la mesa y catalizar acciones significativas frente a la crisis climática.
Según las proyecciones actuales, harán falta 131 años para alcanzar la paridad de género plena. Si no se aborda adecuadamente, el cambio climático amenaza con socavar fatalmente ese objetivo y retrasarlo aún más.
Desde el trabajo de cuidados hasta la violencia de género, las mujeres de todo el mundo ya se ven afectadas de distintas maneras por la crisis climática. La interseccionalidad puede ayudarnos a comprender cómo afecta a los distintos grupos y a que las mujeres adecuadas ocupen los espacios adecuados para impulsar cambios positivos en sus comunidades y más allá.
Los efectos de la crisis climática en el bienestar de las mujeres de todo el mundo son amplios: van desde perjuicios sutiles en el tiempo del que disponen y el trabajo que realizan hasta un mayor riesgo de violencia de género en tiempos de crisis.
Estos problemas podrían arraigarse aún más y volverse más generalizados si no se aborda eficazmente el cambio climático, por ejemplo, al ahondar las brechas educativas y económicas.
Las mujeres y la crisis climática
Desde América del Norte hasta África, las mujeres suelen ocupar ya puestos desfavorables en la economía; muchas trabajan en sectores sensibles al clima o en actividades basadas en recursos naturales.
Por ejemplo, el 43 % de las mujeres de los países en desarrollo trabaja en la agricultura, pero apenas el 12,6 % de las mujeres del mundo es propietaria de tierras, lo que las deja con poca protección o compensación ante desastres climáticos que puedan afectar sus medios de vida.
Para empeorar las cosas, actualmente las mujeres realizan el 75 % del trabajo de cuidados no remunerado en todo el mundo. Se prevé que esta brecha aumente a medida que los desastres provocados por el clima sean más frecuentes. Las normas sociales y los roles de género impuestos suelen dictar que las mujeres deben mantener a sus familias, lo que agrava aún más las diferencias en el trabajo no remunerado en el hogar.
La combinación del cambio climático y la desigualdad de género amenaza con agravar aún más la «pobreza de recursos y de tiempo» a la que están sujetas las mujeres de todo el mundo. Esto, a su vez, perjudicará la educación de las niñas, ya que se ven obligadas a abandonar la escuela para ayudar con las tareas domésticas o a casarse por la fuerza a cambio de una dote para mantener a flote a la familia. También perjudica la salud de las mujeres.
En momentos de crisis aguda, aumenta la violencia de género (VG), al igual que la vulnerabilidad económica. Como «multiplicador de amenazas», la crisis climática se ha relacionado estrechamente con el aumento del riesgo de abuso sexual, psicológico y económico que enfrentan las mujeres.
Los fenómenos meteorológicos extremos, como las sequías, alargan los trayectos que deben recorrer las mujeres para buscar agua y alimentos para sus familias, e incluso para usar los baños; esto las hace más vulnerables al abuso sexual y a la explotación sexual a cambio de agua potable, así como a la trata de personas.
Las mujeres somalíes han sufrido ya algunos de estos efectos: durante la sequía de 2021, se denunciaron muchos casos de violaciones en grupo como consecuencia de la intensificación de los conflictos y las tensiones sociales.También se prevé que los desplazamientos provocados por el clima arraiguen aún más estos problemas. Las mujeres constituyen el
80 % de las personas desplazadas por el cambio climático. Como suelen ser las principales cuidadoras y quienes buscan alimentos y combustible, las inundaciones y las sequías pueden obligarlas a caminar más para conseguir agua y otros artículos de primera necesidad.El desplazamiento puede tener otros efectos en cadena. Por ejemplo, hace que las mujeres sean cada vez más vulnerables a la explotación mientras buscan refugio o dentro de los campamentos de desplazados que suelen surgir durante las crisis de refugiados. En estas situaciones, el abuso sexual y los problemas de salud son mucho más comunes que antes.
El abuso económico y la inseguridad alimentaria provocados por la crisis climática abren la puerta al abuso psicológico y a la
coacción no física. Estos problemas pueden hacer que las mujeres dependan más de sus parejas, y volverlas más vulnerables al abuso económico, por ejemplo, a cambio de dinero o alimentos.Las mujeres viven estos efectos de distintas maneras. Algunas experimentarán solo unos pocos de estos problemas, mientras que otras podrían enfrentarse a todo el espectro de dificultades. Otras, a su vez, tendrán experiencias particulares según su situación personal. Para comprender mejor esta realidad, debemos incorporar la interseccionalidad a nuestra comprensión de la crisis climática.
Interseccionalidad: las mujeres más expuestas al cambio climático
Los efectos del cambio climático adoptan distintas formas y no afectan por igual a las mujeres de todo el mundo. De hecho, la situación socioeconómica, la raza, la etnia, el lugar de nacimiento y la residencia de una mujer determinan en gran medida el alcance del impacto del cambio climático en su vida.
Una perspectiva interseccional es esencial para evaluar los efectos desiguales que el cambio climático tiene en las mujeres.
Para comprenderlo mejor, queremos que se detenga un momento y reflexione sobre las
identidades interseccionales que tienen las mujeres. Por ejemplo: ¿cree que el cambio climático afectaría de manera distinta a una mujer rica que a una mujer pobre? ¿A una mujer racializada que a una mujer blanca? ¿Y a las mujeres con discapacidad en comparación con las que no la tienen?Olvidar esto puede perjudicar la lucha contra el cambio climático, sobre todo por el impacto que tiene en las mujeres. Tenerlo presente, sin embargo, puede ser una gran ventaja en esa lucha. Incorporar perspectivas diversas, incluidas las de quienes comprenden cómo les afecta el cambio climático y cómo afecta a las personas más vulnerables de su entorno, es una gran ventaja para mitigar sus efectos y garantizar que las medidas adoptadas sean realmente útiles.
Al comprender la interseccionalidad, podemos dar a las mujeres un lugar en la mesa y catalizar acciones significativas frente a la crisis climática.

Las mujeres tienen un enorme potencial para encabezar la lucha contra la crisis climática y aumentar la resiliencia de sus
comunidades; sin embargo, ese potencial sigue desaprovechado.Las parlamentarias tienen
más probabilidades de aprobar tratados ambientales. Ampliar el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra podría contribuir a aumentar el rendimiento agrícola entre un 20 y un 30 % y a salvar del hambre a entre 100 y 150 millones de personas en los países en desarrollo. A pesar de ello, las mujeres están insuficientemente representadas en los organismos pertinentes de toma de decisiones.Para que la comunidad internacional en su conjunto tenga éxito en la lucha contra el cambio climático, debe volver a examinar el potencial desaprovechado y el papel que las mujeres podrían desempeñar al liderarla. Si fracasamos, las mujeres de todo el mundo estarán entre las personas más expuestas al riesgo, pero también son quienes mejor pueden ayudarnos a triunfar.
En pocas palabras:
«Necesitamos que las mujeres estén en los espacios donde se debaten las decisiones sobre su bienestar, especialmente las decisiones sobre el futuro de nuestro planeta».Lograrlo no solo beneficiará a esa niña somalí que tendría que abandonar sus estudios o a esa mujer ugandesa que fue violada durante una sequía. Beneficiará a toda la sociedad.Lograrlo no solo beneficiará a esa niña somalí que tendría que abandonar sus estudios o a esa mujer ugandesa que fue violada durante una sequía. Beneficiará a toda la sociedad.




