Este año no empezó con buenos augurios para el planeta. Mientras tanto, 2018 fue elcuarto año más calurosodesde que hay registros y elsegundo año más costoso de la historiaen cuanto a los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos. Los años anteriores tampoco ofrecen consuelo. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), los 20 años más cálidos registrados han ocurrido desde 1995; los cinco más calurosos se dieron en la década de 2010.
En lo que respecta al cambio climático, lo que está en juego no podría ser más importante y la necesidad de actuar no podría estar más clara. La última llamada de atención llegó a finales del año pasado con el Informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que nos indicó que solo tenemos 12 años para limitar el calentamiento global a 1.5˚C y evitar un cambio climático peligroso.
Esto plantea dos preguntas importantes: primero, ¿cómo podemos, si es que podemos, cumplir este plazo crucial? Y segundo, si lo logramos, ¿significa que todo irá bien en el planeta Tierra?
En cuanto al cambio climático, la buena noticia es que muchos estudios, como los deNueva Economía del Climay laComisión de Empresas y Desarrollo Sostenible, señalan que una economía más sostenible desde el punto de vista ambiental también creará empleo y garantizará un mayor crecimiento en el futuro. Este trabajo demuestra que todos podemos salir ganando si nos organizamos mejor entre las empresas, los gobiernos y la sociedad civil para colaborar de forma más inteligente.
Dada la magnitud, la urgencia y la naturaleza interconectada de las crisis ambientales que afrontamos, este tipo de nuevas colaboraciones será vital. Todos coinciden en que para resolver estos problemas no bastará con los ministerios de Medio Ambiente, por mucho dinero que reciban. También debemos aprovechar la capacidad emprendedora y los recursos de empresas grandes y pequeñas, grupos de la sociedad civil, innovadores, bancos, inversores, alcaldes y muchos otros.
Para lograrlo, es fundamental movilizar compromisos de acción —conforme a la ciencia— del sector privado, la comunidad financiera, las ciudades y los estados, así como de los gobiernos y las ONG. Nuestras organizaciones participan activamente en hacer realidad esta nueva agenda de acción ambiental, al igual que muchas otras.
La acción climática de 2019 se movilizará en torno a la Cumbre de septiembre del Secretario General de la ONU y, más adelante, en 2020, cuando está previsto que entre en vigor el Acuerdo de París sobre el Clima. La agenda oceánica está recibiendo un impulso considerable de iniciativas comoAmigos de la Acción Oceánicay elPanel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, de cara a una gran conferencia de la ONU sobre los océanos, probablemente en 2020; la Coalición para la Alimentación y el Uso del Suelo está encabezandola agenda sobre alimentación y uso del suelo; y la Alianza para los Bosques Tropicales y otras iniciativas de acción forestal público-privadas conexas trabajan para acelerar el cumplimiento de los compromisos contra la deforestación, también previsto para 2020.
Sin embargo, en lo que respecta al bienestar del planeta Tierra, nos preocupa que el impulso de la agenda sobre biodiversidad haya sido lento en comparación con el de estas otras agendas de acción ambiental. A diferencia del despegue de la acción climática, oceánica, alimentaria o forestal, hasta ahora ha habido menos éxito a la hora de conseguir que líderes empresariales, inversores e innovadores colaboren con los gobiernos y la sociedad civil para impulsar medidas en favor de la biodiversidad.
No se debe a que falte una urgencia comparable para los ecosistemas del planeta. Nuestro océano, que absorbe el 30% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, se está calentando y acidificando más rápido que en cualquier otro momento de los últimos 300 millones de años. Estamos viendo efectos catastróficos en nuestros arrecifes de coral, el primer indicador del aumento de las temperaturas. A medida que aumente la acidificación, la situación empeorará. Cada minuto se vierten al mar residuos plásticos equivalentes a la carga de un camión de basura, lo que añade presión intolerable a la vida submarina.
Pero hay más. Gran parte de la vida terrestre también se enfrenta a una extinción masiva, según muestra el análisis delInforme Planeta Vivo 2018 de WWF: entre 1970 y 2014, el tamaño de las poblaciones de vertebrados de todo el planeta disminuyó, en promedio, un 60%, algo que resulta increíble.
Cristiana Paşca-Palmer, secretaria ejecutiva delConvenio sobre la Diversidad Biológica(CDB), también nos planteó esta preocupación. Bajo su liderazgo, en la conferencia más reciente del CDB se puso en marcha la «Agenda de Acción de Sharm el-Sheij a Pekín para la Naturaleza y las Personas». Esta importante iniciativa busca catalizar una oleada de acción de todos los sectores y partes interesadas en apoyo de la conservación de la biodiversidad y su uso sostenible, al tiempo que permite cartografiar los esfuerzos mundiales actuales para evaluar su impacto e identificar las lagunas.
Ante este panorama, necesitamos que 2019 sea el año en que se produzca un cambio radical en la movilización de una agenda de acción en favor de la biodiversidad más amplia y de carácter público-privado. Necesitamos que surja un «Nuevo Pacto por la Naturaleza».
¿Cómo sería?
En las diversas conversaciones que hemos mantenido durante los últimos meses con líderes de los sectores público, privado y de la sociedad civil, muchos citan el éxito de la Conferencia sobre el Clima de París de 2015 y cómo grupos más amplios de actores no estatales, incluidas las empresas, se movilizaron para generar más impulso, innovación y confianza política antes de la cita. Esto creó un clima de optimismo en torno a la reunión de París que cautivó a jefes de Estado, así como a destacados negociadores climáticos y ministros de Medio Ambiente.
¿Podría movilizarse un impulso similar en favor de la biodiversidad, con la participación de empresas y de la sociedad civil, a tiempo para la 15.ª reunión de la COP del CDB en Pekín en 2020? Se trata de una conferencia muy importante, ya que allí se acordarán los objetivos para la naturaleza para la década de 2020 a 2030.
Además, la movilización redefiniría en esencia la agenda sobre biodiversidad —de una manera ligeramente distinta a como lo hizo la agenda de acción climática—, ampliando el marco, bastante técnico, de la protección de la diversidad biológica hasta convertirlo en un movimiento que proponga un «Nuevo Pacto por la Naturaleza»: algo capaz de captar la imaginación de un público más amplio, de las empresas y de los responsables políticos, dada la amenaza que afronta nuestro entorno natural interconectado.
Un movimiento reúne el poder y la influencia necesarios para identificar un conjunto sencillo de objetivos de acción en favor de la naturaleza que todos puedan perseguir, los llamados «objetivos basados en la ciencia». Para 2030, cada empresa, inversor, ONG, ciudad y gobierno podría contribuir a ellos, de modo que cumplirlos ralentice el daño que estamos causando a la naturaleza y, en última instancia, la restaure al nivel que, según la ciencia, necesitamos.
Antes de la reunión, elaboraremos un informe que exponga los riesgos que corremos nosotros y nuestra economía si seguimos destruyendo la naturaleza, así como las oportunidades que surgirían —especialmente para los países en desarrollo— si frenamos nuestra destrucción y restauramos el mundo natural.
Sabemos de primera mano que a los líderes empresariales y políticos les resulta difícil encontrar un enfoque sencillo, común y convincente para conservar la naturaleza que beneficie a la sociedad y a la economía. ¿Podría este análisis ayudar a integrar todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la «biosfera» y ajenos al clima —como los relativos a humedales, bosques y océanos— en una estrategia práctica y coordinada de acción que puedan respaldar las empresas, los inversores y otros actores?
Esto ayudaría a convertir la actual falta de impulso en torno a la biodiversidad en un movimiento más amplio, capaz de movilizar a muchos nuevos actores ajenos al ámbito ambiental en torno a un relato común sobre la necesidad de una agenda de acción en favor de la naturaleza y a un conjunto común de objetivos basados en la ciencia, a los que todos puedan contribuir.
Este movimiento podría prepararse para alcanzar su punto culminante en la COP del CDB en Pekín en 2020 y aprovechar esa importante conferencia como trampolín para una década de acción entre 2020 y 2030: 10 años para frenar y luego revertir nuestra relación actualmente destructiva con la naturaleza, a la vez que se promueven nuevas vías de crecimiento, innovación y desarrollo sostenible.
Este es, pues, el Nuevo Pacto por la Naturaleza. Esperamos aprovechar la Reunión Anual de 2019 del Foro Económico Mundial en Davos para invitar a otros a sumarse y ayudar a darle forma, y para ponerlo en marcha. No tenemos tiempo que perder mientras observamos cómo la naturaleza que nos rodea literalmente arde.



