Vitus Bering, el famoso explorador, dirigió quizá la expedición científica más ambiciosa de la historia en la década de 1730. Al mando de 10.000 personas, estaba encargado de explorar las vastas tierras de Siberia y el mar desconocido entre Siberia y Alaska. En 1741, se vio obligado a desembarcar en lo que más tarde se conocería como la isla de Bering, donde moriría. Entre su tripulación se encontraba el médico y naturalista Georg Steller, quien descubrió en las tranquilas aguas cercanas a la isla un enorme mamífero marino de tres toneladas, parecido a un manatí, llamado vaca marina de Steller.
Esta nueva especie para la ciencia es famosa porque se extinguió apenas 27 años después de ser descubierta. Lamentablemente, cientos de otros vertebrados se han extinguido debido a las actividades humanas en los últimos cinco siglos.
En nuestro artículo reciente, analizamos si la tasa de extinciones modernas causadas por las actividades humanas es superior a la tasa de extinción normal o natural. Esto es importante porque nos permitiría entender si estamos causando una extinción masiva.
En la historia de la vida en la Tierra, ha habido cinco extinciones masivas : episodios en los que grandes cantidades de especies se extinguieron en un corto período de tiempo. Todas las extinciones masivas han sido causadas por catástrofes naturales, como el impacto de un meteorito.
Tasas de extinción
Para realizar el estudio, comparamos las tasas de extinción normales —también conocidas como tasas de fondo— con las modernas. Según la tasa normal, derivada de un análisis exhaustivo de miles de registros fósiles y subfósiles de mamíferos de los últimos dos millones de años, cabría esperar perder dos especies por cada 10.000 especies existentes cada 100 años. Por ejemplo, si hay 40.000 especies, esperaríamos ver ocho extinciones en un siglo. Una tasa muy superior indicaría una extinción masiva.
Recopilamos la lista de especies extintas y posiblemente extintas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una institución que recopila estos datos. Hallamos que 477 especies se han extinguido en los últimos 100 años.
Con una tasa de extinción normal, habríamos esperado que solo se produjeran nueve extinciones; en otras palabras, hubo 468 extinciones más de las esperadas en el último siglo. Dicho de otro modo, las especies perdidas en los últimos 100 años habrían tardado más de 10.000 años en extinguirse con una tasa de extinción normal.
Servicios ecosistémicos
Nuestros resultados son dramáticos y trágicos. ¡Ahora estamos perdiendo especies mucho más rápido que en los últimos dos millones de años! A ese ritmo, podríamos perder una gran proporción de los vertebrados, incluidos mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces, en las próximas dos o tres décadas.
Esas especies son nuestras compañeras en nuestro viaje por el universo. Perderlas tiene muchas consecuencias. Son esenciales para mantener los servicios ecosistémicos, es decir, todos los beneficios que obtenemos gratuitamente del funcionamiento adecuado de la naturaleza. La combinación de los gases de la atmósfera, la calidad y cantidad del agua, la fertilización del suelo, la polinización y demás son servicios ecosistémicos. Al perder especies, estamos erosionando las condiciones de la Tierra esenciales para el bienestar humano.
La línea negra punteada representa la tasa de extinción prevista por causas naturales, en comparación con las extinciones reales.
Science Advances
Aún estamos a tiempo de evitar las consecuencias más trágicas de una sexta extinción masiva, porque esta es causada por nosotros. Necesitamos frenar el crecimiento de la población humana y las desigualdades sociales, y aumentar la eficiencia en el uso de los recursos naturales. Debemos reducir la pérdida de hábitats, la sobrepesca y la caza excesiva, la contaminación y otros factores que están causando el episodio de extinción actual.
Somos la única especie capaz de salvar a todos los animales en peligro de extinción. Paradójicamente, salvarlos es la única forma de salvar a la humanidad.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a estas opiniones.
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Autor: Gerardo Ceballos es investigador de ecología y zoología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Imagen: Ema Elsa, una rinoceronte negra de nueve años, recibe los mimos de su cría recién nacida en su recinto del zoológico de Chester, en Chester, al norte de Inglaterra, el 5 de octubre de 2012. REUTERS/Phil Noble.


