Cada vez es más evidente que debemos cambiar drásticamente la forma en que usamos los plásticos. Aunque debemos mejorar nuestra infraestructura de reciclaje, también tenemos que ayudar a las comunidades a reducir los residuos de envases de plástico y la basura plástica.
La ciudadanía está preparada para el cambio. Blue Planet II, en particular, ha puesto la crisis de los plásticos en el centro de la atención pública. Desde su emisión, se han publicado más de 500 artículos sobre plásticos en medios nacionales británicos solamente.
Y, al igual que el equipo de Blue Planet II describió cómo «recogieron cada trozo de plástico que encontraron mientras rodaban», estas historias sobre residuos plásticos han motivado a algunas personas a actuar. Se han propuesto prohibiciones de productos de plástico o se ha optado por vivir «sin plástico» en el hogar o la comunidad. Las campañas en redes sociales y las peticiones reclaman ahora un cambio.
Sin embargo, las historias de los medios, con sus tristes imágenes de muerte y mares asfixiados por la contaminación, pueden resultar abrumadoras. ¿Por dónde empezar? Ante un problema de esta magnitud, es fácil sentir que las acciones individuales y locales no servirán de nada. A menudo, los expertos tienden a contar este tipo de «historias científicas» al público, en lugar de hacerlo junto con él, y esto puede agravar el problema. Las historias humanas que hay detrás de los residuos plantean cuestiones complejas de desigualdad social. Las personas pueden sentir que se les sermonea o reprende, como si fueran un obstáculo en vez de aliadas del cambio.
Conscientes de estos desafíos, empezamos a investigar junto con el público para explorar formas creativas de cambiar nuestra relación con los plásticos.
Fomentar la cultura sobre los plásticos
Nuestro grupo organizó talleres en Stoke-on-Trent, Staffordshire, el pasado noviembre. Los participantes fueron convocados por B Arts, una organización benéfica local dedicada a las artes. Ya les interesaba la crisis de los residuos plásticos y querían aprender más. Les ofrecimos exposiciones interactivas, fragmentos de películas y —lo mejor de todo— la oportunidad de colaborar con artistas en la creación de obras colectivas con distintos tipos de residuos plásticos.
En estas sesiones artísticas, a la gente le desconcertaban los diminutos números del fondo de las botellas. Son los códigos de identificación de resinas, del 1 al 7. Que un producto tenga un código RIC no significa que siempre se acepte para reciclar, pero sí indica de qué material está hecho. Al crear obras artísticas, la gente aprendió por sí misma sobre los RIC. Les resultó más fácil modelar, cortar, doblar o crear objetos con los plásticos de mayor valor y más fáciles de reciclar: los RIC 1 y 2.
La gente descubrió que un mismo material (código RIC) podía presentar formas o texturas distintas. También descubrió que muchos materiales contemporáneos contienen plásticos mezclados en forma de compuestos, o capas ocultas de plástico en su interior, o que desprenden pequeñas cantidades, ya sea en forma de fibras o al descomponerse. Al descubrir que podían empezar a reconocer tanto los plásticos fáciles de reciclar como los menos identificables, comenzaron a contar sus propias historias sobre el plástico mediante imágenes y palabras.
La gente quiere desarrollar sus propios conocimientos especializados. Se siente más informada —con mayor «cultura sobre los plásticos»— y motivada para actuar cuando crea sus propias obras artísticas, toma sus propias fotografías y cuenta por sí misma sus propias historias sobre el plástico. Así es como pueden hacerlo:
Formas creativas de salir de la crisis de los plásticos
Crea tus propios objetos con residuos plásticos
Nada ayuda más a comprender las diferencias entre los plásticos que intentar convertir los residuos en algo nuevo. Ya sea haciendo maquetas, creando con materiales desechados o elaborando obras artísticas, el trabajo práctico ayuda a entender qué posibilidades de reutilización ofrece cada material según su código RIC. La gente acaba comprendiendo mejor qué materiales querría evitar y por qué. También aprende cuáles recoge su ayuntamiento y cuáles pueden reciclarse más fácilmente para fabricar nuevos productos.
Cuenta tus propias historias sobre los plásticos
Los ejercicios imaginativos para contar historias locales sobre los plásticos —para qué se usan, qué valor se les da y cómo se desechan— permiten que la gente se apropie de los aspectos locales del problema de los plásticos. Invitar a las personas a contar sus propias historias sobre cómo usan el plástico en casa, en la escuela y durante sus desplazamientos puede empoderarlas. Tener el control de su relato les permite ver dónde pueden introducir cambios sin que nadie les sermonee.
Visualiza los residuos plásticos
Las fotografías y los vídeos de los residuos plásticos y sus efectos en el entorno de las personas ayudan a acercarles lo que saben. Cuando pueden incorporar sus propios conocimientos sobre los materiales y sobre cómo manipularlos responsablemente, se sienten dispuestas a hacer más preguntas y buscar más información.
Únete a la comunidad del bricolaje
La fabricación de alternativas «sin plástico» a los productos de plástico de uso común es un campo del bricolaje en plena expansión entre las personas aficionadas a las manualidades. Una participante propuso un taller de seguimiento para aprender a hacer envoltorios de tela impregnados de cera de abeja que pudieran sustituir al film transparente. Nuestros participantes encontraron en internet consejos para hacer creaciones «sin plástico» o de «residuo cero», así como para comprar esos productos. Hay numerosos blogs y tiendas en línea, además de nuevas tiendas a pie de calle, que ofrecen asesoramiento y productos a quienes quieren vivir «sin plástico».
Innova con nuevos productos
Las respuestas creativas más avanzadas proceden de personas y grupos que reciclan residuos plásticos para convertirlos en nuevos productos comerciales. Dan una segunda vida a materiales que podrían acabar en vertederos o incinerados, o simplemente permanecer almacenados a la espera de que mejore el mercado. Reconocer a los innovadores que tenemos cerca —incluso a quienes trabajan en bancos de trabajo y garajes— contribuirá a crear un mercado informado para los artículos fabricados con plásticos reciclados.
Las lecciones globales de Blue Planet II deben adaptarse al ámbito local. Si empezamos por los propios materiales y luego pasamos a las historias de la gente, podemos ayudarla a crear, innovar y reutilizar, reducir o sustituir los plásticos en su vida cotidiana.





