El problema del plástico comienza mucho antes de que llegue a nuestros océanos, ríos y playas. Los residuos y la contaminación por plástico son síntomas de un sistema roto en el que diseñamos productos sin tener en cuenta lo que les ocurre después de su uso. Como resultado, cada minuto llega al océano el equivalente a un camión de plástico.
Personas de todo el mundo se están uniendo para exigir un cambio. Muchas están modificando la forma en que compran, comen y viven día a día. Se están invirtiendo millones de dólares en la limpieza del plástico de nuestros océanos y playas. Sin embargo, todo este trabajo vital será en vano si cada vez más plástico continúa escapando hacia nuestro entorno, siendo depositado en vertederos o quemado. Igualmente, el reciclaje mejorado por sí solo no resolverá el problema: no podemos salir de la crisis de la contaminación por plástico simplemente reciclando o limpiando playas. Debemos actuar antes, en origen, y atajar la inundación en su fuente.
Si queremos seguir disfrutando de los beneficios que puede aportar el plástico sin comprometer el medio ambiente ni incurrir en pérdidas económicas sustanciales, debemos alinear todo el sistema de plásticos en torno a una visión común:
- Eliminar el plástico que no necesitamos: las pajitas, los cubiertos y los vasos desechables; los envases innecesarios; y los artículos que pueden sustituirse por alternativas mejores.
- Innovar para que todo el plástico que sí necesitamos esté diseñado para reutilizarse, reciclarse o compostarse de forma segura.
- Circular todo lo que utilizamos, asegurándonos de que el plástico que producimos permanezca en la economía y nunca se convierta en residuo o contaminación.
Por ello, el 29 de octubre, la Fundación Ellen MacArthur, en colaboración con ONU Medio Ambiente, lanzó el Compromiso Global de la Nueva Economía del Plástico. Más de 250 signatarios, desde productores, marcas y minoristas hasta inversores, recicladores, gobiernos y ONG, se han unido en torno a él. El compromiso se basa en los principios de una economía circular: un enfoque completamente distinto del desarrollo económico en el que los residuos y la contaminación se eliminan desde el diseño, los productos y materiales se mantienen en uso y los sistemas naturales se regeneran.
El eje central del compromiso es el enfoque de «eliminar, innovar, circular» para mantener el plástico en la economía y fuera del medio ambiente. Al lograr un acuerdo entre empresas y responsables políticos sobre compromisos tangibles y con plazos definidos, constituye un nivel de colaboración sin precedentes en el desafío de abordar la contaminación global por plástico. Ofrece una visión común y marca una hoja de ruta que todas las partes interesadas pueden seguir.

Empresas que representan el 20 % de todos los envases de plástico producidos en el mundo han firmado. Entre ellas figuran empresas de consumo muy conocidas, como Danone, el grupo H&M, L’Oréal, Mars Incorporated, PepsiCo, The Coca-Cola Company y Unilever; grandes productores de envases, como Amcor; productores de plásticos, como Novamont; y los especialistas en gestión de recursos Veolia y SUEZ.
Es evidente la necesidad de reunir a empresas de toda la cadena de valor global del plástico. Igualmente importantes para cambiar un sistema en su conjunto son los responsables políticos, que establecen las condiciones habilitantes y las estructuras de incentivos. Doce gobiernos ya han firmado. Las ONG y la sociedad civil son fundamentales para generar un impulso amplio en favor de las soluciones. El compromiso y su visión de una economía circular para el plástico cuentan con el respaldo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y han sido refrendados por el Foro Económico Mundial y el Foro de la Industria de Bienes de Consumo.
Los avances en la ciencia de materiales, el diseño de productos y la tecnología de reciclaje serán fundamentales. Cuarenta universidades, instituciones y académicos han refrendado el compromiso y su visión. Financiar estas innovaciones en una fase temprana, junto con aportar capital para una nueva infraestructura sustancial que permita recoger y reprocesar el plástico, también será vital. Más de una docena de instituciones financieras que gestionan activos por un valor superior a 2,5 billones de dólares han refrendado el compromiso, y cinco fondos de capital riesgo han comprometido más de 200 millones de dólares para crear una economía circular para los plásticos.
El Compromiso Global está diseñado para ser lo más sólido y transparente posible. Todos los signatarios de la industria y de los gobiernos se comprometen a fijar objetivos medibles para eliminar, innovar y circular. Los objetivos se sustentan en un conjunto de definiciones comunes que garantizan un enfoque unificado. Se exige a los signatarios que informen anualmente y de forma pública sobre los avances logrados en la consecución de sus objetivos. De hecho, si no lo hacen, su condición de signatarios puede revocarse. Los objetivos se revisarán cada 18 meses y serán cada vez más ambiciosos en los próximos años.

El Compromiso Global es solo un paso en lo que será un camino desafiante. No obstante, al aprovechar el poder combinado de la industria y los gobiernos, podemos revertir la tendencia de la contaminación por plástico y, en el proceso, crear resiliencia a largo plazo y generar nuevas oportunidades empresariales y económicas.
Si bien el compromiso ya representa el 20 % de la industria mundial de envases de plástico, es necesario que se sumen más empresas y gobiernos y formen parte de este imparable impulso para ayudar a crear un sistema de plásticos que funcione: uno que aporte beneficios para la sociedad, la economía y el medio ambiente.
La cuestión no es si es posible un mundo sin contaminación por plástico, sino qué haremos juntos para que ello sea realidad.





