Suruj Miah camina por su aldea cargando dos grandes cántaros de agua, uno en la mano y otro sobre el hombro. Su nieta de 8 años, Rozina, arrastra un pequeño cántaro a su lado.
“Es una de nuestras tareas diarias”, dice Miah. “Tenemos que caminar casi tres kilómetros para recoger agua dulce para nuestras necesidades diarias.”
Miah solía ser agricultor en el distrito costero suroccidental de Satkhira, en Bangladés, pero el aumento de los niveles de sal en el suelo y en el agua de la región ha hecho que sus tierras sean imposibles de cultivar.
Hace seis años tuvo que dejar la agricultura y ahora se gana la vida conduciendo un rickshaw.
“Es lamentable, pero cierto”, dijo Miah, quien cree que nunca podrá volver a la agricultura. Ahora, “estoy condenado a ser jornalero”, afirmó.
Los cambios en el nivel del mar, la temperatura y las precipitaciones provocados por el cambio climático están afectando al suministro de agua dulce en zonas costeras de baja altitud de todo el mundo, afirman científicos y ambientalistas.
Con más de una cuarta parte de su población viviendo en 19 distritos situados frente a la bahía de Bengala o cerca de ella, Bangladés es especialmente vulnerable, afirman.
Si el acceso al agua dulce sigue disminuyendo al ritmo actual en Bangladés, advierten los expertos, el país se enfrentará en las próximas décadas a una escasez creciente de agua potable y de agua para riego.
“Si no se toman medidas, entre 2,9 y 5,2 millones de personas pobres del suroeste costero de Bangladés se enfrentarán a graves problemas de salinidad de los ríos para 2050”, declaró Susmita Dasgupta, economista ambiental principal del departamento de investigación del Banco Mundial, en una entrevista por correo electrónico.
Un panorama desolador
Un estudio del Banco Mundial y del Instituto de Modelización del Agua de Bangladés (IWM, por sus siglas en inglés), publicado el año pasado, pinta un panorama desolador para el futuro del suministro de agua dulce de las comunidades costeras del país.
En el peor de los escenarios, el estudio prevé que la superficie abastecida por ríos de agua dulce –aquellos cuyo nivel de sal es inferior a 1 parte por mil– en los 19 distritos costeros del país pase del 41 % al 17 % para 2050.
Los investigadores creen que la subida del nivel del mar, el aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación y la reducción del caudal de los ríos del país podrían agravar la salinidad fluvial.
La pérdida de agua dulce podría significar “escasez importante de agua potable” y falta de agua de riego para la agricultura de la estación seca, según el estudio.
“Las comunidades locales ya están sintiendo el impacto del aumento de la salinidad, ya que ahora tienen que comprar agua a plantas de tratamiento administradas por operadores comerciales”, declaró Ainun Nishat, destacado ambientalista bangladesí e investigador del estudio del Banco Mundial.
Una disminución drástica de la superficie abastecida por ríos de agua dulce también perjudicaría a la industria pesquera de la región, que sostiene a aproximadamente medio millón de familias, señalaron los investigadores.
Según el secretario de Medio Ambiente y Bosques, Kamal Uddin Ahmed, el Gobierno de Bangladés está tomando medidas para combatir el aumento de los niveles de salinidad. Pero las posibles soluciones aún se encuentran en una fase inicial.
Por ejemplo, en colaboración con el gobierno local y el ministerio de Agricultura, su ministerio ha puesto en marcha un proyecto de desalinización con energía solar en Cox’s Bazar, una popular localidad turística.
Pero “en este momento no podemos extender este proyecto a otras zonas por falta de fondos”, afirmó.
Afirmó que el Gobierno también cuenta con científicos que trabajan en una variedad de arroz tolerante a la salinidad, destinada a las zonas afectadas.
¿Migración?
Según el estudio del Banco Mundial y del IWM, el problema de salinidad de la región es peor durante la estación seca, cuando la reducción del caudal de agua dulce del río Ganges se combina con el aumento de la sedimentación en los afluentes de los ríos de la región, lo que eleva la salinidad fluvial.
De los 19 distritos costeros del suroeste de Bangladés, el estudio identificó nueve que ya corren el riesgo de no poder proteger sus recursos de agua dulce.
Incluso en el mejor escenario, para 2050 cuatro distritos –Barguna, Jhalokoti, Khulna y Patuakhali– podrían dejar de tener acceso regular al agua dulce de los ríos. Y en el peor escenario, el distrito de Pirojpur podría perder el 100 % de su agua dulce fluvial, mientras que Bagerhat y Barisal podrían perder más del 90 %, según el estudio.
Además, según el estudio, cinco distritos sufrirán una grave escasez de agua para la agricultura de la estación seca.
“Este preocupante cambio podría provocar una migración de personas desde el suroeste de Bangladés”, afirmó Nishat.
La mayoría de la gente considera que abandonar sus hogares es el último recurso. Pero la falta de agua dulce disponible ya está convirtiendo la vida diaria en una lucha constante, afirmaron las familias.
Durante los períodos secos del año, Fajar Ali, de 70 años, gasta unos 50 centavos de dólar al día –un tercio de sus ingresos diarios– en comprar agua para su familia a vendedores locales de Gabura, que la traen de ciudades cercanas o la recogen de sus propios estanques de agua dulce.
“Gastamos demasiado dinero en comprar agua potable”, dijo Ali. “Tenemos agua suficiente por todas partes, pero es demasiado salobre para beberla.”
Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Pantho Rahaman es colaborador freelance de Thomson Reuters Foundation, donde escribe sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático desde Daca, Bangladés.
Imagen: Se ven los pies embarrados de una residente mientras está de pie sobre un dique fluvial tras el ciclón Aila en Gabura, Satkhira, el 13 de mayo de 2010. REUTERS/Andrew Biraj


