Cómo los residuos plásticos pueden frenar el calentamiento global

Cómo los residuos plásticos pueden frenar el calentamiento global
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Quizá haya leído sobre un adolescente que diseñó una tecnología de limpieza oceánica que consiste en una estación central con dos largas barreras flotantes en la superficie del océano, que capturan los plásticos flotantes mientras pasan las corrientes naturales y es capaz de retirar unos 7.250.000 toneladas de plástico de los océanos del mundo. Esta tecnología es brillante y podría ayudar a evitar una catástrofe medioambiental que cada vez es menos fácil de ignorar.

Otra tecnología —la pirólisis— también podría desempeñar un papel crucial y parece compatible con el proyecto Ocean Clean-up Array del joven de 19 años Boyan Slat.

Convertir residuos en energía

La pirólisis es una descomposición termoquímica de material orgánico a temperaturas elevadas y en ausencia de oxígeno. Ofrece una solución para algunas de las formas de residuos más generalizadas y aparentemente irresolubles de la actualidad: los materiales orgánicos y los productos derivados del petróleo. Estos últimos incluyen toda la gama de plásticos y caucho sintético (como el que se utiliza en los neumáticos de vehículos). En condiciones óptimas, esta tecnología puede procesar todos los residuos orgánicos, así como casi todos los tipos de plásticos y caucho sintético (en sistemas separados). Los productos finales de la pirólisis son biocarbón y combustible.

Una tecnología que limpia el aire

La pirólisis se considera una tecnología de conversión de residuos en energía. Sin embargo, es única y se distingue por una razón importante: por sí misma no implica la incineración de residuos. La incineración en presencia de oxígeno libera contaminantes nocivos a la atmósfera, que son difíciles, si no imposibles, de controlar y capturar.

El combustible producido durante la pirólisis puede refinarse para obtener distintos grados de uso común, y el biocarbón es una excelente forma de capturar carbono y contaminantes. En su forma sólida, podría almacenarse de forma segura bajo tierra como método de secuestro de carbono. Parte del biocarbón (siempre que no haya otros contaminantes problemáticos) incluso podría ser útil en la agricultura: podría incorporarse a procesos de compostaje para mejorar el suelo o usarse directamente como aditivo para aumentar la fertilidad.

¿Cómo puede esta tecnología frenar el calentamiento global? La respuesta quizá sea un poco indirecta, pero lo que el mundo necesita ahora mismo es esperanza.

El problema de los residuos que hemos generado con nuestra cultura impulsada por el consumo se ha agravado hasta convertirse en una epidemia mundial. Los países avanzados o del primer mundo han logrado poner en marcha programas adecuados para gestionar la enorme cantidad de residuos que generan. Recuperan una parte como recurso reutilizable mediante el reciclaje y gestionan el resto de manera aceptable, depositándolo en vertederos bien diseñados y gestionados. Sin embargo, estos sistemas de gestión de residuos aún no existen en gran parte del mundo.

La cultura de consumo prosperó durante varias décadas, antes de que se conociera ampliamente el verdadero alcance de su impacto medioambiental. Ahora que los hechos salen a la luz y ya no pueden negarse, muchos de los países que no pudieron subirse a la ola del consumo sienten que les ha llegado el turno. Para la mayoría de las personas de los países en desarrollo, la prioridad no es la conservación del medioambiente ni la eliminación adecuada de residuos. En las zonas afectadas por la pobreza, la atención se centra en sobrevivir; y en los países que experimentan un nuevo desarrollo económico y nuevas oportunidades, se centra en progresar.

¿Qué es posible hoy? Las soluciones tecnológicas a gran escala pueden lograr algo significativo: dar ESPERANZA a la gente. Las tres «R» —reducir, reutilizar y reciclar— siguen siendo las pautas más eficaces para aplicar soluciones a los problemas de residuos. Sin embargo, en un mundo donde vemos tantos residuos acumulados en nuestros cubos de basura, vertederos, calles, ríos y océanos, puede resultar difícil sentir que los pequeños esfuerzos por reducir y reutilizar realmente marcan la diferencia. Pero sí la marcan, y aunque muchos consideren que el ritmo actual de destrucción medioambiental es demasiado acelerado para revertirlo y que el daño ya es excesivo, el reciclaje, la tercera R, puede infundir esperanza mediante sistemas de circuito cerrado que convierten los residuos en algo útil.

Sostenibilidad y rentabilidad

La pirólisis exige menos normas de separación que el reciclaje tradicional y puede permitir modelos educativos, de recogida y de procesamiento mucho más sencillos. Todo el mundo puede apreciar el principal producto del proceso de pirólisis: el combustible, uno de los recursos más valiosos del mundo actual. Además, la naturaleza de la pirólisis ofrece un gran potencial de sostenibilidad económica e incluso de rentabilidad.

La tecnología de pirólisis, junto con las operaciones de captura de residuos en tierra y en el océano, e incluso con la extracción y el procesamiento de residuos en vertederos existentes, puede transformar una enorme fuente de contaminación y degradación medioambiental en un recurso valioso. Menos del 1 % de los residuos domésticos de Suecia acaba en un vertedero. El resto se recicla de distintas maneras. Para Suecia, importar basura para obtener energía es un buen negocio.

En nuestra carrera contra el tiempo, las soluciones a gran escala basadas en nuevas tecnologías e inventos podrían unirnos a todos en un camino común hacia la recuperación. Nuestro futuro no solo depende de aprender a hacer las cosas bien de ahora en adelante, sino también de resolver los problemas que ya hemos creado. Y nuestra capacidad para hacerlo puede darnos la esperanza que necesitamos: la esperanza de que es posible cambiar el rumbo y evitar una catástrofe medioambiental.

Hoy contamos con soluciones inteligentes para superar una de las formas de contaminación medioambiental más graves y reconocidas desde hace más tiempo: la contaminación por residuos sólidos. Si la humanidad en su conjunto pudiera ver cómo se limpian los residuos de las tierras y los océanos del mundo, creo que sería un verdadero hito y nos uniría en torno a un entendimiento y un mensaje comunes: esto se puede lograr. Todo es  posible. Quizá sea el timón que necesitamos para encaminarnos en la dirección correcta.

Autor: Jonathan Barcant es propietario de Vetiver TT y Global Shaper del Foro Económico Mundial. Sígalo en Twitter @jonnybarcant

Imagen: Se ven botellas de plástico en un vertedero de Drizla, cerca de la capital, Skopie.

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