Desde saber dónde viven los animales hasta qué plantas ofrecen qué beneficios medicinales, las comunidades de todo el mundo poseen un conocimiento experto de sus entornos locales.
Por lo general, las investigaciones científicas proporcionan información precisa y cuantificable, recopilada durante períodos breves. Pero este «conocimiento ecológico local» se compone de observaciones recogidas durante períodos muy prolongados, que a menudo se transmiten de generación en generación. Puede abarcar cosas sencillas, como saber cuáles son los mejores lugares para pescar, o incluir sucesos poco comunes o extremos, como inundaciones o períodos de mal tiempo.
Para las comunidades costeras que dependen de los recursos oceánicos, este conocimiento ecológico acumulado es clave para obtener alimentos y mantener sus medios de vida. Sin embargo, el conocimiento ecológico de las comunidades no tiene por qué estar separado de la ciencia, y de hecho no lo está. Los científicos lo han «puesto a prueba» repetidamente y ahora se reconoce cada vez más como un recurso valioso para la gestión ambiental y la biología de la conservación.
En los últimos años, el mayor reconocimiento de su valor ha llevado a recurrir al conocimiento local para apoyar la gestión de los recursos naturales. Por ejemplo, se ha utilizado para ayudar a diseñar áreas marinas protegidas en Myanmar y Filipinas.
Al combinar ambos conocimientos, el local puede ser una herramienta útil en zonas con escasez de datos, especialmente para vigilar especies poco comunes o amenazadas.
Salvar al dugongo
El dugongo es un gran mamífero marino que se alimenta casi exclusivamente de pastos marinos, que son en sí mismos una especie vegetal amenazada. En la actualidad, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza incluye al dugongo en su Lista Roja como «vulnerable a la extinción». Entre las principales amenazas para las poblaciones de dugongos figuran la pérdida de hábitat, el desarrollo costero, la contaminación, las actividades pesqueras, las colisiones con embarcaciones y la caza o captura furtiva insostenibles.
Se cree que, fuera de su principal población en Australia, los dugongos solo existen en pequeños grupos fragmentados. Aunque todavía se encuentran en las aguas costeras de más de 40 países de la región del Indo-Pacífico occidental, la información científica precisa es escasa y a menudo anecdótica. Para respaldar adecuadamente la protección de estos animales vulnerables, necesitamos saber dónde están.

Para vigilar las poblaciones de dugongos, los investigadores suelen realizar estudios aéreos o utilizar vehículos aéreos no tripulados. Sin embargo, estas técnicas son costosas y suelen verse afectadas por condiciones difíciles, como el agua turbia y el resplandor. Además, solo ofrecen una instantánea limitada de lo que podría estar ocurriendo en una zona determinada en un momento concreto.
Aquí es donde el conocimiento ecológico local puede resultar muy beneficioso. Si está disponible, puede aportar detalles sobre dónde se han avistado dugongos y cuántos se han visto.
Esfuerzos en Indonesia
En Indonesia, los dugongos están protegidos pero hay poca información accesible sobre el tamaño de sus poblaciones o su distribución geográfica. Aunque el Gobierno parece comprometido con la conservación de la especie, también hay cada vez más pruebas del rápido declive de las praderas marinas de Indonesia debido a una serie de amenazas que incluyen la sobrepesca.
Pero los pescadores no son enemigos del dugongo; más bien, podrían ser sus salvadores. Nuestra investigación publicada recientemente recurrió al conocimiento de los pescadores para confirmar la persistencia del dugongo en el Parque Nacional de Wakatobi, Indonesia. Los pescadores, que salen al agua a diario, pudieron comunicar las horas, fechas y ubicaciones precisas de múltiples avistamientos de dugongos, algunos de ellos desde 1942. Sus conocimientos superaban con creces cualquier registro oficial de investigación y les permitieron describir tendencias históricas y cambios en las poblaciones que no se habían documentado antes.
Esta no es la primera vez que se utiliza este tipo de conocimiento ecológico local para conservar especies, ni será la última. Otros ejemplos incluyen la conservación de las poblaciones de ballenas barbadas amenazadas en las Malvinas y de peces de agua dulce poco comunes del río Mekong.
La ciencia y el conocimiento ecológico de la población local también permiten salvar más de una especie a la vez. El océano es un ecosistema, y cada planta, animal u otra criatura depende de las demás. Por ejemplo, la conservación del dugongo y la de los pastos marinos van de la mano. Para obtener mejor información sobre la distribución de las poblaciones de dugongos, también necesitamos conocer la distribución y el estado de los pastos marinos. Al integrar esta información, podemos empezar a salvar los océanos.





