Los automóviles de pasajeros siguen siendo el medio de transporte más popular . En 2014 se fabricaron casi 68 millones en todo el mundo. No solo son una parte vital de nuestra economía y de nuestra vida personal, sino también una herramienta social y cultural importante, utilizada para proyectar una determinada imagen y estatus, reales o imaginarios.
Nuestra arraigada dependencia de este medio de desplazamiento, y nuestro apego a él, significa que, aunque nos alejemos de una posesión de automóviles tan generalizada, debemos cambiar nuestra percepción de lo que son los automóviles si queremos mitigar sus elevados costes ambientales.
Esto no solo significa pasar a los vehículos eléctricos. Solo en el nivel de extracción de recursos, se necesitan aproximadamente cinco toneladas de materiales para producir un automóvil de 1,2 toneladas, lo que genera diez toneladas de efluentes y 2,5 toneladas de emisiones. El procesamiento de estos materiales para convertirlos en componentes, el ensamblaje y la distribución de los automóviles por todo el mundo, y luego su uso, mantenimiento y eliminación, generan aún más emisiones. En total, un automóvil de tamaño mediano típico es responsable de alrededor de 17 toneladas de CO₂.
Es posible que las emisiones incorporadas totales de los vehículos con combustibles alternativos, como los híbridos, los eléctricos y los de pila de combustible, sean incluso superiores a las de los motores de combustión interna convencionales, aunque no produzcan emisiones por el tubo de escape (según el estudio Greet2, aún no publicado). Quizá esto se deba a que estas tecnologías son más intensivas en energía en su producción debido a los materiales que las componen.
Se necesitan nuevas ideas
¿Cuál es, entonces, la alternativa al sistema actual? Si el uso del automóvil va a seguir siendo habitual, quizá debamos ser más inteligentes en cómo los fabricamos y utilizamos. Actualmente, nuestros automóviles pasan el 92 % de su tiempo aparcados; además, cuando circulan, la mayor parte de su peso se usa para transportar a una sola persona la mayoría de las veces.
Los automóviles podrían fabricarse en menor número, ser más pequeños, más duraderos y compartirse entre más personas. En lugar de centrarse en fabricar la mayor cantidad posible de automóviles nuevos con vidas útiles relativamente cortas, los fabricantes podrían ofrecer más servicios para mantener los vehículos en circulación durante más tiempo y encargarse de su eliminación.
La función de los diseñadores de automóviles también podría cambiar. En primer lugar, diseñando automóviles básicos más sencillos, sin «gadgets» como luces de ambiente o asientos masajeadores. Líneas atemporales en lugar de sujetarse a las modas del momento. En lugar de trabajar en un proyecto tras otro, el diseñador podría participar en un proceso de mejora que haría evolucionar cada modelo mediante la refabricación, en una interacción más directa con los consumidores.
Otros cambios en las características de los propios automóviles también podrían dar lugar a modelos más sostenibles. Por ejemplo, las normas de seguridad actuales se basan en sistemas electrónicos, como los sistemas de prevención de colisiones y de detección de peatones. Estos podrían actualizarse durante la vida útil con más facilidad que las características físicas. Según mi propia investigación (aún no publicada), creo que, si estos sistemas demuestran ser muy fiables, no será necesario contar con estructuras de impacto a baja velocidad, lo que reduciría el uso de materiales.
Este modelo podría ser más fácil de adoptar de lo que parece en un primer momento. Los llamados millennials se interesan menos por los automóviles que las generaciones anteriores, solicitan el permiso de conducir más tarde en la vida y es más probable que vivan en ciudades muy congestionadas, donde el acceso al transporte público es más fácil. También están acostumbrados a compartir o alquilar servicios, por ejemplo, mediante aplicaciones para pedir taxi o para compartir viajes, como Uber. En cambio, tener un automóvil se considera una responsabilidad costosa.
Punto de inflexión para la industria
El sector de fabricación de automóviles también se encuentra en una encrucijada. Las opciones de tren motriz se multiplican, la tecnología de conducción autónoma está destinada a provocar grandes cambios y empresas no automovilísticas incluida Google quieren hacerse con una parte del mercado. A medida que los materiales se encarecen, confiar en automóviles con vidas útiles relativamente más cortas para inundar el mercado no beneficia a nadie. Ni siquiera a los fabricantes de automóviles, que, en el mejor de los casos, solo obtienen un beneficio anual del 5 %.
El modelo empresarial actual podría no sobrevivir a largo plazo. Puede que, de forma natural, tenga más sentido que los fabricantes construyan y mantengan los automóviles como productos de alquiler de larga duración. Algunos fabricantes de vehículos eléctricos ya han introducido esquemas de alquiler para sus baterías, que probablemente necesiten sustituirse con mucha más rapidez que el resto del vehículo.
Ampliar la vida útil y el ciclo de vida del producto repercutirá en la producción. Menos automóviles significa que el retorno de la inversión puede tardar más. Pero también podría implicar menor necesidad de actualizar herramientas de fabricación costosas, y las fábricas podrían volverse más modulares y flexibles para producir distintos tipos de automóviles en una misma línea de montaje. Las plantas podrían estar más localizadas para satisfacer las diferentes necesidades de las megaciudades del futuro. Y los operarios de montaje excedentes podrían reorientarse profesionalmente hacia el mantenimiento y el servicio técnico u otros servicios relacionados con el automóvil.
Este modelo exigiría pensar de otra manera en los automóviles, redefinir términos como «viejo» y «usado», y educar a los consumidores, especialmente a los de generaciones mayores que no están familiarizados con los sistemas de uso compartido. No todos los automóviles sobrevivirán en el futuro, pero si somos mejores custodios de lo que tenemos ahora y aprendemos a apreciar los productos de una forma más subjetiva que el mercado, los automóviles pueden, sin duda, durar más.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Alexandre Rodrigues es candidato a doctor (PhD) en Nottingham Trent University.
Imagen: Vehículos detenidos en un semáforo en rojo en el centro de Shanghái. REUTERS/Carlos Barria

