Cómo los animales se vuelven invisibles al alimentarse

Cómo los animales se vuelven invisibles al alimentarse
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El reino animal está lleno de ejemplos increíbles de camuflaje. Por ejemplo, muchos animales se parecen visualmente a objetos de su entorno, como ramas o hojas, o tienen patrones de color que les permiten fundirse con su entorno de forma críptica para ocultarse de depredadores o presas.

Aunque el estudio del camuflaje animal tiene una larga historia en la ecología, casi todo lo que sabemos al respecto procede de estudios sobre mecanismos visuales, probablemente debido a nuestra propia dependencia de la vista. Sin embargo, a diferencia de nosotros, muchos animales interactúan con el mundo principalmente mediante sentidos distintos de la visión, como el olfato. Por ejemplo, el olfato de un perro es miles de veces más agudo que el nuestro. Como los depredadores suelen usar los olores para localizar a sus presas, incluso una presa camuflada visualmente puede destacar si aún huele intensamente a comida.

Pero la evolución tiende a producir contramedidas: un animal podría emplear algún mecanismo para enmascarar o reducir su olor, ya sea limitando el olor que produce o modificándolo para que coincida con los olores presentes en su hábitat. Una forma de que esto ocurra podría ser mediante la dieta: sustancias químicas que producen olor, procedentes del alimento, se transfieren al animal y hacen que sus olores coincidan; algo similar a lo que ocurre si se come mucho ajo.

Esto se ha demostrado en algunas orugas que viven en las plantas que también usan como alimento. Al digerirse, las sustancias químicas de las plantas se transfieren a las orugas, haciéndolas indistinguibles de la propia planta y provocando que las hormigas depredadoras pasen justo por encima de ellas sin advertirlas.

Aparte de este fascinante ejemplo, las pruebas de procesos similares en otros animales siguen siendo escasas, por lo que se desconoce cuán común es el «camuflaje químico».

Disfraces bajo el agua

Sin embargo, en nuestro nuevo estudio, publicado por la Royal Society, hemos descubierto que un pez pequeño y colorido, el pez lima arlequín, utiliza un mecanismo similar para imitar el coral y ocultarse de depredadores hambrientos. El pez lima arlequín, o pez lima de manchas naranjas, se encuentra en arrecifes de coral de los océanos Índico y Pacífico, incluso en Lizard Island , en el norte de la Gran Barrera de Coral, donde realizamos este trabajo.

Es muy selectivo con lo que come y elige mordisquear solo ciertos corales. También utiliza estos corales como hábitat durante la noche y se oculta entre sus ramas, lo que hace que sea muy difícil verlo. Para determinar si estos peces lima huelen como el coral que comen, reclutamos cangrejos que viven en el coral para comprobar si podían distinguir entre el olor de los peces lima y el de los corales. Estos diminutos cangrejos viven resguardados entre el coral, y cada tipo de coral tiene su propia especie de cangrejo.

En el estudio, los cangrejos distinguieron entre peces lima alimentados con distintos corales y prefirieron los que se habían alimentado del coral donde vivían los cangrejos. De hecho, los peces lima olían tanto a coral que, a veces, los cangrejos se sentían atraídos por los peces en vez de por el propio coral.

Oler a coral está muy bien, pero sirve de poco si uno acaba siendo devorado. Para comprobar si oler a coral reducía la capacidad de los depredadores para detectar peces lima en el hábitat circundante, realizamos un segundo experimento, esta vez con grandes depredadores, meros de manchas azules.

Se colocaron meros, peces lima y corales en un tanque, con los peces lima ocultos a los meros. Cuando la dieta de los peces lima coincidía con los corales del tanque, los meros permanecían resguardados en su cueva dentro del tanque. Sin embargo, cuando la dieta de los peces lima no coincidía con los corales del tanque, los meros estaban inquietos, lo que sugería que olían comida. Esto implica que igualar el olor de su hábitat podría ser una buena forma de evitar llamar la atención que no se desea.

Esta es la primera prueba de que un animal distinto de un insecto camufla su olor mediante sustancias químicas derivadas de su dieta. El siguiente paso será determinar exactamente cómo pueden los peces lima oler como el coral; queda mucho trabajo por hacer para comprender este conjunto de procesos biológicos.

Sabemos muy poco sobre el camuflaje químico en los animales, y el estudio muestra lo importante que es que los investigadores examinen el camuflaje desde la perspectiva de los animales involucrados, y no desde la nuestra. Los hallazgos también abren la posibilidad de que una amplia variedad de animales se camuflen de formas similares, justo debajo de nuestras narices.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Rohan Brooker es investigador posdoctoral de Biología en el Georgia Institute of Technology.

Imagen: Se ve una medusa del orden Rhizostomeae bajo el agua cerca del puerto ucraniano de Odesa, en el mar Negro, el 1 de septiembre de 2012. REUTERS/Gleb Garanich.

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