Las medusas están conquistando el mundo, y el cambio climático podría ser el culpable

Jellyfish: a mesmerizing menaceImage: Sharon Ang Pixabay CC0
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Durante 500 millones de años, las medusas han formado parte del ecosistema marino, pero ahora están a punto de conquistar la Tierra.

No tienen cerebro, ojos ni columna vertebral, ni siquiera sangre, pero poseen una extraordinaria capacidad para reproducirse y pueden dar una picadura impresionante, tanto literal como figuradamente.

Recientemente, enormes cantidades de medusas carabela portuguesa fueron arrastradas hasta la costa por vientos inusualmente fuertes y episodios de calor en Queensland, Australia. Picaron a miles de personas y obligaron a cerrar populares zonas de baño. La semana pasada se registraron unas 13.000 picaduras.

En junio del año pasado, en el transcurso de tan solo una semana, más de 1.000 personas fueron picadas en el condado de Volusia, Florida, tras un periodo de proliferación excepcional de medusas. El aumento explosivo de su número se ha atribuido al calentamiento de los mares e incluso al incremento de la contaminación; a diferencia de muchas otras criaturas marinas, las medusas pueden soportar niveles reducidos de oxígeno.

Pequeñas, pero mortales… al menos a veces

Por lo general, las medusas miden entre 1 cm y 40 cm. Pero pueden ser mucho más grandes: por ejemplo, la medusa melena de león puede alcanzar 1,8 metros de ancho, con tentáculos de más de 15 metros de largo.

Medusa melena de león: mejor no enredarse con ella Image: Tony Hisgett/CC2.0 vía Wikimedia Commons

En la mayoría de los casos, la picadura de una medusa resulta más desagradable que dañina. El dolor se debe al veneno que inoculan millones de diminutas púas en los tentáculos de estas criaturas. La mayoría de las picaduras solo tienen un efecto localizado en la víctima: enrojecimiento, hinchazón y molestias donde las púas entran en contacto con la piel.

Sin embargo, algunas provocan una reacción sistémica que afecta a todo el cuerpo. Los síntomas pueden tardar varias horas en aparecer e incluir dolor de cabeza, náuseas y somnolencia.

En raras ocasiones, la picadura puede ser mortal. Es el caso de la cubomedusa, que se está extendiendo a aguas que antes eran demasiado frías para que pudiera vivir en ellas; su veneno provoca una reacción grave que puede causar la muerte en cuestión de minutos.

Una fuerza destructiva

Pero estas crecientes poblaciones de medusas están causando mucho más daño que arruinar las excursiones a la playa. De hecho, el alcance de sus alteraciones se extiende mucho más allá de la costa.

En 2011, los dos reactores de la central nuclear de Torness en Escocia se apagaron después de que una invasión de medusas empezara a obstruir los filtros de refrigeración. Dos años más tarde, las medusas volvieron a atacar, esta vez en Suecia. Obligaron al cierre de la central nuclear de Oskarshamn que alberga el reactor de agua en ebullición más grande del mundo.

La isla de Luzón, donde se encuentra Manila, la capital de Filipinas, sufrió un apagón en 1999 debido a las medusas; en 2006, miles de estas pequeñas criaturas dejaron inmovilizado al USS Ronald Reagan, un portaaviones de propulsión nuclear. Aunque estos sucesos puedan parecer excepcionales, su escala y frecuencia van en aumento. Desde la extracción de diamantes del lecho marino en Namibia hasta la cría de salmones en Irlanda, pasando por la amenaza a la sostenibilidad de la producción de caviar de beluga en el mar Caspio, las medusas son tan destructivas como abundantes. Y esa abundancia se debe a diversos factores, muchos de ellos relacionados con la actividad humana.

A algunas les gusta el calor

Durante aproximadamente el último siglo, la temperatura media de la superficie de los mares del mundo ha aumentado unos 0,9 °C. A medida que los océanos se calientan, los animales marinos pueden extenderse a zonas que históricamente eran demasiado frías. En los últimos 50 años, los niveles de oxígeno en el mar han caído alrededor de un 2 % debido al aumento de las temperaturas y a la contaminación.

Las medusas pueden prosperar en zonas con menos oxígeno, donde otros animales sufren. Pero también intervienen otros factores. La pesca haagotado las reservas mundiales de algunos depredadores naturales de las medusas—como el atún y el pez espada— y de algunas especies con las que compiten por el alimento, como las anchoas. Con más alimento y menos depredadores, algunas poblaciones de medusas pueden crecer sin control.

La extraña y etérea ctenófora verrugosa, de nombre peculiar Image: Vidar A, Gozo/CC2.0

En el mar Negro, precisamente se produjo un crecimiento descontrolado de la población. La pesca de anchoas en la región ya había perjudicado el ecosistema del mar Negro cuando las medusas polizones llegaron desde la costa este de Estados Unidos. Probablemente transportada en el agua de lastre de los barcos que cruzaron el océano, la ctenófora verrugosa llegó en 1982. En 1990, había 900 millones de toneladas de ellas en el mar Negro.

Se calcula que existen unas 200 especies distintas de medusas; no todas pican y algunas se consideran comestibles. Esto podría ofrecer una solución posible y creativa para afrontar la sobreabundancia de medusas: incorporarlas a nuestros platos.

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