La tecnología puede ayudarnos a salvar nuestros océanos. He aquí tres razones

A couple walk their dog along the beach at Durdle Door with the English Channel sea connecting Britain to mainland Europe seen behind, in south west England, May 13, 2016.
The Fourth Industrial Revolution can transform our ability to understand what’s happening in the oceansImage: REUTERS/Toby Melville
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Estamos entrando en una era de profunda transformación en los océanos, impulsada por el cambio climático y agravada por muchas otras presiones, como la acidificación, la contaminación, la sobrepesca y la destrucción de los hábitats costeros. Quienes utilizan los recursos y las comunidades costeras ya sufren las fuertes fluctuaciones de los ecosistemas de los que dependen. Las poblaciones de peces importantes se desplazan hacia los polos. Además, la convergencia de múltiples presiones plantea el riesgo de «cambios de estado» catastróficos y de una transformación repentina e irreversible de los ecosistemas oceánicos: de una productividad y diversidad vibrantes a páramos estériles.

Las políticas, los regímenes de gestión y las prácticas actuales parten de la arraigada suposición de que los océanos son infinitamente resilientes y de una constante infravaloración de los servicios irreemplazables que brindan. Son profundamente inadecuados para esta nueva era. Son demasiado estáticos para gestionar recursos en constante cambio y se ven obstaculizados por disfunciones políticas, la escasez de información, la falta de alineación de los incentivos y una multitud de problemas prácticos.

La Cuarta Revolución Industrial puede transformar nuestra capacidad para comprender qué ocurre en los océanos y gestionarlo. La colaboración colectiva, los sensores oceánicos autónomos y los drones, la teledetección, el seguimiento de animales y embarcaciones, la obtención y el análisis de imágenes, la genómica y la genética, y la ciencia ciudadana están generando nuevos y potentes flujos de datos. La inteligencia artificial, la visión artificial y el aprendizaje automático ofrecen la posibilidad de transformar los flujos de datos en flujos de conocimiento que permitan esclarecer las fuentes, las interacciones y los efectos de los factores de estrés.

En conjunto, estas nuevas capacidades también abren posibilidades sin precedentes para comprender la compleja dinámica de los sistemas sometidos a múltiples factores de estrés, anticipar riesgos, identificar palancas clave para la resiliencia y adaptarse en tiempo real. Permitirán un cambio de paradigma en la gestión de los océanos: de estática a dinámica y de fragmentada a multisectorial. También ofrecen la posibilidad de trascender las políticas e influir directamente en el comportamiento de quienes utilizan los recursos, las comunidades, los compradores y los consumidores. Iniciativas comoGlobal Fishing Watch y Project Eyes on the Seas utilizan datos en tiempo real de los transpondedores de las embarcaciones e imágenes satelitales para detectar la pesca ilegal y facilitar la aplicación de la ley. Los drones oceánicos ofrecen datos más oportunos sobre las condiciones del océano y las poblaciones de peces a una fracción de los costes actuales. Las pruebas de ADN económicas permiten a los gestores detectar qué especies están presentes en sus ecosistemas. Tecnologías como la cadena de bloques, en la que se basa bitcoin, prometen permitir el seguimiento del pescado desde el barco hasta el supermercado.

Nuevos enfoques

Históricamente, los intentos de mejorar la gestión de los recursos oceánicos se han visto frustrados a menudo por intereses creados y por la profunda inercia institucional y política del sistema. Tres acontecimientos ofrecen la oportunidad de superar esa inercia.

El primero es la crisis. A medida que los ecosistemas colapsan o desaparecen las poblaciones de peces, ya vemos cómo algunos gestores de recursos y usuarios salen de su complacencia de golpe y buscan respuestas con urgencia. Sin duda, estas alteraciones son un indicador rezagado, pero, a medida que aumenten su frecuencia y gravedad, impulsarán la acción.

El segundo acontecimiento son las innovaciones en materia de gobernanza. Los nuevos enfoques para abordar los desafíos de los bienes comunes globales están dando muestras de gran potencial. La sociedad civil y las empresas líderes están descubriendo que pueden impulsar cambios reales mediante iniciativas voluntarias como la certificación de pesquerías sostenibles. También están surgiendo coaliciones más amplias. Por ejemplo, una iniciativa del Foro Económico Mundial reúne a ONG, los mayores minoristas del mundo, procesadores de atún y gobiernos en un compromiso conjunto para exigir la trazabilidad completa de las pesquerías de atún de aquí a 2020, lo que constituye la base para la gestión sostenible de ese sector. Estas innovaciones ofrecen vías para superar los estancamientos políticos e impulsar los cambios necesarios.

El tercer acontecimiento es el enorme potencial de nuevas soluciones que ofrece la propia revolución de los datos. Hemos visto, como ocurrió con la aparición de la certificación hace 20 años, que la creación de nuevas herramientas y soluciones puede impulsar la acción al hacer posible cambiar las prácticas. La revolución de los datos ofrece abundantes oportunidades para crear herramientas que impulsen la acción al revelar riesgos e identificar oportunidades, proporcionar información en tiempo real para respaldar la respuesta y crear nuevas capacidades para gestionar o utilizar los recursos de manera más sostenible.

No hay respuestas fáciles a los enormes desafíos que tenemos por delante. Pero está claro que las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial pueden ser un recurso inestimable mientras trabajamos para afrontar este desafío.

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