En medio de pronósticos cada vez más sombríos sobre la escasez mundial de agua, creo firmemente que hay motivos para el optimismo. Forjando alianzas y actuando en conjunto, los gobiernos, las empresas y la sociedad civil pueden lograr avances importantes para construir un mundo con agua suficiente para nuestros hijos.
1. No necesitamos un avance tecnológico revolucionario
Aún no hemos aprovechado ni una fracción del enorme potencial de las tecnologías probadas que hoy están disponibles en el mercado. En lugar de esperar una solución milagrosa —otro nuevo avance revolucionario—, la verdadera oportunidad consiste en ampliar drásticamente el uso de la amplia gama de métodos y tecnologías de ahorro de agua que ya han demostrado su eficacia. Hay tecnologías, como los sistemas de descarga cero de líquidos y las máquinas de absorción de vapor, que están disponibles para su aplicación comercial y aumentan considerablemente la eficiencia en el uso del agua. Por ejemplo, combinar biorreactores de membrana con sistemas de ósmosis inversa permite recuperar agua de los procesos de fabricación; en algunas regiones, el ahorro de agua puede compensar el costo de estos sistemas. Reutilizar el agua entre dos operaciones unitarias sin tratamiento adicional es otra opción.
Además, no podemos subestimar el poder sencillo de la educación y de centrarse en la mejora continua: cuando las personas comprenden la escasez de agua y están motivadas para actuar, tratarán el agua como el recurso escaso que es. Imaginemos involucrar a cada ciudadano en el seguimiento del consumo de agua y ayudarle a comprender la sostenibilidad hídrica, como se hace con las campañas de concienciación pública sobre el uso del cinturón de seguridad o la vacunación infantil. Esto podría generar un enorme ahorro de agua en los hogares, la agricultura y la industria.
Es evidente que cada avance tecnológico contribuirá a la causa, pero el mayor beneficio se obtendrá aplicando técnicas probadas a mayor escala, junto con educación focalizada, perseverancia, disciplina y rapidez.
2. Es posible reponer el agua, y funciona
Gran parte del debate se ha centrado, con razón, en la conservación del agua, pero no dejemos pasar la importante oportunidad de hablar sobre la reposición de las cuencas hidrográficas. Es posible —y no tan costoso—devolver agua a nuestro ecosistema mediante la construcción de pequeños diques de retención, estanques de recuperación, la captación de agua de lluvia, la reforestación, la recuperación de humedales y otros métodos innovadores que ya se utilizan eficazmente en algunas partes del mundo. Esto es un motivo importante para el optimismo, sobre todo en lugares donde la escasez de agua se ve agravada por las dificultades económicas y la inestabilidad geopolítica. Adoptar una perspectiva de cuenca hidrográfica tanto para las extracciones como para los aportes es un enfoque probado que permite a todas las partes interesadas analizar la gestión del agua de forma integral. Hemos colaborado con The Nature Conservancy, cuyos miembros han sido socios fundamentales para ayudar a diagnosticar la inseguridad hídrica y desarrollar medidas de intervención.
3. La agricultura y la industria pueden liderar la gestión responsable del agua
A todos nos motivan las recompensas o nos disuaden las sanciones, y la agricultura y la industria no son distintas. Una combinación adecuada de políticas claras y coherentes, incentivos y sanciones puede impulsar poderosamente nuestro camino hacia la seguridad hídrica. La agricultura utiliza la gran mayoría de los recursos mundiales de agua dulce, pero a menudo es el sector que consume este recurso escaso con menor eficiencia.
Por razones históricas y políticas, en la mayoría de los países el agua para la agricultura es gratuita, y muchos agricultores carecen de los medios o del incentivo para conservar algo que reciben gratis. Si los gobiernos fijaran un precio adecuado para el agua y subvencionaran de forma mucho más amplia tecnologías eficaces pero sencillas, como el riego por goteo, reduciríamos considerablemente el consumo de agua. Por ejemplo, el riego por goteo puede ahorrar hasta un 50% del agua y aumentar hasta un 30% el rendimiento de los agricultores: un resultado extraordinariamente positivo gracias a una tecnología bastante sencilla, adecuada para cultivos que van desde las patatas y las naranjas hasta el maíz. Dado que aproximadamente el 80% del agua consumida en Oriente Medio y el Norte de África se destina a la agricultura, si los agricultores de la zona implantaran el riego por goteo en el 10% de toda la región, ahorrarían cada año un volumen equivalente al consumo doméstico total de agua. Es una inversión que vale la pena, se mire como se mire.
También existen oportunidades para intervenir en el uso del agua en la industria, además de las tecnologías mencionadas antes. En el ámbito de la fabricación, ya se dispone de una plataforma para medir los insumos y los productos, por lo que medir el consumo de agua no es el problema. La verdadera oportunidad consiste en asignar el valor adecuado no solo al agua que entra en una planta, sino también a las aguas residuales que salen de ella. Cobrar a las empresas en función del volumen y el nivel de contaminantes de las aguas residuales que vierten incentivará a la industria a reducir el consumo y reciclar el agua, e impulsará el desarrollo de sistemas integrales de circuito cerrado que no solo reduzcan el consumo de agua, sino que también aumenten la eficiencia.

No es fácil ser optimista sobre el estado del recurso natural más vital del mundo, pero hay enormes oportunidades sin aprovechar a nuestro alcance. La clave está en las alianzas. Si trabajamos en colaboración entre gobiernos, industria y sociedad civil, tenemos una oportunidad real de lograr avances sustanciales hacia un mundo con seguridad hídrica: optimizando el suministro disponible, incentivando a todos los actores a gestionar el agua de forma responsable e invirtiendo en iniciativas de recuperación y reposición a escala de cuenca.





