Las olas de calor extremo están transformando el paisaje de los Alpes europeos, afectando a la seguridad de las rutas y los senderos para los alpinistas y obligando a cerrar antes de tiempo las estaciones de esquí.
El deshielo de los glaciares este verano ha sido el más grave del que se tiene constancia; algunos se han derretido entre uno y dos meses antes de lo normal.
La falta de lluvia y nieve también ha influido: un glaciar suizo registró en abril la menor cantidad de nieve de la que se tiene constancia.
En casos excepcionales, el rápido deshielo de los glaciares puede provocar avalanchas de hielo, rocas y escombros, como ocurrió con el derrumbe del glaciar de la Marmolada, en los Dolomitas italianos.
Pascal Egli ha corrido por senderos que serpentean por los Alpes durante casi dos décadas, pero hasta este verano, nunca había visto las montañas tan desnudas.
Las olas de calor extremo habían transformado el paisaje montañoso. Rutas que antes se consideraban fáciles ahora eran peligrosas. Los puentes de nieve sobre las grietas se derrumbaron, lo que dejó algunas zonas intransitables. Rocas se desprendieron inesperadamente de los glaciares y las laderas desprovistas de nieve, hiriendo e incluso matando a algunas personas a su paso.
«A mediados de junio, era realmente, realmente impactante», dijo Egli, quien obtuvo este verano su doctorado en glaciología por la Universidad de Lausana, en Suiza. «Hacía tanto calor y las cosas se derretían tan rápido que ya no se podían recorrer con seguridad algunas rutas a cumbres de 4.000 metros [13.000 pies], porque algunos puentes sobre grietas no parecían seguros».
A finales de junio, muchos alpinistas dejaron de salir a los glaciares, meses antes de lo normal. Aunque los glaciares europeos llevan décadas reduciéndose, los datos y los informes de campo muestran que el deshielo de este verano es el más grave del que se tiene constancia. Algunos glaciares se han derretido entre uno y dos meses antes de lo normal, lo que, según los investigadores, constituye el ejemplo más reciente y drástico de los efectos del cambio climático causado por el ser humano.
Y el impacto ya es generalizado: las estaciones de esquí de los Alpes cerraron antes de tiempo la temporada de esquí de verano debido a las condiciones inseguras. En contadas ocasiones, se cerraron rutas normales y más fáciles en montañas como el Mont Blanc y el Cervino.
«Diría que está fuera de escala en comparación con todo lo que hemos medido hasta ahora», dijo por correo electrónico Mylène Jacquemart, glacióloga de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. «Actualmente estamos viendo condiciones que, incluso en un año bastante malo, solo esperaríamos encontrar al final de la temporada. Cuando calculemos el balance de masa final a finales de septiembre, espero que sea, con mucha diferencia, el peor año del que se tiene constancia».
Andrea Fischer, científica especializada en glaciares de la Academia de Ciencias de Austria, coincidió en que esta temporada de deshielo es excepcional. «Esta temporada de deshielo no se parece a las demás, pues nuestros registros, que empezaron en 1948, no contienen indicios de un deshielo tan extremo». Los datos compartidos con Reuters indican que la pérdida de masa en los Alpes es la mayor en almenos 60 años.
Los Alpes, al igual que otros glaciares europeos, desempeñan un papel importante en la región. La nieve acumulada en las montañas abastece de agua a los principales ríos, que proporcionan hasta un 90 % del agua a las zonas bajas de Europa para el consumo, el riego y la energía hidroeléctrica. Además, los Alpes atraen a más de 120 millones de personas, como Egli, que practican deportes de aventura y visitan las estaciones de esquí. El retroceso de estos glaciares alpinos puede perjudicar a la economía, y la pérdida de cobertura de nieve puede agravar el calentamiento global y acelerar el aumento del nivel del mar.
Los escombros del invierno traen problemas en verano
Las intensas olas de calor del verano desencadenaron el deshielo, pero los procesos que iniciaron este rápido retroceso comenzaron meses atrás.
La capa de nieve del invierno fue menor de lo normal —solo la mitad de la cantidad habitual al final de la temporada, dijo Jacquemart—, lo que limitó el crecimiento del glaciar. Por ejemplo, el glaciar suizo de Gries registró en abril la menor cantidad de nieve de la que se tiene constancia, alrededor de un 53 % por debajo de la media.
Al final del invierno y a comienzos de la primavera, grandes nubes de polvo del Sáhara cubrieron la superficie de la nieve y oscurecieron los glaciares. La superficie más oscura absorbió más luz solar en vez de reflejarla de vuelta al espacio, lo que contribuyó a calentar la poca nieve que había caído.
La primavera también fue anormalmente cálida y seca en gran parte de Europa occidental, y cayó poca nieve a gran altitud sobre el glaciar.
Después, el calor del verano llegó con toda su fuerza desde comienzos de la estación. El suroeste de Europa registró en mayo su temperatura máxima media más alta en 55 años de registros. Luego, Europa vivió su segundo junio más cálido del que se tiene constancia.
«La combinación de calor y falta de precipitaciones ha puesto a los glaciares en una situación sin precedentes», dijo Jacquemart, quien también trabaja en el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisaje. Es alarmante porque no se trata de un solo glaciar que experimente un deshielo intenso, sino de «que la situación es muy grave en todas partes de los Alpes europeos», dijo.
Los datos satelitales mostraron que varios glaciares se redujeron tras una ola de calor a mediados de junio, que elevó las temperaturas hasta 10 grados Celsius (18 Fahrenheit) por encima de la media en algunas regiones. Tras aproximadamente una semana de temperaturas inusualmente altas, el glaciar de Sabbione, que alimenta un embalse hidroeléctrico, perdió alrededor del 35 % de su cobertura de nieve, según el glaciólogo Mauri Pelto.
Perder la cobertura de nieve al principio de la temporada de deshielo es problemático porque el hielo glaciar desnudo se derrite un 50 % más rápido que si estuviera cubierto de nieve. A medida que continuaron las olas de calor, el deshielo se aceleró en julio.
«En julio, el deshielo del glaciar superó el máximo registrado para una temporada completa», dijo Fischer.
Los datos satelitales muestran un deshielo considerable del glaciar del Ródano, que alimenta el río Ródano, entre junio y julio. El 15 de julio, la línea de nieve del glaciar se encontraba a 2.950 metros (9.700 pies) —unos 150 metros (500 pies) más arriba de lo habitual para esta época del año.
Años de cambios en curso
Egli recuerda que, cuando tenía 12 años, corría con su padre por una cresta cubierta de nieve en los Alpes de Suiza central. Fue una de sus primeras aventuras de alpinismo, antes de competir profesionalmente. Desde la cumbre podía ver Zúrich a lo lejos. Incluso en verano, la nieve cubría la ladera de la cumbre orientada hacia la ciudad.
Dos décadas después, volvió y encontró que la zona estaba cubierta principalmente de rocas y escombros, y que la nieve había desaparecido tanto de la cresta como de la cara de la cumbre. Un glaciar que descendía desde la cumbre era ahora hielo desnudo, porque las temperaturas se habían vuelto demasiado altas para que se conservara la nieve acumulada. El hielo y el firn, o nieve densa que queda de temporadas anteriores, también habían desaparecido de la cresta.
En respuesta, las prácticas de alpinismo ya han cambiado en las últimas décadas, dijo. Algunas rutas ahora solo son seguras en abril o mayo, antes de que el sendero se vuelva demasiado peligroso.
Egli dijo que empezó a darse cuenta de que «algunos de los glaciares por los que solíamos correr simplemente dejarán de existir».
Fischer dijo que estos cambios coinciden con transformaciones climáticas a largo plazo. Desde la década de 1980, la temperatura en los Alpes ha aumentado entre 0,2 y 0,5 grados Celsius por década (0,36 a 0,9 Fahrenheit), lo que afecta considerablemente a las nevadas y al deshielo durante la primavera y el verano.
«En las últimas 2 décadas, la falta de nieve en verano se ha vuelto normal y la temporada de deshielo se ha ido alargando cada vez más», dijo Fischer por correo electrónico.
Según el Centro de Investigación de Ecosistemas Alpinos, la duración de la cobertura de nieve cerca del fondo de los valles de los Alpes del Norte se ha reducido cinco semanas desde la década de 1970. Para 2050, la cobertura de nieve podría reducirse otras cuatro o cinco semanas.
Además, el número de días calurosos podría aumentar entre 15 y 30 en el fondo de los valles y en las montañas de altitud media. Actualmente, estas zonas solo registran entre dos y cinco días con temperaturas de ese tipo.
«Se prevé que el norte de Europa, una región del planeta, se caliente aún más que el resto del mundo», dijo W. Tad Pfeffer, profesor de la Universidad de Colorado en Boulder. «Los Alpes se han visto muy afectados. Los glaciares de Alaska se están reduciendo, pero no como los de los Alpes».
En casos excepcionales, el rápido deshielo puede provocar sucesos extraordinarios, como el derrumbe del glaciar de la Marmolada, en los Dolomitas italianos. Durante una ola de calor en julio, un fragmento del glaciar se desprendió de la montaña y provocó una avalancha de hielo, rocas y escombros montaña abajo, que mató a 11 excursionistas.
«Todos los glaciares de los Alpes sufren por el calor y los procesos de deshielo se aceleran. En los Dolomitas, los glaciares suelen ser más pequeños y, por tanto, más sensibles al cambio climático», dijo Mauro Valt, glaciólogo del Centro de Avalanchas de Arabba.
Fuera de los Alpes, otros glaciares de montaña también han registrado un deshielo récord. En Svalbard, Noruega, el deshielo glaciar alcanzó su máximo registrado durante los dos primeros meses del verano.
«No estaríamos viendo esto si no fuera por la influencia [humana] en el clima», dijo Pfeffer. «Fenómenos que antes ocurrían quizá una vez en la vida empezaron a convertirse en algo rutinario. … Estamos viendo el futuro».









